María Letizia Bonaparte
Dinastías y poder
Cuando el rey que abdicó en España se casó con una heredera de Napoleón
De esa unión nació un único hijo, que moriría a causa de la gripe española durante la Primera Guerra Mundial
¿Quién habría imaginado que un antiguo rey de España uniría su sangre a la de una Bonaparte? Amadeo de Saboya lo hizo. En 1888, cuando Francia vivía entre el recuerdo del II Imperio napoleónico y la consolidación de la Tercera República, e Italia trataba de afirmarse como un nuevo Estado unificado, Amadeo sorprendía en los círculos dinásticos con un matrimonio inesperado. El antiguo rey de España se casaba en segundas nupcias con María Leticia Bonaparte, heredera del apellido de Napoleón. De esa unión nació un único hijo, que moriría a causa de la gripe española durante la Primera Guerra Mundial.
Amadeo de Saboya era hijo de Víctor Manuel II, primer rey de Italia y figura central del Risorgimento. La Casa de Saboya, originaria del Piamonte, había pasado en pocas décadas de ser una dinastía menor a liderar la construcción del Estado italiano bajo un modelo monárquico. Este proceso se apoyó en ideas liberales y constitucionales que chocaron con el poder temporal del Papa a causa de la anexión de los Estados Pontificios.
Como consecuencia directa de la Unificación y, sobre todo, tras la toma de Roma en 1870, simbolizada en el asalto a la Porta Pía, los Saboya fueron excomulgados por el pontífice Pío IX, lo que subrayó el carácter de la nueva monarquía italiana. Los Saboya empezaron a consolidarse como una dinastía asociada a cierta apertura política en la Europa del último tercio del siglo XIX.
Amadeo, segundo hijo de Víctor Manuel II, no estaba destinado a convertirse en rey, pero, en este contexto cambiante de irrupciones democráticas, consecuencia de las revoluciones liberales europeas, su destino resultó diferente. En 1870, tras la Revolución Gloriosa que destronó a Isabel II de Borbón, las Cortes españolas lo eligieron rey de España.
El hasta entonces duque de Aosta llegó a España tras jurar la Constitución de 1869, en la que se reconocía a su nuevo país como una monarquía democrática y, por primera vez, el sufragio universal. Pero su experiencia en tierras ibéricas duró poco. Como es sabido, nada más llegar a Valencia fue informado del atentado que acababa de sufrir su principal valedor, Juan Prim.
El rey Amadeo visitando el cadáver del general Prim. Litografía de M. Gómez a partir de un cuadro en paradero ignorado de Antonio Gisbert, c. 1875.
Desde entonces todo fueron problemas y su «experiencia» democrática terminó en fracaso: la falta de apoyos políticos, la guerra de Cuba, la Tercera Guerra Carlista y la ofensiva federalista terminaron con aquel proyecto.
Aunque en este tiempo se atribuye a Amadeo un romance con Adelita de Larra, hija del recordado Fígaro, antes de subir al trono español Amadeo se había casado en primeras nupcias con Victoria del Pozzo, una aristócrata de origen italofrancés, tremendamente culta y generosa. Con ella tuvo tres hijos. Pero la presencia en España de los Saboya fue corta y complicada. Duró apenas tres años, entre 1870 y 1873. Aislado y cansado, Amadeo abdicaba ante las Cortes y volvía a Italia. Jamás le perdonó a su padre el empeño de que reinase sobre España.
Fue tras su abdicación cuando la vida personal de Amadeo dio un giro inesperado que lo situó, de nuevo, en el centro de la atención europea. Viudo por la repentina muerte de su esposa, en 1888 contraía matrimonio con María Leticia Bonaparte, una joven perteneciente a la familia del emperador Napoleón.
María Leticia era nieta de Jerónimo Bonaparte, el hermano pequeño de Napoleón y rey de Westfalia durante el apogeo del Imperio. Al mismo tiempo, María Leticia era también su sobrina carnal, al ser hija de Clotilde, hermana menor de Amadeo. De este modo, el enlace unía simbólicamente a la dinastía que había encabezado la unificación italiana con la familia que había transformado Europa a comienzos del siglo XIX bajo el signo del Imperio francés.
La exemperatriz Eugenia de Montijo, desde su exilio inglés en Farnborough, envió el correspondiente despacho de consentimiento (El Diario Español, 10 de junio de 1888) y el Papa, la necesaria dispensa.
María Letizia Bonaparte
María Leticia, bastante más joven que Amadeo, inicialmente estaba destinada a casarse con uno de los hijos del transitorio soberano español, lo que habría supuesto una alianza dinástica más convencional. Pero ella terminó uniéndose a quien iba a ser su suegro. Esta inversión del orden esperado provocó rumores y un notable revuelo en las cortes europeas.
Sin embargo, para Amadeo, alejado de la primera línea dinástica en su palacio de Moncalieri, en Turín, este matrimonio se veía como la culminación de una vida familiar alejada de la política. El matrimonio, sin embargo, resultó breve. Amadeo fallecía solo dos años después.
Príncipe Humberto, conde de Salemi
De la unión entre Amadeo y María Leticia nació un único hijo, Humberto, conde de Salemi. Su nacimiento representaba la unión entre los Bonaparte y los Saboya, dos familias que habían encarnado, cada una a su manera, la modernidad de los nuevos aires políticos del siglo XIX. Pero su destino iba a tener un final trágico: Humberto moría en 1918, víctima de la llamada «gripe española», la pandemia que asoló Europa al final de la Primera Guerra Mundial.
«En un hospital de la zona de guerra ha fallecido, víctima de la gripe, el príncipe Humberto (…) Contaba veintinueve años de edad y entró a servir en el ejército de operaciones como simple soldado, llegando por méritos de guerra al grado de capitán», podemos leer en el diario El Imparcial (24 de octubre de 1918).
El matrimonio entre Amadeo de Saboya y María Leticia Bonaparte, además de una curiosidad biográfica, puede interpretarse como el reflejo de una época marcada por los cambios de mentalidad. En él confluye el liberalismo de los Saboya, herederos de la unificación italiana y enfrentados al papado, con la memoria napoleónica de los Bonaparte, asociada a la revolución, el Imperio y la reorganización de Europa.