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16 de julio de 2024

Mohamed VI durante su discurso del aniversario de la Marcha Verde en la noche del sábado

Mohamed VI durante su discurso del aniversario de la Marcha Verde en la noche del sábado

Sáhara Occidental

La influencia del Rey de Marruecos un año después del 'volantazo' de España: plantón a Sánchez y condena en Europa

El monarca alauí es quien marca las directrices de la política exterior del país norteafricano

Hace exactamente un año, el 14 de marzo de 2022, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se dirigía al Rey de Marruecos, Mohamed VI, para comunicarle que España reconocía la propuesta marroquí de autonomía, presentada en 2007, como la base «más seria, creíble y realista» para la resolución del conflicto del Sáhara Occidental.

Un volantazo en la política exterior española, que pilló por sorpresa incluso a algunos miembros del Ejecutivo de Sánchez y que, en un primer momento, este intentó negar. Pero días después, Marruecos filtró la misiva escrita por el presidente español, donde confirmaba el giro con respecto a la ex colonia española.

¿Qué ha cambiado tras el volantazo español? Para España, el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara ha supuesto más promesas vacías que otra cosa. Es cierto que, en materia migratoria, la situación en los tres puntos calientes de nuestra geografía, Canarias, Ceuta y Melilla, ha experimentado una mejora con respecto al mismo período del año pasado, según datos del Ministerio del Interior.

Aunque también se especula sobre el estado de salud del monarca, ya que el pasado mes de febrero canceló el viaje que tenía previsto a Senegal a causa de una «gripe». El secretismo en torno a la salud de Mohamed VI es máximo. Un Rey ausente, que la única ocasión en la que se ha mostrado en público estos últimos meses fue cuando Marruecos ganó a España en el Mundial de Qatar. Mohamed VI apareció vestido con la camiseta de la selección en el interior de un vehículo por las calles de Rabat.

Posteriormente, el monarca alauí recibió a los jugadores en el Palacio Real, el pasado mes de diciembre. En una imagen difundida por la Casa Real, Mohamed VI aparece posando junto a la selección de su país, claramente más delgado. Desde ese día, el Rey de Marruecos se ha mantenido en la sombra. No es la primera vez que el monarca desaparece de la vida pública de los marroquíes, pero aunque se haya desvanecido, Mohamed VI siempre tiene la última palabra en lo que respecta a la política exterior de Marruecos.

Una política que se ha vuelto cada vez más beligerante, sobre todo, tras el espaldarazo del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, en 2020, cuando reconoció la soberanía marroquí del Sáhara Occidental, a la que España se sumó, dos años después. El monarca alauí ha conseguido desplegar una fuerte red de influencia en gran parte de los países europeos, entre ellos el nuestro, con grandes figuras del Partido Socialista haciendo campaña por los intereses de Rabat.

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, calificó de «valiente» y «acertada» la postura de Sánchez con respecto al Sáhara Occidental. Otro ejemplo más sería la noticia publicada por El Confidencial que denuncia que la hija del comisario general de Información de la Policía Nacional trabajó durante años en España para la inteligencia marroquí.

Los tentáculos de Rabat se pueden apreciar especialmente en la Unión Europea. El pasado mes de enero, el Parlamento Europeo aprobó una resolución de condena contra Marruecos, con el único voto en contra del grupo socialista español. Asimismo, el reino alauí se ha visto implicado en una trama de corrupción en la Eurocámara, bautizada como el Marruecosgate.

Uno de los principales implicados en la trama de corrupción en Bruselas, el socialista italiano Pier Antonio Panzeri, admitió que Marruecos había pagado a eurodiputados para influir en las decisiones de la institución comunitaria con respecto al país norteafricano. Según apuntan los medios belgas, tanto Panzeri como su sustituto en la Eurocámara, Andrea Cozzolino, habrían viajado hasta Rabat para reunirse con Yassine Mansouri, el jefe de la DGED, la única agencia de inteligencia de Marruecos que depende directamente del monarca.

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