30 de noviembre de 2022

Sin banderaCarmen de Carlos

Una bala para Cristina Kirchner

Cristina, más «Santa Cristina» que nunca para los suyos, salvó la vida de milagro. El mito en vida de la mujer más poderosa y corrupta de la historia de Argentina ha comenzado y su idea de recuperar la Presidencia, quizás, resucitado

La imagen que capta la cámara estremece. La pistola está a pocos centímetros del rostro de Cristina Fernández de Kirchner. En la toma se aprecia cómo el hombre, Fernando André Sabag Montiel, de 35 años, presiona el gatillo pero la bala no sale. En instantes queda reducido y ella, la vicepresidenta, rodeada de una escolta inepta, ni se entera.
El magnicidio no se consumó. Falló porque la vieja Bersa, calibre 765, se encasquilló. En Argentina, donde casi nada funciona bien, las armas no son una excepción.
La viuda de Néstor Kirchner y expresidente de Argentina durante ocho años, no es la única mandataria del país en sufrir un atentado. En el siglo XX lo vivieron, con idéntica buena suerte, Raúl Alfonsín y el general Juan Domingo Perón.
Al primero le mandaron una caja con explosivos, dispuestos en pequeños cañones, que detonarían al abrirla. Al padre del peronismo le estallaron varias bombas mientras pronunciaba uno de sus memorables discursos en Plaza de Mayo, en 1953. Las que le habrían quitado la vida, no explosionaron como estaba previsto.
Caso aparte fue la muerte de Carlitos Menem, el hijo del jefe del Estado del mismo nombre. El muchacho murió tras precipitarse su helicóptero, por razones que aún hoy se ponen en duda. La versión oficial asegura que fue un accidente, pero siempre su madre, Zulema Yoma y su padre, Carlos Saúl Menem, en la recta final de su vida, defendieron la tesis del atentado. Media Argentina –o la mayoría– está convencida de que fue un ajuste de cuentas y el chico, un tiro al aire, pagó una factura política que le pertenecía al padre.
Alberto Fernández se dirigió anoche a la Nación y reflexionó: «Cristina permanece con vida porque, por una razón todavía no confirmada técnicamente, el arma, que contaba con cinco balas, no se disparó pese a haber sido gatillada».
El presidente, que días antes había sugerido que el fiscal que pide 12 años de cárcel para su vicepresidenta podría «suicidarse como Nisman», decretó «feriado» para el día de hoy. Lo justificó por el atentado fallido a la mujer con la que prácticamente no se dirige la palabra.
Buena parte de la oposición le acusó de aprovechar políticamente el suceso. El Fernández que se sienta en el sillón de Rivadavia en la Casa Rosada, difícilmente puede sacar beneficio de esa bala que nunca salió. Otra cosa es ella, el objetivo de un trastornado que, ironías del destino, resulta que es brasileño.
Cristina, más «Santa Cristina» que nunca para los suyos, salvó la vida de milagro. El mito en vida de la mujer más poderosa y corrupta de la historia ha comenzado y su idea de recuperar la Presidencia, quizás, ha resucitado.
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