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La expedición de Diego de Almagro saliendo del Cuzco (1907), óleo de fray Pedro Subercaseaux (1880-1956)

La expedición de Diego de Almagro saliendo del Cuzco (1907), óleo de fray Pedro Subercaseaux (1880-1956)

Diego de Almagro y la batalla que pudo dar origen a «costar un ojo de la cara»

Antes de convertirse en una frase hecha del español cotidiano, «costar un ojo de la cara» pudo describir un sacrificio muy real. La tradición sitúa su origen en una batalla en el Nuevo Mundo en la que Diego de Almagro perdió un ojo combatiendo

No deja de sorprenderme el rico y amplio catálogo de expresiones populares que tenemos. Las usamos a diario en nuestro lenguaje cotidiano, pero muchas veces el origen histórico de estas nos resulta desconocido o pasa completamente desapercibido.

Expresiones como «Irse a la porra», «A buenas horas, mangas verdes» o «Meterse en camisa de once varas» proceden del periodo de los Tercios de España, están vinculadas al primer cuerpo policial de España o hacen referencia a un rito medieval. Lo mismo ocurre con la frase «costar un ojo de la cara».

Ahora se utiliza para expresar que algo tiene un precio muy elevado o requiere un gran esfuerzo y sacrificio para conseguirse. Sin embargo, según la tradición, cuando la pronunció Diego de Almagro su sentido era literal y no figurado.

El conquistador tuerto

Diego de Almagro formó parte de la expedición de 1514 a Panamá dirigida por Pedro Arias de Ávila (también conocido como Pedrarias Dávila). Durante su estancia allí, conocieron a Francisco Pizarro, a quien se unirían para emprender la conquista del Perú y repartirse los beneficios a partes iguales.

La expedición comenzó en 1524, explorando la costa norte de América del Sur; sin embargo, no pudieron avanzar mucho por los difíciles vientos y corrientes, según advierte el historiador Mark Cartwright en el portal World History Encyclopedia. «El grupo se encontró con una tribu hostil en Punta Quemado, donde Pizarro recibió siete heridas y varios de sus hombres murieron. En esta primera expedición, Almagro perdió un ojo a causa de una jabalina indígena», detalla el historiador inglés.

El episodio fue ampliamente recogido por los cronistas de la época, quienes destacaron la valentía de Almagro, que, a pesar de la mutilación, continuó en batalla. Con el paso del tiempo, la pérdida del ojo del conquistador fue convirtiéndose en un símbolo del alto precio que se había pagado por las nuevas tierras.

Los filólogos consideran que este episodio generó una manera muy vívida de expresar un esfuerzo o sacrificio enorme: cuando alguien quiere algo, le cuesta. Aunque no existe una prueba documental que vincule de forma directa lo sucedido con la expresión, la tradición popular dice que, al regresar a España tras sus campañas en el Nuevo Mundo, compareció ante Carlos V para rendir cuentas de sus esfuerzos y sacrificios. Y, señalando la cicatriz que le dejó la pérdida de su ojo, exclamó que «el negocio de defender los intereses de la Corona me había costado un ojo de la cara».

Otras teorías de su origen

Aunque esta teoría es la más popular, los expertos en etimología sugieren que el origen de esta frase popular podría tener un origen más general dentro del mundo bélico, ligado al hecho de que con frecuencia los soldados perdían ojos, manos o piernas en combate.

Otros sugieren que su origen puede estar en la imitación a otras expresiones en lenguas extranjeras: en inglés se dice to cost an arm and a leg («costar un brazo y una pierna»), mientras que en francés se usa coûter les yeux de la tête («costar los ojos de la cabeza»).

Fuera como fuese, esta expresión popular ya estaba presente en el Siglo de Oro. El lexicógrafo Sebastián Covarrubias definía en Tesoro de la lengua castellana o española (1611) —el primer diccionario general monolingüe del español— «ojo de la cara» como «cosa de grandísimo valor».

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