09 de diciembre de 2022

El emir de Qatar Tamim Bin Hamad Al Thani (Iz) y su padre el jeque Hamad Bin Khalifa Al Thani (D) su madre Moza Bint Nasser Al Missned

El emir de Catar Tamim Bin Hamad Al Thani (Iz), su madre Moza Bint Nasser Al Missned y su padre el jeque Hamad Bin Khalifa Al Thani (D)GTRES

Mundial Qatar 2022  Los Al-Thani, padre e hijo, artífices de la fulgurante ascensión de Qatar

El Emir Hamad sentó las bases del espectacular desarrollo; el Emir Tamim aplica fielmente la doctrina

La suerte del Qatar contemporáneo se dirimió el 27 de junio de 1995. Ese día, el jeque Hamad derrocó a su padre, el emir Jalifa, mediante un golpe de Estado de guante blanco, del que había avisado discretamente a Estados Unidos y a otras potencias de menor rango. Bill Clinton dejó hacer.
El golpismo es una tradición arraigada en los Al-Thani, la dinastía que rige los destinos del emirato desde 1850: en 1972, el propio Jalifa mandó al exilio a su primo Ahmed. Hubo otros derrocamientos.
Más en 1995, el escenario trascendía el mero choque de egos o el clásico conflicto generacional: se enfrentaban dos visiones antitéticas sobre el futuro del emirato.
Por un lado, Jalifa, empeñado en mantener la identidad beduina de Qatar y poco interesado en inversiones extranjeras. La renta petrolera era más que suficiente.
Por el otro Hamad, de mente más abierta. Y, sobre todo, alarmado por el espectacular despegue del vecino y rival Dubái.
Por eso, desde el principio, su reinado se caracterizó por un afán modernizador frenético y por una ofensiva propagandística de dimensiones planetarias.
Había que poner a Qatar en el mapa. También diplomática: su país, por muy pequeño que fuese, tenía que trazar su proyecto al margen de Arabia Saudí. Se había terminado la era de una relación rayana en el vasallaje.
Hamad impulsó una diversificación decisiva: junto al petróleo, el gas, que ha multiplicado masivamente la renta energética.
Pero había que seguir diversificando: en 2008, publicó el documento estratégico Qatar National Vision 2030, del que se desprende la voluntad de acabar con la dependencia exclusiva de los hidrocarburos –sin, obviamente, renunciar a ellos– y apostar igualmente por otras formas de desarrollo. Medioambiental, por ejemplo.
Hamad volvió a sorprender con la cuestión sucesoria, en la que adoptó una actitud tan tradicional como innovadora. Se mantuvo fiel a la costumbre de su estirpe al designar sucesor (masculino) entre su numerosa descendencia –no tiene por qué ser el primogénito– y rompió la baraja al renunciar al trono en vida. En 2013, su hijo Tamim Ben Hadad, nacido en 1980, le sucedió como Emir de Catar.
Algo más introvertido que su padre, reservó a España –con motivo de su visita de Estado de hace unos meses– el pequeño privilegio de mostrar por primera vez en público a su esposa, la jequesa Jawaher. Es la primera con la que contrajo matrimonio y es la madre de varios de sus trece hijos.
Pero esa discreción –le encantan los paseos de incógnito por París– no debe hacer olvidar que aplica con energía la agenda multidimensional de su padre a la que ha aportado su toque, principalmente en el plano deportivo.
Suya fue la idea de comprar el Paris Saint-Germain. También la de convertir al Emirato en sede de competiciones deportivas de postín: el Mundial es la pieza básica de esa estrategia.
Al Emir Tamim le falta aún imponerse, como hizo su progenitor, en el tablero geopolítico. Tiene tiempo, pero sabe que en el Mundial él también se la juega.

Ricos solo por nacer

Los Al-Thani proceden de una tribu saudí –la misma a la que perteneció Mohamed Ben Abdelwahab, fundador del wahabismo– que se afincó en Qatar en el siglo XVIII, haciéndose con el poder un siglo más tarde. A través de sus diferentes ramas, sus descendientes constituyen alrededor –es difícil saberlo con exactitud– del 20 % de la población del emirato.

Según cuenta Christian Chesnot, en Le Qatar en 100 questions, solo por nacer, cada Al-Thani percibe una renta mensual de 1.000 rials (unos 250 euros) que se va multiplicando según avanza en edad. Así las cosas, al cumplir 18 años, la renta se eleva a los 20.000 riales a las que se añaden otros 15.000 cuando contrae matrimonio, salvo si lo hace con una mujer de nacionalidad distinta a las petromonarquías del Golfo o si profesa una fe que no sea la islámica. ¿De donde procede el dinero? Del erario: en Qatar la frontera entre el dinero público y la fortuna de los Al-Thani suele ser tenue.
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