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Mapa de la isla Terceira, por Jan Huygen van Linschoten

Mapa de la isla Terceira, por Jan Huygen van Linschoten

La gran operación anfibia que aseguró Portugal para Felipe II

Al frente de una poderosa armada y de los temidos tercios, Álvaro de Bazán lanzó en 1583 el asalto definitivo contra el último territorio que seguía reconociendo como rey de Portugal al prior de Crato. La victoria española puso fin a la crisis sucesoria lusa y consolidó la Unión Ibérica bajo Felipe II

En 1582, una pequeña armada española vence en la batalla de Vila Franca do Campo a la imponente flota internacional liderada por Francia, que apoyaba al candidato al trono portugués Antonio I. Aquel combate naval, el primero de la historia alejado de cualquier costa continental, tuvo una gran importancia, pero Antonio seguía siendo el monarca luso para los habitantes de Terceira, la isla más grande del archipiélago de las Azores.

El malogrado candidato, como un peculiar Astérix, seguía desafiando desde su irreductible isla a Felipe II, el Julio César de la Europa de su época. Sin embargo, a diferencia de la pócima mágica del guerrero celta, la de Antonio estaba compuesta por una peculiar alianza con las principales potencias enemigas del imperio español, fundamentalmente Francia e Inglaterra.

Pero la principal diferencia con el personaje creado por Goscinny y Uderzo es que Felipe II poseía un antídoto infalible: uno de los mejores marinos de la historia, el invicto marqués de Santa Cruz, don Álvaro de Bazán.

El marqués, tras vencer a la flota del condotiero Strozzi, regresa a la península y prepara una nueva armada. A diferencia de la anterior, muy escasa de barcos por la urgencia de socorrer a la leal isla de São Miguel, la de 1583 será una potente flota integrada por navíos de diferente tipo.

Como señala Ricardo Cerezo, son un total de 91 embarcaciones, incluyendo galeones, galeras, galeazas, naos, pataches y barcas de desembarco. Cuenta con casi 9.000 hombres entre marinos y soldados, a los que hay que sumar los 2.600 acantonados en São Miguel. El as en la manga de Bazán es, no obstante, la mejor infantería de Europa: los tercios embarcados para la complejísima operación anfibia que ha diseñado.

Mientras tanto, Antonio, prior de Crato, no se queda con los brazos cruzados. Además de las levas entre la población local, solicita refuerzos a sus aliados. Catalina de Médici le envía 1.200 hombres e Isabel de Inglaterra otros 400, todos ellos soldados veteranos de probado valor y al mando del experimentado vicealmirante francés Aymar de Chaste.

Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial

Desembarco de tercios españoles en la batalla de la isla Terceira, en las islas Azores, fresco de Niccolò Granello en la Sala de las batallas del monasterio de El Escorial

Antonio y el marino francés reforzarán las defensas de la isla, especialmente en los puntos donde se esperaba con más probabilidad el desembarco, pero no quieren dejar nada al azar, así que ordenan cavar trincheras, preparar fosos y distribuir cañones en las zonas más vulnerables.

A principios de julio, la armada llega a São Miguel y el 22 aparece en el horizonte de Terceira. Aquí hay que señalar que era tal el pánico que el marqués de Santa Cruz infundía a sus enemigos que tres naos de Chaste optan por desertar y rehúyen un combate en el que no tenían ninguna posibilidad. Bazán solicita una rendición que los defensores no conceden. La lucha se antoja inevitable.

El marqués tenía una información bastante aproximada sobre las defensas en Terceira por haber capturado una embarcación espía de los 'antoñistas'. No obstante, decide, personalmente, embarcarse en una galera y hacer un minucioso reconocimiento de toda la isla.

Tras el mismo, manda a algunos de sus mejores hombres, como López de Figueroa y Francisco de Bobadilla, uno de los futuros héroes de Empel, a estudiar la cala das Molas, en la parte oriental, lugar que será el elegido porque, a pesar de las trincheras y las guarniciones, apenas contaban con un pequeño fuerte de dos cañones y porque quedaba alejada del grueso de las tropas defensoras acantonadas en el sur.

En la madrugada del día 26, justo un año después de la victoria de Vila Franca do Campo frente a Strozzi y en una maniobra que pretende hacer creer a Chaste que el desembarco será en el sur, Bazán ordena cañonear el fuerte de Angra a conciencia, mientras en boga silenciosa las galeras remolcan a las barcas de desembarco hacia la ensenada das Molas.

La trinchera está ocupada por 50 franceses al mando del capitán Bourguignon y 200 portugueses. Para cuando se dan cuenta y comienzan a disparar, las galeras artilladas están ya muy próximas y barren con sus cañones playa y trincheras. Con todo, el desembarco no es sencillo.

El oleaje, la fuerte resaca y uno de los cañones que no ha podido ser neutralizado les hacen la vida imposible a los veteranos españoles, que optan por lanzarse con el agua a la altura de la cintura para asaltar la trinchera.

Los defensores luchan bravamente, pero finalmente se imponen los hispanos, que hacen huir a los soldados portugueses y rinden a los franceses, que pierden 35 hombres, incluido su valiente capitán.

Por cierto, uno de los primeros en desembarcar en Terceira fue Rodrigo, hermano de Miguel de Cervantes, y muy posiblemente participase también Lope de Vega, quien había estado presente en la batalla naval del año anterior y que en su futura obra siempre exaltará la figura de Álvaro de Bazán.

Álvaro de Bazán

Álvaro de Bazán

Una vez concluida la primera oleada de desembarco y tomada la pequeña villa de Praia, se avanza hasta São Sebastião, pero en los riscos anteriores al pueblo se habían concentrado las tropas de refuerzo franco-portuguesas. Estas contaban con ventajas importantes: artillería, trincheras y una posición elevada, por lo que la toma de la posición fue compleja y muy dura.

De hecho, les costó a los hombres destacados por López de Figueroa más de dieciséis horas envolver a los antoñistas y hacerlos huir. La llegada del ocaso hizo desistir al conde de Torres Vedra de lanzar un rebaño de toros contra las tropas hispanas, ardid que había funcionado dos años antes, en el fallido desembarco de Pedro Valdés. Con el alba, las tropas españolas, con los lansquenetes alemanes en el centro, avanzan hacia Angra, que toman sin resistencia.

Las desavenencias entre el gobernador Silva y el vicealmirante Chaste hacen que ambos se refugien, con sus hombres, en el interior por separado, el primero en la sierra de Santa Bárbara y el segundo en la montaña de Guadalupe.

Aislados, sin víveres ni posibilidad de recibir refuerzos, los soldados comenzarán a desertar en masa, por lo que ambos terminarán capitulando. El resto de las islas rebeldes son conquistadas los días siguientes sin demasiada oposición. Para agosto de 1583 finaliza la crisis sucesoria de Portugal y Felipe II pasa a ser el soberano de todo el reino.

Antonio, prior de Crato

Antonio, prior de Crato

Por su parte, Antonio I volverá a refugiarse primero en Francia y posteriormente en Inglaterra. Allí participará en la desastrosa aventura de la Contra Armada. Tras regresar a París y vender las últimas joyas de la corona portuguesa que había saqueado, pasó sus últimos años frustrado, aislado políticamente y arruinado.

Mientras, su país había pasado a formar parte del mayor imperio de su tiempo, aunque, dados los numerosos enemigos de la España de los Austrias, algunos de sus territorios ultramarinos se verán atacados por las potencias rivales. Aunque, al mismo tiempo, se vieron inmersos en un gran progreso, como fue el caso de Brasil, en donde, paradójicamente, su gran despegue territorial tendrá lugar en esa época. En cualquier caso, la Unión Ibérica duró seis décadas, durante las cuales los dos reinos de la península señorearon el planeta.

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