Hasta la década de los 90, las mujeres del cantón de Appenzell no pudieron votar
El enigma suizo: por qué algunas de sus mujeres no pudieron votar hasta 1991
En 1990, una votación de apenas 28 segundos volvió a cerrar la puerta al voto femenino en Appenzell. Solo un año después, el Tribunal Supremo obligó al cantón a reconocerlo
Las mujeres suizas alcanzaron el derecho al voto a nivel federal en febrero de 1971. Sin embargo, en virtud del artículo 74.4 de la Constitución de la Confederación Helvética, algunos cantones habían dejado la introducción del derecho al voto y a la elegibilidad de las mujeres a nivel municipal a discreción de los propios municipios, lo que en términos jurídicos se llamaba la institución opcional del sufragio femenino a nivel municipal.
Esta práctica federalista resultó en que algunos municipios de los cantones de Obwalden, Soleura y Grisones negaran los derechos democráticos de las mujeres hasta la década de 1980, además del cantón de Appenzell Rodas Interiores con su Landsgemeinde.
Esta última es la asamblea cantonal, que funciona mediante democracia directa en Suiza, donde los ciudadanos con derecho a voto se reúnen anualmente al aire libre para decidir leyes, impuestos y elegir a las autoridades a mano alzada. Actualmente, esta tradición centenaria persiste únicamente en los cantones de Glaris y Appenzell Rodas Interiores.
Además, esa amplia autonomía otorgada a los cantones y municipios también permitió a las mujeres obtener derechos políticos parciales mínimos. Inicialmente, afirmaron su compromiso político en áreas donde la colaboración femenina era tradicionalmente habitual: asuntos eclesiásticos, educativos y sociales. En diversos lugares, las mujeres lucharon por el derecho a ser elegidas para los comités de asistencia social y escolares (sufragio pasivo), así como para los comités eclesiásticos, para poder votar (sufragio activo) y ser elegidas (sufragio pasivo).
También lucharon, en beneficio de las mujeres trabajadoras, por obtener el derecho de las mujeres a presentarse como candidatas a los tribunales laborales (órganos de conciliación en conflictos laborales entre empleadores y empleados).
Pero, en general, sus éxitos fueron limitados. La mayoría de las revisiones legislativas centradas en la propuesta de un derecho (limitado) a la participación de las mujeres fracasaron en la votación popular. La implementación de los derechos formales adquiridos también resultó muy difícil, ya que los hombres apenas estaban dispuestos a ceder sus cargos oficiales a las mujeres. Desde la década de 1920, el movimiento sufragista ya venía debatiendo medidas para promover a las mujeres, como listas o cuotas femeninas, para abordar la grave infrarrepresentación femenina en los cargos públicos.
La primera votación abierta a las mujeres en el cantón de Zúrich tuvo lugar en 1964
La esperanza de las mujeres de que su participación en los niveles más bajos de la política se viera recompensada posteriormente con una participación política parcial a nivel municipal, cantonal y, en última instancia, federal, no se cumplió. Hasta la década de 1950, los votantes masculinos les negaron cualquier acceso a la participación política. Fue el cantón de Basilea-Ciudad el que, en 1957, impulsó la primera innovación, autorizando a los municipios a establecer el sufragio femenino y su elegibilidad para cargos públicos. Poco después, Vaud, Neuchâtel y Ginebra consagraron la plena igualdad política entre mujeres y hombres a nivel cantonal y municipal.
El gran avance se había logrado. Sin embargo, el principio del federalismo siguió primando sobre los derechos democráticos de las mujeres y hasta 1990 no todas las mujeres podían votar o ser elegidas, ni a nivel cantonal ni municipal.
Ese era el marco jurídico y psicológico que seguía imperando en Suiza en 1989, cuando Theresia Rohner, de 35 años y madre de dos hijas, dueña de una tienda de cerámica en Appenzell Rodas Interiores, decidió que ya había llegado el momento de poner fin a una anomalía democrática.
Theresa Rohner, del cantón de Appenzell Rodas Interiores, se pronuncia el 27 de noviembre de 1990 en Lausana ante el Tribunal Federal sobre la sentencia del tribunal relativa a la apelación sobre el derecho de voto de las mujeres en el cantón de Appenzell Rodas Interiores
Hasta entonces, todos los intentos de conceder el derecho al voto a las mujeres en el cantón, situado al noreste del país, el menos poblado y el segundo menos extenso de la geografía helvética, habían fracasado. Los varones de Appenzell ya habían rechazado el sufragio femenino en dos ocasiones, tanto a nivel cantonal como municipal, en 1973 y 1982, impidiendo así que sus esposas, hermanas, madres e hijas expresaran sus propias opiniones políticas. Se apoyaban en argumentos ridículos: por ejemplo, que el lugar de reunión de la Landsgemeinde era demasiado pequeño para poder abarcar a las mujeres en las votaciones a mano alzada.
El 5 de abril de 1989, Rohner se dirigió al Gobierno cantonal: solicitaba permiso para participar en la próxima Landsgemeinde en condiciones idénticas a las de los hombres. Su solicitud fue rechazada, alegando que la constitución cantonal solo menciona a los «suizos» («Schweizer und Landleute») como personas con derecho a voto, un término que no se refiere a las mujeres. En Appenzell, Rohner era considerada una anarquista y nadie quería apoyarla.
Mas recurrió ante el Tribunal Supremo Federal. Argumentó que negar a las mujeres el derecho al voto en asuntos cantonales constituía discriminación inconstitucional. Sin embargo, el Tribunal Supremo Federal remitió el recurso a la siguiente Landsgemeinde (asamblea cantonal). Esta asamblea debía decidir sobre el sufragio femenino. A nivel federal, por tanto, se quería dar a los hombres de Appenzell la oportunidad de reconsiderar su postura y votar a favor del sufragio femenino, un intento que fracasó estrepitosamente: la votación de 1990 duró solo 28 segundos, y los hombres rechazaron una vez más el sufragio femenino por una amplia mayoría, entre vítores de júbilo y en medio de un paisaje digno de Heidi.
Varias manifestantes con carteles a favor de la emancipación política de las mujeres suizas, en enero de 1971, año en que se aprobó el voto femenino a nivel federal
Solo entonces se unieron otras personas a Rohner. En total, 100 hombres y mujeres apelaron ante el Tribunal Supremo Federal para exigir la implementación de la igualdad de derechos. Como impulsora del recurso, Rohner fue acosada y amenazada mediante llamadas telefónicas anónimas. Por fin llegó el día del veredicto. El 27 de noviembre de 1990, el Tribunal Federal de Lausana declaró unánime e inequívocamente: «Quien niega a las mujeres el derecho al voto viola la Constitución Federal». La Constitución Federal y también el Convenio Europeo de Derechos Humanos, ratificado por Suiza en 1968.
Las mujeres de Appenzell obtuvieron así el derecho al voto y a presentarse a las elecciones. Rohner había alcanzado su objetivo. Pero la lucha no había terminado en su país. Los perdedores reaccionaron con una misoginia manifiesta, lanzando, sin ir más lejos, piedras contra el escaparate de la tienda de cerámica de Rohner, a la que hubo que poner escolta.
La policía también la protegió cuando, unos meses después, concretamente el 28 de abril de 1991, a las mujeres de Appenzell se les permitió participar por primera vez en la Landsgemeinde como ciudadanas de pleno derecho. Suiza, por fin, se asemejaba del todo a las democracias occidentales. En 2025, por primera vez, una mujer, Angela Koller, fue elegida presidenta de la Landsgemeinde de Appenzell Rodas Interiores. Pero Rohner, que se vio obligada a abandonar el cantón, nunca ha vuelto.