08 de agosto de 2022

Sangre iglesia Nigeria

El suelo de la iglesia de San Francisco de Owo quedó cubierto de sangreAFP

Terrorismo yihadista

La masacre de cristianos en Nigeria revela la erupción yihadista que se gesta en su territorio

Nigeria está experimentando un auge de los grupos yihadistas ante la incapacidad del Estado de garantizar la seguridad

Crimen organizado, yihadistas y bandidos. Los grupos criminales que actúan en Nigeria son muy variados y responden a objetivos y causas diferentes.
La masacre del domingo durante la celebración de la Solemnidad de San Pentecostés, en la iglesia católica de San Francisco de Owo, en el Estado de Ondo, no lo ha reivindicado ningún grupo. Sin embargo, tiene el sello del terrorismo yihadista.
Lo sorprendente de este ataque, en el que han muerto 50 fieles cristianos, es que se ha producido en un Estado del sur que, a pesar de sus numerosos problemas de seguridad, hasta ahora había estado libre de violencia yihadista, concentrada en los Estados norteños.
En Nigeria operan varios grupos yihadistas, sobre todo en la zona norte del país, en los Estados de Zamfara, Níger, Kaduna, Sokoto o Kebbi, en el noroeste, o en los Estados de Borno o Yobe, en el noreste, donde los musulmanes son mayoría.
Durante años, el yihadismo nigeriano ha estado monopolizado por el grupo Boko Haram, afiliado a Estado Islámico.
Pero tras la caída del califato en Siria e Irak en 2017, y la muerte de su líder Abubakar Shekau a principios de 2021, el grupo ha entrado en decadencia minado por las pugnas internas y por el empuje de la filial de Estado Islámico en el África Occidental.
El punto de inflexión de la caída de Boko Haram lo marcó la ruptura con Estado Islámico el 2016 debido al intento de la internacional yihadista de destituir a Sheaku como emir de Boko Haram.
Desde entonces, el grupo Estado Islámico en el África Occidental asumió la vanguardia yihadista, absorbió a numerosos militantes de Boko Haram e inició una guerra fratricida con dicho grupo que, sin embargo, resiste gracias a sus fuertes vínculos en el territorio.
El responsable del auge de Estado Islámico fue otro personaje siniestro, Abu Musab al-Barnawi, terrorista aliado en un principio de Sheaku y luego enemigo a muerte. Fue eliminado por las fuerzas de seguridad en octubre de 2021.
En los últimos meses, Estado Islámico y Boko Haram avanzan hacia una nueva convergencia, lo que ha permitido al grupo yihadista internacional expandirse hacia otros países de la región afectados por problemáticas similares a las de Nigeria: Camerún, Níger y Chad.
Con 200 millones de habitantes, Nigeria es el país más poblado de África. El 46% de su población es musulmana, otro 46% cristiana y el 7% sigue religiones tradicionales africanas, según datos de Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Esta gran complejidad religiosa se refleja en su heterodoxo sistema legal, donde conviven cuatro fuentes de derecho diferentes: la ley inglesa, el derecho común, el derecho consuetudinario y la ley islámica.
Los Estados de mayoría islámica cuentan con una gran autonomía respecto al Estado central y pueden conformar tribunales de Sharía.
La vigencia de la Sharía en el norte del país, en algunos Estados desde hace más de 20 años, ha dividido más a las comunidades, ha creado una red clientelar islámica y ha perjudicado a la convivencia interreligiosa.
Como en otros muchos escenarios globales donde se han producido ofensivas yihadistas, en el caso nigeriano el componente religioso es instrumental, no está en el origen del conflicto.
Nigeria, como otros países cercanos al Sahel, sufre con especial virulencia las consecuencias del cambio climático y las recurrentes sequías.
En Nigeria, la población musulmana es principalmente ganadera (o fulani, es decir, pastores) y habita en el norte del país. Los agricultores son, sobre todo, cristianos o están adscritos a religiones tradicionales africanas, y habitan principalmente en el centro y sur del país.
La pérdida de pastos en el norte por la desertificación ha empujado a los ganaderos al sur a la búsqueda de terrenos más fértiles para sus animales.
En esa emigración chocaron con las comunidades agrícolas situadas al sur del «Cinturón Central», la franja imaginaria que separa el norte ganadero e islámico de Nigeria, del sur agrícola y cristiano.
Esta problemática social la aprovecharon los oportunistas políticos para perseguir sus objetivos en la lucha de poder.
Para ello, no han dudado en azuzar el choque religioso para eliminar rivales y favorecer amplios cambios sociales que inclinen la balanza en su favor.
El Estado, incapaz de garantizar la seguridad en todo el territorio, ha dejado amplias zonas del país sin cobertura.
Esa circunstancia no solo la aprovechan los grupos yihadistas, también grupos de crimen organizado que se dedican al tráfico de droga y de armas, o al negocio de los secuestros, se valen del vacío de poder para ampliar sus áreas de control.
Secuestros, asesinatos, razias son las prácticas habituales de esta «macedonia» de grupos criminales.
Para ampliar sus bases de militantes, no dudan en asaltar aldeas, asesinar a todos los habitantes adultos y secuestrar a los menores para venderlos como esclavos o incorporarlos como soldados.
En declaraciones a la agencia Fides, el sacerdote Lawrence Emehel describe esta instrumentalización de la religión por parte de grupos criminales locales: «Los terroristas profesan la religión islámica, pero por los testimonios que nos llegan de los secuestrados y liberados, no están especialmente interesados en ello y no actúan en nombre de la fe. Generalmente matan por venganza».
Algunos datos oficiales sobre la violencia en el país ofrecen una fotografía de la inseguridad que padece el país: en 2021 murieron 10.366 personas en Nigeria asesinadas en acciones terroristas. Además, se registraron 2.900 secuestros.
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