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La defensa de Cádiz, obra de Zurbarán. El de la derecha es Roque Centeno Ordóñez

La defensa de Cádiz, obra de Zurbarán. El de la derecha es Roque Centeno Ordóñez

Picotazos de historia

El capitán español que luchó en la Armada Invencible y protegió las Flotas de Indias, pero murió arruinado

El bueno de don Roque siempre tuvo como prioritario el bienestar de la gente bajo su mando y cuidado, por lo que tenía como normal adelantar de su bolsillo los dineros para los suministros y pagas de su tropa y marinería cuando estos se retrasaban

Hoy me gustaría hablarles de un marino, de uno de aquellos capitanes que tuvo España y que dan significado al Romancero cuando, hablando del Cid, dice: «Se va ensanchando Castilla delante de su caballo».

Nuestro personaje nació en la villa de Calatayud el 25 de marzo de 1568. Se llamó Roque Centeno Ordóñez, de linaje hidalgo de Navarra. Poco se sabe de su infancia y primera juventud, pero con diecisiete años lo encontramos sirviendo en el tercio de la Armada de la Mar Océano bajo las órdenes de don Álvaro de Bazán. Cuando cumplió los dieciocho, sentó plaza de soldado. Sirviendo en este tercio, en 1588, participó en lo que se llamó la Grande y Felicísima Armada y que resultó ser todo menos eso. Los ingleses, para darse más importancia, la llamaron la Armada Invencible.

Roque era miembro de la guarnición de la escuadra de naves levantiscas bajo el mando de Martín de Bertendoa. Tres años después (1591), en la misma escuadra y bajo el mando del mismo comandante, combatiría en la batalla de las Flores. Allí sería derrotado y perdería la vida el almirante inglés sir Richard Grenville; por su parte, Roque recibió cinco heridas de pica en diferentes partes del cuerpo.

Batalla de Gibraltar, 10 de agosto de 1621, victoria de la Armada Real sobre la escuadra holandesa

Batalla de Gibraltar, 10 de agosto de 1621, victoria de la Armada Real sobre la escuadra holandesa

En 1596 tenemos a Roque bajo las órdenes de otro magnífico marino y hombre de armas, hoy también injustamente olvidado. Me refiero a don Diego Brochero. Este excepcional marino había sido puesto al mando de un pequeño grupo de naves y tenía la orden de proteger la desembocadura del río Tajo. Tan buena maña se dio que la flota británica mandada por Charles Howard, barón de Effingham, no pudo desembarcar para atacar Lisboa, por lo que continuó con destino a Cádiz, donde sí consiguió saquear la ciudad.

Roque Centeno sirvió bajo las órdenes de Diego Brochero hasta el año 1603. Durante ese tiempo protegió las Flotas de Indias y se ganó el respeto de sus superiores. Ese mismo año participó en un fiero combate en el cabo de San Vicente contra una flota británico-holandesa. En esta ocasión consiguieron liberar una flota de Indias que había sido capturada por el enemigo y les apresaron a estos siete navíos de guerra. Para entonces, Roque estaba al mando de su propia nave.

Al siguiente año —1604— lo ponen bajo el mando del capitán general del Mar Océano, don Luis Fajardo, que lo envía al golfo de México para que limpie la zona de piratas y demás gentuza.

Realiza la labor a satisfacción de todos y las antenas de su barco se decoran con los cuerpos pendientes de varios capitanes piratas.

Roque Centeno serviría bajo las órdenes de don Luis Fajardo hasta 1614, participando en todas las batallas, acciones y escaramuzas que este llevó a cabo durante ese tiempo. Roque recibió elogios, ascensos y cuatro heridas. El nuevo capitán general es don Fadrique Álvarez de Toledo y Osorio, primer marqués de Valdueza. Se trata de otro curtido marino. Ambos se llevarán bien, por lo que don Fadrique pondrá a Roque al mando de la escuadra de galeones del Estrecho. Esta escuadra es la que da protección al estrecho de Gibraltar.

La escuadra se compone de catorce navíos de diferentes tipos y con ellos realizará Roque una gran labor durante el ataque que sufrió Cádiz en noviembre de 1625.

Una flota combinada holandesa-británica, formada por más de un centenar de naves y con diecisiete mil soldados a bordo, mandada por el conde de Essex y Guillermo de Nassau, intentó tomar la ciudad. Desembarcaron tropas y se combatió furiosamente frente a los fuertes que defendían la ciudad.

El enemigo fue rechazado y la flota enemiga, obligada a abandonar la bahía. Viendo al enemigo retirarse, Roque Centeno ordenó reembarcar a toda su gente, pues habían estado manejando la artillería de los fuertes que defendían Cádiz, y salió como lobos en persecución del enemigo. En esta acción rescató once carabelas cargadas de mercaderías que habían sido capturadas por el enemigo en la bahía. Con ellas regresó a Cádiz para alegría de los comerciantes y contento del capitán general, que vio cómo se le arrebataba al enemigo su única presa.

Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial

Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial

Continuó Roque Centeno vigilando el estrecho y dando ocasional escolta y protección a la Flota de Indias desde la isla Terceira, llamada así por ser la tercera que compone el archipiélago de las Azores.

En 1627 fue nombrado capitán general de la Flota de Tierra Firme, lo que lo ponía al mando de esta rica flota que conectaba Perú con Cádiz. Este puesto era por la duración de la navegación, pero se consideraba de gran responsabilidad y un honor.

Durante los siguientes diez años estuvo al mando del estrecho con mando de capitán general y en 1637 se le entregó la Flota de Nueva España, la cual hacía el viaje de Cádiz a Veracruz. Roque hizo el viaje y el tornaviaje, pero en 1640 arribó a Veracruz enfermo, por lo que tuvo que ceder el mando y quedarse en esas tierras. No recuperó la salud; al contrario, fue debilitándose hasta que le llegó el turno de rendir cuentas al Creador. Cosa que hizo en un desconocido día de la primavera de 1641.

Don Roque Centeno Ordóñez había casado en su Calatayud natal con Isabel Hurtado Jara, natural de la misma ciudad, el 3 de enero de 1610. El matrimonio tuvo cinco hijos, tres chicos y dos chicas. El mayor, José, acabó siendo almirante como su padre y fue premiado con el hábito de la Orden de Santiago. Merced que también alcanzó otro hijo. Todos casaron bien, enlazando con familias bien situadas en Sevilla y Cádiz. Y esto resultó ser una gran fortuna.

Verán. El bueno de don Roque siempre tuvo como prioritario el bienestar de la gente bajo su mando y cuidado, por lo que tenía como normal adelantar de su bolsillo los dineros para los suministros y pagas de su tropa y marinería cuando estos se retrasaban. Lo que era las más de las veces. De esta manera fue acumulando deudas, pues los fondos se retrasaban; se eternizaba la devolución del dinero adelantado y su sueldo llegaba tarde y mal. Y eso cuando llegaba.

Don Roque murió arruinado y cargado de deudas por servir a su patria. Su esposa —su viuda— perdió cuanto tenía y fue desahuciada, siendo puesta en la calle con solo lo que vestía. ¡Esas mismas calles que su marido defendió! Cierto que fue recibida por sus hijos y yernos, amén de otras gentes agradecidas a su marido y dispuestas a honrar a la viuda del heroico marino. ¡Cosas de España!

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