Rehenes de la embajada de EEUU en Teherán
La operación Eagle Claw: el fallido intento de EE.UU. de rescatar a los rehenes en el Irán de Jomeini
La Revolución Islámica asaltó la Embajada de Estados Unidos en Teherán y tomó como rehenes a 66 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses, 13 de los cuales serían liberados poco después
En enero de 1979 cayó en Irán el régimen prooccidental del sah Mohammad Reza Pahlavi, quien abandonó su país en dirección a Egipto. Pocas semanas después, el ayatolá Ruhollah Jomeini regresó del exilio y consolidó un Gobierno islámico revolucionario que intensificó el sentimiento antiestadounidense. En ese contexto, el 4 de noviembre de 1979 un grupo de estudiantes universitarios fervientes partidarios de la Revolución Islámica, asaltó la Embajada de Estados Unidos en Teherán y tomó como rehenes a 66 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses, 13 de los cuales serían liberados poco después. Esto desencadenó la conocida como 'Crisis de los rehenes', que se prolongaría más de un año.
Mientras el presidente Jimmy Carter calificaba la toma de rehenes como un acto de chantaje, muchos en Irán la interpretaban como una acción legítima contra la influencia estadounidense y su histórico apoyo al sah ya depuesto.
Un plan de rescate de extrema complejidad
La CIA y el entonces Departamento de Defensa –hoy Departamento de Guerra– comenzaron a diseñar en paralelo un plan de rescate de gran complejidad que integraba a unidades de operaciones especiales –Delta Force y Rangers– junto con equipos de la propia agencia y medios aéreos compuestos por aviones de transporte C‑130 Hercules y helicópteros RH-53D Sea Stallion. El concepto operativo contemplaba dos fases. Primero se establecería de noche un punto de reabastecimiento oculto en pleno desierto. Seguidamente, tras permanecer ocultas durante el día, las unidades de operaciones especiales avanzarían hacia Teherán y asaltarían la embajada para, finalmente, evacuar a los rehenes en helicóptero.
Los tripulantes a bordo del portaaviones de propulsión nuclear USS NIMITZ (CVN-68) preparan dos helicópteros RH-53 Sea Stallion para participar en la misión de rescate en Irán.
Autorizada por el presidente Jimmy Carter el 16 de abril de 1980, la operación –bautizada Eagle Claw (Garra de Águila)– estaba diseñada para ejecutarse en dos noches consecutivas. En la primera, los aviones de transporte de la Fuerza Aérea despegarían de la isla omaní de Masirah rumbo a un punto cuyo nombre en clave era Desert One. Se trataba de un llano salino situado a más de 300 kilómetros al sureste de Teherán, donde establecerían un punto logístico y se encontrarían con ocho helicópteros RH-53D procedentes del portaaviones USS Nimitz.
Antes del amanecer, estos helicópteros trasladarían a los miembros de la Delta Force y a los Rangers del Ejército hasta un segundo punto de ocultación, Desert Two, cercano a la capital. En la segunda noche, una columna de vehículos preparada por la CIA se adentraría en Teherán para asaltar la embajada, evacuar a los rehenes hasta el estadio de fútbol próximo y extraerlos por vía aérea hacia una base previamente asegurada por los Rangers.
Averías, imprevistos y una retirada que terminó en tragedia
La operación empezó a complicarse en cuanto las fuerzas estadounidenses llegaron al desierto. Los aviones de transporte lograron tomar tierra en la zona designada gracias a un improvisado sistema de visión infrarroja, pero la situación se torció con la llegada de los helicópteros. De los ocho que habían despegado del portaaviones USS Nimitz, solo cinco alcanzaron el punto de reunión en condiciones operativas aceptables tras atravesar una violenta tormenta de arena que cegó instrumentos, redujo la visibilidad y dejó fuera de servicio a varias aeronaves.
Vista general de los restos del accidente en el campo de aterrizaje Desert One, en Irán
Uno de los helicópteros tuvo que regresar al buque, otro quedó averiado y un tercero llegó a Desert One con fallos hidráulicos. Al no alcanzarse el número mínimo operativo de aeronaves fijado por los planificadores —eran necesarias seis para helitransportar a todos los rehenes—, los mandos recomendaron cancelar la misión.
En este punto, la situación se complicó aún más a consecuencia de dos sucesos totalmente imprevistos. Un camión cisterna dedicado al contrabando fue interceptado y destruido por el grupo encargado de asegurar, controlar y proteger los accesos al área operativa. El incendio que se produjo tras la explosión iluminó el desierto y delató la presencia estadounidense a kilómetros de distancia. Casi al mismo tiempo apareció un autobús civil que fue detenido y sus pasajeros retenidos, comprometiendo la seguridad del perímetro. Con la operación ya totalmente fuera de control y sin posibilidad de reconducirla, se ordenó la cancelar definitivamente la misión.
Pero lo peor aún estaba por llegar. Durante las maniobras de retirada, un helicóptero que se desplazaba a baja altura impactó con un avión de transporte cargado de combustible. La explosión resultante destruyó ambas aeronaves y causó la muerte de ocho militares estadounidenses —tres marines del RH-53D y cinco tripulantes de un C-130— además de dejar varios heridos. La fuerza restante evacuó el área con urgencia, abandonando en el desierto varios helicópteros intactos que acabarían capturados por los iraníes.
Restos de uno de los helicópteros Bluebeard destruidos con un RH-53D abandonado detrás
Impacto político y reorganización militar
El impacto político no se hizo esperar. Al amanecer, Washington anunció públicamente el fracaso de la operación, una realidad imposible de encubrir. En respuesta, las autoridades iraníes dispersaron a los rehenes por distintos puntos del país para dificultar cualquier nuevo intento de rescate.
En Estados Unidos, la tragedia minó aún más la presidencia de Jimmy Carter y reforzó la percepción de unas fuerzas armadas debilitadas tras la guerra de Vietnam. De hecho, el estrepitoso fracaso de la operación Eagle Claw precipitó la reforma de las fuerzas especiales estadounidenses; en 1987 se creó el Mando de Operaciones Especiales y, tres años después, se estableció el Mando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea.
Los rehenes no serían liberados hasta el 20 de enero de 1981, coincidiendo con la toma de posesión de Ronald Reagan, tras 444 días de cautiverio.