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Militares estadounidenses en Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial

Militares estadounidenses en Groenlandia durante la Segunda Guerra Mundial

De Seward a Trump: los cinco intentos de Estados Unidos por comprar Groenlandia

El interés (u obsesión) de Estados Unidos por adquirir Groenlandia ya tiene sus antecedentes en el siglo XIX y XX

Groenlandia ha estado en el punto de mira de Donald Trump desde su primer mandato como presidente de los Estados Unidos. Pero, después de las acciones militares de Estados Unidos en Venezuela, el presidente ha renovado su plan para encontrar la vía de adquirir el territorio, aunque la acción militar «siempre es una opción», según aseguró la Casa Blanca.

«El presidente Trump ha sido muy claro en que la adquisición de Groenlandia es una propiedad de seguridad nacional de Estados Unidos, y es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica», dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en un comunicado.

Sin embargo, el interés de Estados Unidos por la isla más grande del mundo no es solo cosa de Trump, sino que ya hubo propuestas similares a lo largo de los siglos XIX y XX.

Groenlandia ha sido habitada, de forma discontinua desde mediados del III milenio a. C., por pueblos del Ártico norteamericano, antecesores de los actuales inuit. En el año 986 su costa meridional fue colonizada por poblaciones de origen nórdico procedentes de Islandia, hasta que en 1261 sus habitantes aceptaron la soberanía de Noruega, reino que, un siglo y cuarto más tarde, se uniría al de Dinamarca.

'Noche de verano frente a la costa de Groenlandia', alrededor del año 1000 (Carl Rasmussen, 1875)

'Noche de verano frente a la costa de Groenlandia', alrededor del año 1000 (Carl Rasmussen, 1875)

Estas colonias, que dependían mucho de sus reinos para abastecerse, abandonaron la isla a principios del siglo XV, tras el periodo conocido como Pequeña Edad del Hielo, que endureció aún más las condiciones de vida. Así, mientras que la corona noruega se alejaba de esta tierra, la danesa reforzaba su vínculo con ella con gestos como la incorporación de un oso polar –en representación de Groenlandia– en el escudo danés o la fundación de un asentamiento al que pusieron el nombre de Godthåb («Buena Esperanza»). Posteriormente, aquel territorio fue designado capital y rebautizado como Nuuk.

Aun así, la isla continuó prácticamente despoblada y la situación no cambió hasta que en el siglo XVIII se afianzó el contacto con la isla, pasando a depender de Dinamarca en 1814, tras la disolución del Reino de Dinamarca y Noruega; y, desde la Constitución de Dinamarca de 1953, Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca con una relación conocida como Rigsfællesskabet («Mancomunidad de la Corona»). Con el paso del tiempo, esta isla se ha convertido en un territorio de interés para las grandes potencias debido a su ubicación estratégica, así como a sus abundantes fuentes de recursos.

Sin embargo, el interés de Estados Unidos por adquirir Groenlandia tiene antecedentes anteriores a los intentos de Trump. Cuando Norteamérica todavía era una nación incipiente en proceso de expansión, mostró su pretensión de adquirir la isla. La primera iniciativa se produjo en 1867, cuando el secretario de Estado William H. Seward planteó la anexión de esta isla y de Islandia al territorio norteamericano.

El secretario de Estado de los Estados Unidos, William H. Seward (en la foto, sentado en el centro), encargó en 1868 un informe sobre la viabilidad de la adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos

El secretario de Estado de los Estados Unidos, William H. Seward (en la foto, sentado en el centro), encargó en 1868 un informe sobre la viabilidad de la adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos

Pero no se llegó a concretar ninguna oferta a los daneses. Quizá porque, en aquel entonces, Seward también tenía entre manos la compra de Alaska al Imperio ruso, que finalmente se realizó por 7,2 millones de dólares. De esta primera propuesta queda el documento titulado Informe sobre los recursos de Islandia y Groenlandia «para su uso cuando el Gobierno considere la cuestión en el futuro», consideró el secretario de Estado. En dicho informe, Seward expresaba su opinión y daba razones por las que Estados Unidos debía comprar Groenlandia: «Las razones son políticas y comerciales».

«La nación con tan vastas pesquerías no solo debe tener la mayor marina comercial, sino también el mejor y mayor número de marineros y, en consecuencia, debe estar capacitada para poner en funcionamiento rápidamente, cuando lo requiera cualquier emergencia, la mayor y más eficaz armada», argumentaba el secretario de Estado.

Con el cambio de siglo llegaría la segunda tentativa, concretamente en 1910, aprovechando un conflicto entre Dinamarca y Noruega, que quiso recuperar sus antiguos derechos sobre Groenlandia. En este contexto, el embajador estadounidense en Dinamarca, Maurice Francis Egan, hizo una propuesta, pero esta vez no de compra, sino de permuta: Groenlandia a cambio de las Antillas Holandesas y la isla filipina de Mindanao.

En la imagen, la evacuación danesa de Santa Cruz, después de la adquisición de las Indias Occidentales Danesas por parte de Estados Unidos en 1917

En la imagen, la evacuación danesa de Santa Cruz, después de la adquisición de las Indias Occidentales Danesas por parte de Estados Unidos en 1917Dominio Público

La entrega de la isla filipina se planteó con vistas a que los daneses hicieran lo mismo con los alemanes, quienes estaban interesados en colonias en Asia que sirvieran de base para su Marina imperial, a cambio de la zona sur de Jutlandia, que habían perdido a manos de los teutones en la Segunda Guerra de Schleswig. Al final, no se llegó a ningún acuerdo.

Las tensiones entre Dinamarca y Noruega continuaron años después. En 1931, un ballenero noruego fondeó en la deshabitada costa oriental de Groenlandia y estableció una factoría. Aunque en un principio fue una iniciativa privada, el Gobierno noruego respaldó la acción. Dinamarca llevó el caso ante la Corte Internacional de Justicia que, tras dos años de litigio, falló a favor de la soberanía danesa. A raíz de esta sentencia, Noruega abandonó definitivamente sus reclamaciones sobre la isla.

Con la Segunda Guerra Mundial, Dinamarca fue invadida por la Alemania nazi y se temió que Groenlandia, cercana a Estados Unidos, se convirtiera en una peligrosa base para las fuerzas armadas de Hitler. En este sentido, en 1941 el embajador danés en Washington firmó un tratado con Roosevelt que le autorizaba a instalar bases en la isla. Con ello se creó la base de Thule.

Aviones de combate de EEUU en la Base Aéra de Thule, en 1955

Aviones de combate de EEUU en la Base Aéra de Thule, en 1955Dominio Público

La base estadounidense en Groenlandia sería una pieza clave para el último intento estadounidense de hacerse con el control de la isla más grande del mundo. En 1946, el secretario de Estado James Byrnes hizo llegar una propuesta de compra al Gobierno danés por cien millones de dólares en lingotes de oro. Como ya había estimado Seward casi 80 años antes, Byrnes argumentó que la isla carecía de valor para Dinamarca, mientras que para Norteamérica tenía un valor enorme desde el punto de vista estratégico: desde la base de Thule se podía controlar el Círculo Polar Ártico y poner límites a la presencia soviética ante la incipiente Guerra Fría.

Washington puso sobre la mesa dos opciones: un arrendamiento por 99 años a cambio de que Estados Unidos asumiera la defensa total de la isla o, directamente, la citada adquisición. Finalmente, el Gobierno danés rechazó este nuevo intento: Groenlandia era danesa y no se vendería.

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