Fundado en 1910

16 de julio de 2024

Grégor Puppinck, director del Centro Europeo por la Ley y la Justicia

Grégor Puppinck, director del Centro Europeo por la Ley y la JusticiaCortesía

Entrevista al director del Centro Europeo por la Ley y la Justicia

Grégor Puppinck:«Los derechos humanos no son universales e intemporales, como se pretendía»

El abogado y activista argumenta que la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada hace 75 años, se debate entre las pretensiones del liberalismo occidental y la presión islámica, africana y asiática

Grégor Puppinck, director del Centro Europeo para la Ley y la Justicia, con sede en Estrasburgo y acreditado ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, es un incansable luchador a favor de la libertad religiosa -fue el artífice de la defensa de la presencia del crucifijo en las aulas y del derecho a la vida en todas sus dimensiones.

Puppinck plasmó su pensamiento en un libro, «Mi derecho es la ley», en el que critica la reinterpretación original de los derechos humanos.

–¿Cuál es su impresión 75 años después de que la ONU aprobara la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

–Cuanto más tiempo pasa, más nos damos cuenta de que esta Declaración estaba fechada: queríamos que fuera universal e intemporal. Al final, no fue ni universal ni intemporal. Por una parte, sólo fue adoptada por algunos países en un contexto todavía colonial, pues existían muchos menos países. Los países occidentales dominaban ampliamente el escenario.

Por tanto, no se puede decir que esta declaración fuera universal en la medida en que muchos países que aún no existían no participaron en su elaboración. Pienso en países africanos, países musulmanes y algunos países asiáticos. El contexto era muy diferente, y esto es evidente hoy en día. En este sentido, podemos decir que la Declaración no era universal, ya que se inspiraba en el pensamiento occidental.

–¿Por qué?

–Esta Declaración era universal sólo desde un punto de vista filosófico. Se presentaba como universal en la medida en que no era más que una expresión de la filosofía occidental, que a su vez pretende haber alcanzado una verdad universal.

En los últimos 75 años, la concepción del hombre y de la naturaleza humana han cambiado considerablemente

En cuanto a su carácter intemporal, en su momento se pensó que era una declaración válida para todos los tiempos: también podemos constatar que esto ya no es cierto, esta perspectiva está fuertemente cuestionada, ya que en los últimos 75 años, la concepción del hombre y de la naturaleza humana han cambiado considerablemente, lo que ha provocado divergencias en la comprensión de lo que son los Derechos Humanos.

Estas diferencias son claramente visibles en Europa, pero también en los países musulmanes y asiáticos. 75 años después, la universalidad y la intemporalidad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aparecen más que cuestionadas, como una afirmación pretenciosa hecha en su momento que hoy se ha relativizado enormemente.

–¿Qué queda del texto original?

–El texto original sigue ahí, con sus ambigüedades, en particular en lo que se refiere a la definición o al significado de la dignidad humana. Hay ambigüedades sobre la cuestión de la vida.

También hemos visto que esta Declaración adoptada después de la Segunda Guerra Mundial no impidió que fuera violada masivamente a lo largo de la era comunista por dictaduras de tipo soviético, ni impidió el genocidio.

Es, en efecto, una gran declaración de principios, pero su alcance y su eficacia han sido escasos. Es importante darse cuenta de que no todo el mundo considera los derechos humanos como una referencia absoluta. En el resto del mundo, los problemas son mucho más básicos. Son problemas de supervivencia y de acceso al agua, la medicina y la educación.

–¿Por qué se distorsiona cada vez más la Declaración?

-Desde los años 80, y sobre todo en los 90, han aumentado las tensiones ideológicas, que han llevado a interpretaciones divergentes de los derechos humanos. Esto significa que estamos perdiendo el consenso de 1948, porque entonces, insisto, éramos muchos menos.

En Occidente, se produjo la revolución cultural de mayo del 68, completada por la de los años 70, constituida por el individualismo, el materialismo y el laicismo, que llevó a una nueva interpretación de este enfoque y a la creación de nuevos derechos.

–Al mismo tiempo…

–También se produjo la afirmación del islamismo como pensamiento político internacional, lo que significa una interpretación de los derechos humanos compatible con la sharía. Así que vemos cómo los derechos humanos se debaten entre una interpretación occidental ultraliberal, incluso posmoderna y una interpretación islámica.

Vemos cómo los derechos humanos se debaten entre una interpretación occidental ultraliberal y una islámica

También está el enfoque africano, que es más intermedio, y luego un enfoque asiático a través de China. De ahí que el consenso inicial se está rompiendo, suponiendo que alguna vez existiera.

–Eso implica muchas dificultades prácticas.

–La dificultad para quienes quieren mantener los derechos humanos es mantener la cohesión. Las organizaciones islámicas quieren imponer su visión y las organizaciones liberales e individualistas estadounidenses quieren imponer la suya.

–¿Hay razones filosóficas?

–Hay dos razones. La primera es que no estamos de acuerdo en qué es el hombre. El desacuerdo fundamental es de tipo religioso: o ateísmo o creencia en un Dios. Es lo que distingue a muchos países de otros. La segunda tiene que ver con la naturaleza de las instituciones internacionales como instrumento de poder. Aunque en sus inicios se soñó con hacer de ellas instituciones que protegieran de los excesos de la política, la realidad es que se han convertido en herramientas de política politiquera. De ahí que el ideal de tener unos derechos humanos por encima de la política y de los Estados en insostenible, pues los derechos humanos, que son normas morales, están completamente integrados en la política.

–¿Cuál es el papel que juegan algunas organizaciones en el proceso?

–Las grandes fundaciones internacionales privadas, como la Ford o la Rockefeller, siempre han acompañado el desarrollo de las organizaciones internacionales, llegando incluso a financiar parte de sus inicios. Es el caso de la ONU.

Son empresarios que han amasado una fortuna, no personas con inquietudes democráticas, sino preocupadas por el control y el poder

También ha habido otras fundaciones aún activas, como la Ford, está la Open Society, muy conocida, controlada por George Soros, sin olvidar a la Fundación Gates. Estas entidades de billonarios norteamericanos tienen una visión global del mundo: son empresarios que han amasado una fortuna, no personas con inquietudes democráticas, sino preocupadas por el control y el poder. Por lo tanto, quieren y pueden utilizar las instituciones internacionales para aplicar su propia política.

–¿Por ejemplo?

–Queda claro en materia de política demográfica o de sanidad y es cada vez más claro en materia de «nuevos derechos humanos» (aborto, eutanasia, causa gay). Estas fundaciones de origen norteamericano utilizan las instituciones como palanca de poder global.

Comentarios
tracking