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Los audios del 23-F que revelan el papel de García Carrés en la trama civil

Los audios del 23-F que revelan el papel de García Carrés en la trama civil

En las conversaciones grabadas por Carrés en el teléfono de su casa queda demostrada la importancia de los azules en la trama golpista

De nuevo, a pesar del tiempo pasado, el 23-F vuelve a la actualidad. Sobre los sucesos ocurridos hace 45 años sabemos muchas cosas, pero no todo, y seguramente nunca llegaremos a conocer lo que ocurrió en realidad.

El objetivo de los golpistas era reconducir la joven democracia española, con el fin de terminar manu militari con el terrorismo de ETA y suprimir el incipiente sistema de las autonomías.

Entre los conspiradores había tres grupos perfectamente definidos: militares del Ejército de Tierra, guardias civiles y un grupo de civiles. Los motivos que llevaron a la unión de intereses de los diversos protagonistas eran básicamente los mismos: corregir los males de España.

De todos estos grupos, el casi absolutamente desconocido fue el de las tramas civiles del golpe. Todos los procesados y condenados por el 23-F guardaron silencio sobre otros compañeros de conspiración, que así pudieron quedar al margen de las detenciones.

El único civil procesado fue el falangista y exprocurador en Cortes Juan García Carrés. Carrés había entrado en contacto con los sectores más descontentos de la Guardia Civil al ser el organizador de la campaña contra la desmilitarización de la Guardia Civil.

Carrés era uno de los miembros del grupo de falangistas liderado por José Antonio Girón de Velasco e integrado por el teniente general retirado Carlos Iniesta Cano, el teniente general Fernando de Santiago y Díez de Mendívil, José Sanz de Mieras… En aquellos tiempos eran responsables de la Hermandad Nacional de Combatientes, propietaria del periódico El Alcázar. Al ser el más joven del grupo, Juan García Carrés —y su secretario, el exdivisionario Arturo de Gregorio— era el miembro más activo y comprometido con lo que se avecinaba.

Carrés sirvió de enlace entre varios miembros de la conspiración. Antes del golpe vendió algunos de sus bienes para conseguir dinero en metálico. Dinero que sirvió para comprar los autobuses que deberían llevar a los guardias civiles, así como las gabardinas compradas por si era necesario camuflar los movimientos de estos por la ciudad. Los autobuses fueron puestos a nombre de Carmen Tejero y terminaron siendo vendidos a Guinea Ecuatorial.

Foto única de Juan Garcia Carres detenido en la clínica Covesa tras pasar un año en Carabanchel con Antonio Muñoz Perea casado con hija de Blas Piñar, Jose Antonio Girón, Blas Piñar y el teniente general y falangista Carlos Iniesta

Durante el desarrollo del golpe, Carrés, a petición de los militares de Valencia, intentó localizar sin éxito al teniente coronel Vicario. Llamó a la hija mayor del teniente coronel, jefe de la II Bandera de la BRIPAC, para hablar con su padre. No lo logró, pues este había sido llamado por el teniente coronel Manglano, jefe del Estado Mayor de la unidad, que lo tenía sentado en su despacho. El objetivo de la llamada de Carrés era que Vicario saliese con su Bandera desde Alcalá de Henares hacia Madrid.

En las conversaciones grabadas por Carrés en el teléfono de su casa queda demostrada la importancia de los azules en la trama golpista. En su conversación con el periodista y azul Emilio Romero se evidencia el conocimiento y la participación de estos en los sucesos del 23-F, así como la importancia de Carrés al hablar con Valencia para intentar movilizar a la Brigada Paracaidista.

Ninguno de los procesados por el 23-F implicó a ninguno de sus amigos o compañeros de armas que habían quedado fuera de las primeras detenciones. Todos ellos estaban convencidos de que obedecían órdenes del Rey Juan Carlos, aunque la única certeza que tenían de esto era la palabra del general Alfonso Armada. Las tramas militares y civiles del golpe llegaban mucho más lejos del pequeño grupo de hombres procesados y condenados por el 23-F. Nunca sabremos la verdad sobre el tamaño de la conspiración que intentó cambiar la historia de España hace casi medio siglo.