Eduardo Garrigues durante su entrevista con El Debate
Entrevista a Eduardo Garrigues, embajador de España
«Los valores de la Escuela de Salamanca influyeron en la Declaración de Independencia de Estados Unidos»
El 21 y 22 de enero se organizan en Casa de América las jornadas El Legado de España en Norteamérica
España fue esencial en el proceso de independencia de Estados Unidos, del que se cumple el 250 aniversario este año. Más allá del apoyo militar, económico y político, existe una vinculación entre los valores constituidos por los intelectuales de la Escuela de Salamanca, de la que se cumplen 500 años, y los ideales con los que dieron forma los padres fundadores a lo que se conocería como Estados Unidos de América. Este paralelismo es el tema de principal de las jornadas El Legado de España en Norteamérica, iniciativa de Capítulo de Toledo, en la que colaboran Casa de América, Fundación Consejo España y EEUU e Iberdrola; con la participación de Unidos por la Historia.
Para conocer en qué consistirá estas jornadas, el legado español en Norteamérica y recordar el papel de España en la independencia, hablamos con Eduardo Garrigues, embajador de España en destinos como Noruega, Islandia o Namibia, y cónsul general en Los Ángeles o Puerto Rico. Gran conocedor del legado hispano en Estados Unidos, fue director de Casa de América y es presidente de Capítulo de Toledo.
Eduardo Garrigues durante su entrevista con El Debate
–¿Qué tiene que ver la Escuela de Salamanca y la independencia de Estados Unidos?
–Este año coincide el 500 aniversario de la Escuela de Salamanca y el 250 de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Lo que quiero intentar con estas jornadas es ampliar el concepto de lo que fue la ayuda de España a los Estados Unidos, porque fue importantísima, pero puntual. Lo que se ha podido investigar es que, de forma indirecta, y trasladándose mucho en el tiempo, los valores de la Escuela de Salamanca influyeron en lo que luego sería tanto la Declaración de Independencia como la Constitución de Estados Unidos.
La ayuda de España a los Estados Unidos fue importantísima, pero puntual
–Si tuviera que elegir un valor procedente de la Escuela de Salamanca y que luego adquirieron los colonos americanos ¿Cuál sería?
–El respeto al individuo y el hecho de que el poder de los gobernantes venía del pueblo y, por lo tanto, tenían derecho a rebelarse cuando existía un gobernante tiránico. Esos son dos conceptos esenciales que ya se enuncian en Salamanca y después aparecen en la Declaración de Independencia.
–A parte de Gálvez ¿Qué personajes históricos de los que ayudaron a esa independencia destacaría usted?
–Yo diría el Conde de Aranda, que era nuestro embajador en París. Precisamente yo conozco al Duque de Híjar, que hoy en día lleva el título de Conde de Aranda, Alfonso Martín de Andiruco, que participa en las jornadas. Me parece interesante que una persona que representa ese título nobiliario esté presente en estas conversaciones. Inmediatamente después de la Declaración de Independencia, el Congreso de los Estados Unidos mandó una delegación a París para que intentase conseguir la ayuda de Francia y de España. El interlocutor fue el Conde de Aranda que tuvo la suficiente visión para pensar que era una ocasión irrepetible de poder infringir una derrota al enemigo ancestral, que era Inglaterra. Ayudó, a pesar de esas reservas que podía tener, a que el gobierno de Carlos III apoyase de forma inmediata y abierta a los rebeldes.
–Usted es embajador, ¿Qué diplomáticos españoles participaron en esa independencia americana?
–Hay figuras muy importantes, no suficientemente conocidas. Una de ellas era Don Francisco Saavedra, que había conocido a Bernardo Gálvez en la escuela militar de Ávila, fue nombrado comisario real y frente a ciertas dificultades que tuvo Bernardo Gálvez para conseguir el apoyo financiero y también en barcos para poder hacer la toma de Pensacola, Don Francisco Saavedra ayudó a esa relación con el entonces gobernador en Cuba. Luego él fue quien reunió los fondos para pagar a la flota del almirante Paul de Grasse, que impidió que la flota británica ayudase en la toma de Yorktown. Otro personaje, tampoco demasiado conocido, era Diego María Gardoqui, que fue nuestro primer embajador ante el Congreso, y esencial en las negociaciones del Tratado de 1783.
–¿Perdura el legado de la presencia española en Norteamérica?
–Yo creo que, para ser totalmente francos, se ha perdido bastante. Una vez en una manifestación ante la Casa Blanca escuché que decían en inglés: «We were there before, Nosotros estuvimos aquí antes». Entonces, yo creo que el hispano de Estados Unidos tendría que hacer un esfuerzo por retraerse un poco a la historia y comprender que fueron también sus ancestros los que colaboraron en la independencia. No hay que olvidar que Bernardo Gávez tenía un ejército. Ese ejército era mínimamente español peninsular, había partos, mestizos, mulatos, ciudadanos de Nuevo México, de Cuba, etc.
–Usted es amigo de la familia Kennedy, que impulsó mucho ese legado hispano durante su presidencia, no como en la actual administración de Trump, ¿Qué diferencias ve entre ambos periodos?
–En efecto, ha habido una relación de mi familia tan directa como que mi tío Antonio, hermano de mi padre, Antonio Garrigues, fue embajador de España en Washington y en esa época le nombraron porque tenía una relación directa con los Kennedy. Después de la muerte de Kennedy mi tío me presentó a Jackie Kennedy, que incluso me ayudó a publicar una novela en los Estados Unidos. Pero ese era un momento en que, precisamente, el propio presidente hacía declaraciones sobre el legado de España en los Estados Unidos.
Hoy en día, qué duda cabe, que se ve la historia de una forma mucho más estrecha. Yo he tenido amigos, como el historiador Tomás Chávez, que publicó un libro esencial sobre la historia de España en aquella época en los Estados Unidos, que tuvo muchos problemas en publicarlo porque las universidades prestigiosas de la costa este querían difundir su propia historia desde su punto de vista, e ignorar un poco lo que podían haber hecho otros países. De hecho, hay un libro importante sobre la guerra, que se titula 1776, de David McCullough, que está considerado como la biblia de la historia de aquella guerra que llevó a la independencia, en el que la palabra España aparece solo una vez en la página 52. Esto demuestra que tuvo, quizá, una cierta tendencia a borrar lo que fue la contribución de España a los Estados Unidos.
–La doctrina Monroe de 1823 vuelve a estar de moda ¿cómo afectó a los territorios de ultramar de España?
–Es interesante estudiar no solo la parte histórica sino también la literatura. El tema del destino manifiesto no solo existía entre los miembros del gobierno, sino que también en literatura había una tendencia de intentar incitar al gobierno a que ya una vez que había tomado posesión de todo el oeste con la guerra y conquista de México, que se extendiera al Pacífico. Eso ocurrió en una expedición muy conocida, en la que unos norteamericanos recorrieron todo el Pacífico y todas las islas que habían sido descubiertas y colonizadas por España y borraron completamente ese legado.
–¿Cómo valoraban los colonos norteamericanos a sus homólogos españoles durante la independencia?
–La valoración era negativa. Ellos habían luchado contra Inglaterra, pero en el fondo habían sido influenciados por lo que nosotros llamamos la leyenda negra, que no es un término que me guste, yo prefiero hablar de propaganda antiespañola. Lo que ocurre en este momento es que los propios líderes de la rebelión no tienen un alto concepto de España porque están influenciados por el mal concepto que han inculcado los ingleses. Eso se ve muy bien, por ejemplo, en los intentos de negociación de Gardoqui, que he mencionado antes. El embajador español notó que la opinión pública no era favorable a España, e incluso recibió fondos especiales para intentar suavizar y conseguir mejorarla.
–Estados Unidos surgió como lucha contra el imperialismo británico, pero cuando se desarrolló como nación, se construyó la idea de esa excepcionalidad americana ¿Cómo valora usted ese aspecto?
–Estados Unidos se consideraba que era una nación excepcional y que su misión era propagar las ideas de libertad y democracia por todo el mundo, empezando por los países de América hispana. Hay varias declaraciones que no son solo de los políticos, Herman Melville tiene escritos en los que considera que existen naciones paganas, no en el sentido religioso, sino en el sentido político, y que éstas se verán beneficiadas al estar influidas y dominadas por los Estados Unidos.
Se trata de un destino manifiesto para influir y dominar en todas esas naciones, porque ellos se consideran que son el pueblo elegido. Están convencidos y quieren llevarlo a cabo. Es curioso que también esa expansión de los valores les da la coartada para invadir los territorios que habían sido de los indígenas y luego de los españoles. Pero como se supone que lo que estaban haciendo es intentar difundir un mundo mejor, pues se sienten absolutamente absueltos en el pecado de invadir esos territorios.
–¿Trump ha recuperado esa idea de superioridad americana?
–Los intentos que indudablemente está patrocinando el presidente Trump demuestran que considera que su país está por encima de muchos otros y que tiene la obligación de ser un poco el gendarme del mundo. No estoy seguro de que haya leído con atención el texto de la declaración de la Constitución, pero actúa con las mismas ideas.
–Usted va a publicar una novela centrada en ese papel que jugó España en EEUU ¿Cuál es la trama?
–La novela, El Misisipi en llamas, empieza después de la muerte de Gálvez, y trata de cómo su viuda, Felicitas de Saint-Maxent y La Roche, va a recorrer los mismos territorios que había visitado con su marido años atrás. Lo que yo pretendo contar a través de la vida de esta mujer es el contexto histórico, en el que España y Estados Unidos habían pasado de ser aliados a ser enemigos, porque ahora compartían frontera. Todo ese contexto se va contado a la vez que la difícil vida de Felicitas, que fue desterrada de España por sus orígenes franceses y en Francia los líderes del Terror la acusarán de ser agente española y la enviaron de vuelta a Nueva Orleans como agente revolucionaria.
Portada de 'El Misisipi en llamas'
–¿Cómo definiría usted la Hispanidad en Estados Unidos?
–Yo he tenido la suerte de ser cónsul general en Puerto Rico, y allí me sentía como si estuviera en casa. También conocí la zona de California, Nuevo México y Arizona. Allí es indiscutible que existe un legado que llevamos los españoles y que, por ahora, persiste. ¿Hasta que punto las nuevas generaciones de hispanos van a saber inspirarse en esos principios? No lo sé, porque las nuevas generaciones que vienen de México o Guatemala lo que pretenden es asimilarse lo antes posible con la cultura anglosajona. Yo creo que les convendría conocer ese legado.