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30 de mayo de 2024

Aquilino Cayuela
Aquilino Cayuela

Irán y Arabia Saudí, el acercamiento de dos rivales

El deshielo de relaciones diplomáticas entre Arabia Saudí e Irán es histórico pues son países rivales que, además, lideran uno el Islam sunita y, otro, el chiita en Oriente Medio

Actualizada 04:30

El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Hossein Amir-Abdollahian, con su homólogo saudita, Faisal bin Farhan, en Teherán

El Ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Hosein Amir-Abdolahian, con su homólogo saudita, Faisal bin Farhan, en TeheránAFP

Arabia Saudí espera pronto que el presidente de Irán, Ebrahim Raisi, pueda visitar su reino, después de una invitación del rey Salman bin Abdulaziz, tras el encuentro del pasado 17 de agosto entre el ministro de Relaciones Exteriores saudí, el príncipe Faisal bin Farhan, con su homólogo iraní, Hosein Amir Abdolahian. Éste valoró su viaje a Riad como un éxito.
Faisal bin Farhan confirmó que se cerraban así «años de relaciones diplomáticas congeladas». El ministro iraní iba acompañado precisamente del nuevo embajador iraní en el reino saudí, Alireza Enayati. Además, bin Farhan, jefe de la diplomacia iraní, cubrió una serie de reuniones con otros cargos saudíes.
El acercamiento entre Arabia Saudí e Irán es histórico pues son países rivales que, además, lideran uno el Islam sunita y, otro, el chiita en Oriente Medio, con importantes diferencias en materia de doctrina, rituales, leyes, teologías y organización

Ambas países acordaron, con la mediación de China, la normalización de sus relaciones diplomáticas, rotas desde 2016

Como parte del acuerdo, Irán abrió a principios de junio su embajada en Riad y su consulado general en la ciudad saudí de Yeda, mientras que Arabia Saudí lo hizo en agosto y esta semana pasada reabrió su consulado en la ciudad sagrada de Mashad.
Arabia Saudí cortó relaciones diplomáticas con Teherán en 2016 tras los ataques sufridos en sus sedes diplomáticas en ese país a causa de la ejecución de un importante clérigo chií.
El acuerdo de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países allanó el terreno para la readmisión de Siria en la Liga Árabe tras 12 años de suspensión, además de las conversaciones entre Irán y Egipto para normalizar sus relaciones y de negociaciones de paz en Yemen.

Israel en la ecuación

¿En qué medida esto puede interferir en la mejora de relaciones entre los saudíes e Israel? Recordemos que tras los «Acuerdos de Abraham» en 2020 que formalizaron la normalización de los lazos entre Israel, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos se avivó la expectativa de un acuerdo aún más trascendental con los saudíes.
En la actualidad, Jerusalén y Riad mantienen relaciones de inteligencia y seguridad, aunque no declaradas y los dos países cooperan de otras formas limitadas: Arabia Saudí permite a las aerolíneas comerciales israelíes atravesar su espacio aéreo de camino a Asia.
Israel también firmó un acuerdo por el que Egipto devolvía dos pequeñas islas del mar Rojo a Arabia Saudí, y está pendiente un acuerdo que permitiría a los peregrinos musulmanes de Israel tomar vuelos directos a Arabia Saudí para celebrar el «hach» o «hajj» (la peregrinación a la Meca).
The Guardian ha informado que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se ha reunido al menos una vez con el príncipe heredero Mohammed bin Salman, en Arabia Saudí.
Los vuelos directos de Israel a Qatar durante el Mundial de Fútbol de 2022 demostraron que podría ser posible ampliar aún más el círculo de cooperación. De hecho, Israel y Arabia Saudí se estaban convirtiendo cada vez más en socios estratégicos de facto ante el creciente desafío de Irán y las amenazas de los grupos yihadistas.
A un Irán crecientemente, aislado y castigado internacionalmente, con Washington y Tel Aviv marcando el ritmo; presionado, además, por su apoyo a Rusia no podía beneficiarle que la monarquía saudí terminara por alinearse definitivamente con Israel, liderando lo que en ocasiones se ha denominado una «OTAN árabe» que tendría a Irán como primer enemigo abatir, por lo que este giro saudí supone un alivio.
Para Riad lo más urgente es conseguir un cambio de actitud iraní en el Yemen y evitar verse afectados por el previsible deterioro de las relaciones Washington-Teherán, una vez que se aleja la posibilidad de un nuevo acuerdo nuclear.
Empantanados desde hace ya más de siete años en un conflicto en el que han demostrado su escasa capacidad operativa los saudíes buscan una salida airosa, lo que pasa por algún tipo de acuerdo con la minoría huzí, respaldada por Teherán. De igual modo, mirando a China (Xi Jinping visitó Riad el pasado diciembre), el régimen saudí también pretende enviar un mensaje a Washington, haciéndole ver que tiene alternativas a su alcance en el caso de no recibir el trato al que se considera merecedor, tanto en el terreno económico como también en el militar si fuera preciso.
China vuelve a dar un ejemplo de creciente sabiduría diplomática y de pragmatismo. A diferencia de Washington, Pekín mantiene buenas relaciones con las dos capitales, convertido en el principal cliente de Arabia Saudí y en el principal sostén de un Irán asediado por Washington.
Esta misma semana en la cumbre de los BRICS parecen haberse estrechado todavía más sus relaciones, al menos su alineamiento, junto al anuncio de la incorporación de ambos países a este grupo. Ahora, además de los citados Irán y Arabia Saudí, se incorporarán: Emiratos Árabes Unidos, Argentina, Egipto y Etiopía, como primera fase de la ampliación del grupo.
Mohammad Jamshidi, vicepresidente para Asuntos Políticos de la Presidencia de Irán ha calificado de «éxito estratégico» y acontecimiento histórico su entrada en los BRICS, también el ministro de Exteriores de Arabia Saudí, Faisal bin Farhan, afirma que es una gran ocasión de desarrollo económico y oportunidades.
Teherán y Riad están más cerca que nunca aunque no sabemos por cuanto tiempo.
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