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Dinastías y poder
Malta, la isla que fue el gran hospital del Imperio británico en la Primera Guerra Mundial
Las tensiones que hoy afectan a Chipre recuerdan que las islas del Mediterráneo han sido históricamente piezas clave en el equilibrio estratégico de la región. Malta, parte del Imperio británico hasta 1964, es uno de los ejemplos más claros
Hoy, Malta es conocida como un destino turístico, especialmente entre jóvenes europeos y estudiantes Erasmus, atraídos por su clima y su vida nocturna. Sin embargo, bajo esa imagen se oculta una historia marcada por los grandes conflictos del siglo XX. En particular, durante la Primera Guerra Mundial, el archipiélago desempeñó un papel fundamental como centro hospitalario y logístico del Imperio británico en el Mediterráneo.
Malta y el Imperio británico
A comienzos del siglo XX, Malta formaba parte del Imperio británico y estaba plenamente integrada en su sistema defensivo naval. Desde el siglo XIX, la isla había sido concebida como una base clave para la Flota del Mediterráneo, debido a su posición geográfica en el centro de las rutas marítimas entre Europa, el norte de África y Oriente Próximo.
Alfredo, duque de Edimburgo y segundo hijo de la reina Victoria, estuvo destinado en Malta durante su carrera naval como comandante de la Flota del Mediterráneo en 1886. Aquí nació la tercera de sus hijas, Victoria Melita, Ducky, esposa del gran duque Cirilo Románov.
En 1912, apenas dos años antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, el rey Jorge V y la reina María visitaron Malta, incluyendo varios centros militares y hospitalarios (El Universo, 25 enero 1912). Esta visita, que hicieron de regreso de una gira a la India, confirmaba el valor simbólico de la isla dentro del Imperio, en un momento en el que Europa se encontraba en una situación de creciente tensión internacional.
Cuando comenzó la guerra en agosto de 1914, Malta no se convirtió en un frente de combate, pero sí en un punto importante de retaguardia. Sus puertos naturales, sus arsenales, los hospitales militares y la relativa distancia de las líneas de fuego la hacían idónea para el apoyo a las operaciones navales británicas en el Mediterráneo oriental.
Malta actuó como base de aprovisionamiento y reparación para la flota, pero su función más relevante fue la sanitaria: desde los primeros meses de la guerra, los hospitales militares se ampliaron y muchos edificios civiles se reconvirtieron para uso médico, anticipando la llegada de un gran número de heridos.
En ese momento, las islas maltesas (Malta, Gozo y Comino) contaban con una población aproximada de 216.000 habitantes. Esta cifra resulta significativa si se tiene en cuenta que, a lo largo de la guerra, Malta recibiría a decenas de miles de soldados heridos o enfermos.
La llegada de los heridos: Gallípoli y el Mediterráneo oriental
Las operaciones militares contra el Imperio otomano generaron un elevado número de bajas, muchas de las cuales fueron evacuadas por mar hacia Malta. La mayoría llegaron como consecuencia de la desastrosa campaña de Gallípoli en 1915. A ellas se sumarían heridos procedentes del frente de Salónica y de otras operaciones en el Mediterráneo oriental. Las cifras se sitúan en torno a los 100.000 soldados afectados, tras una semana de navegación.
Desde entonces, buques hospital comenzaron a llegar de forma regular al puerto de La Valeta (El Imparcial, 25 mayo 1915). A los heridos los trasladaban a los hospitales militares y civiles, entre ellos el Royal Naval Hospital Bighi —reservado a los enfermos más graves—, centros en Cottonera y la ciudad de Mtarfa, fortificaciones adaptadas y otros edificios públicos. En el momento de mayor actividad, Malta llegó a disponer de miles de camas hospitalarias, convirtiéndose en uno de los mayores centros médicos militares del Imperio británico.
Malta recibió a más de 136.000 soldados enfermos o heridos durante la Gran Guerra
Muchos malteses trabajaron como camilleros, enfermeros, cocineros o conductores, mientras que asociaciones benéficas y religiosas colaboraron en la atención y el acompañamiento de los convalecientes. Las crónicas de la época, tanto en la prensa local como en periódicos británicos e incluso españoles, describen una vida cotidiana marcada por la presencia de soldados heridos.
Cafés y salones organizaron conciertos, lecturas y representaciones musicales para los convalecientes. Incluso se construyó un edificio para espectáculos, el Australia Hall. Los jardines y paseos estaban llenos de jóvenes uniformados que se recuperaban de sus heridas visibles o afectados por otras enfermedades. Estas mismas crónicas reflejan la convivencia entre la población local y los soldados procedentes de distintas partes del Imperio: británicos, australianos, neozelandeses y también franceses.
Al finalizar la guerra en 1918, Malta había consolidado su reputación como la «enfermera del Mediterráneo», expresión que aparece con frecuencia en documentos y relatos contemporáneos. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla volvió a ocupar una posición estratégica en el Mediterráneo, aunque ya como objetivo directo de intensos bombardeos.
A lo largo de la historia, otras islas y enclaves estratégicos como Corfú, Chipre o incluso hospitales insulares en el Pacífico durante conflictos posteriores han desempeñado funciones sanitarias parecidas. Pero Malta conserva ese pasado en su arquitectura, en sus archivos (Archivo Nacional de Malta) y en su memoria histórica.
La reina Isabel II vivió en Malta entre 1949 y 1951, cuando aún era princesa y estaba casada con Felipe de Edimburgo, destinado en la isla como oficial de la Marina Real Británica. Malta consiguió su independencia del Imperio en 1964, aunque es uno de los Estados miembros de la Commonwealth, lo que de algún modo simboliza sus vínculos con la Corona.