Retrato de George Borrow por Henry Wyndham Phillips
De espía en Finisterre a vendedor de biblias: las peligrosas aventuras de George Borrow en la España carlista
Las crónicas de George Borrow, conocido como «Don Jorgito el inglés», retratan la España convulsa de la Primera Guerra Carlista en 1835, detallando en su obra La Biblia en España un peligroso viaje a caballo repleto de bandoleros, gitanos
Viajar es tan antiguo como la propia Humanidad. Unos emigran por necesidad, otros para conquistar nuevos territorios, los burgueses del siglo XIX lo hacían a modo de «Erasmus de lujo», los monjes viajaban para evangelizar y otros tantos lo hacemos para descubrir nuevas culturas y descansar en nuestras vacaciones.
Ninguna de estas fue la razón que «Don Jorgito el inglés», también llamado George Borrow, un viajero romántico, filólogo y aventurero, eligió para visitar España en 1835, en medio de la Primera Guerra Carlista.
El viajero inglés fue contratado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera para traducir, imprimir y distribuir el Nuevo Testamento sin notas (la versión protestante) por diferentes países europeos, entre los que se encontraba España.
En lugar de limitarse a vender libros, Borrow se dedicó a viajar a caballo por los caminos más remotos y peligrosos de la Península y plasmó lo que vivió en un libro que se publicó bajo el nombre de La Biblia en España, una crónica costumbrista en la que se descubre la historia social, política y militar española de aquellos años.
Aquella España ya casi no existe, el callejero de gran parte de las poblaciones que visitó «Don Jorgito el inglés» ha cambiado bastante desde entonces.
Su largo viaje duró unos cinco años, en los que conoció al pueblo gitano, a bandoleros, ministros o embajadores; estuvo encarcelado un corto periodo de tiempo en Madrid y recorrió las tierras del norte en plena guerra Carlista.
Se hospedó en todo tipo de establecimientos, como las desaparecidas ventas: «casa establecida en los caminos o despoblados para hospedaje para pasajeros.
Se añade un nuevo término: Choza, referido a aquellas hospederías que se encuentran en lugares agrestes montañosos. Aunque se emplean indistintamente», según lo define el diccionario de la Real Academia Española.
Entre todas las zonas que visitó, en 1837 descubrió lo que era el norte peninsular.
Entró desde León a Galicia, visitó Lugo, Padrón, Pontevedra, La Coruña, Santiago de Compostela y llegó hasta Finisterre, donde las autoridades le confundieron con un espía y estuvieron a punto de fusilarlo.
Después del periplo gallego continuó su ruta por Asturias hasta que llegó a Cantabria, que en aquella época provincia de Santander.
Pasó primero por Llanes, después por San Vicente de la Barquera: «pueblo grande y destrozado, habitado principalmente por miserables pescadores.
Conserva, empero, notables reliquias de su pasada magnificencia; el puente, tendido sobre la profunda y ancha ría en cuya margen se alza la ciudad, no tiene menos de treinta y dos arcos, y es de granito gris.
Su fábrica es muy antigua; se halla tan ruinoso en algunos sitios, que ofrece peligro», describe el viajero en su libro.
Continuó más tarde hacia Santillana del Mar, donde no entró, y terminó su periplo norteño en Santander: «casi la única ciudad de España que no ha padecido con las guerras civiles […] posee un muelle muy hermoso, sobre el que se alza una línea de soberbios edificios, mucho más suntuosos que los palacios de la aristocracia en Madrid; son de estilo francés, y en su mayoría los ocupan comerciantes.
La población de Santander es de unos sesenta mil habitantes. Comí en la table d’hôte de la fonda principal, regida por un genovés. La concurrencia era muy mezclada», una diversidad que Borrow siempre buscaba en sus viajes para poder conocer bien los lugares.
Después del viaje a la zona norte de España, Jorgito el Inglés, acompañado de su amigo Antonio, regresó a Madrid, donde pasó bastante tiempo, para después desplazarse al sur de España.