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Ofrendas florales y un retrato se ven en la tumba del fallecido líder de la oposición rusa Alexei Navalny en el cementerio de Borisovskoye, en Moscú,

Ofrendas florales y un retrato se ven en la tumba del fallecido líder de la oposición rusa Alexéi Navalni en el cementerio de Borisovskoye, en MoscúEFE

Putin trata de acabar con el recuerdo de Navalni cuando se cumple un año de su muerte

Los motivos del fallecimiento del opositor ruso siguen sin haberse esclarecidos mientras que la familia sigue responsabilizando al mandatario ruso y su entorno

Este sábado se cumple un año desde que el opositor ruso, Alexéi Navalni (47 años), muriera en extrañas circunstancias en la colonia penal IK-3 de Jarp, en la región de Yamal-Nenets, a unos 1.900 kilómetros al noreste de Moscú, donde había sido trasladado tan solo unos meses antes. Para el Kremlin todo lo que recuerde a Navalni es visto como una amenaza. Desde su fallecimiento, la persecución contra opositores o simpatizantes del disidente ha continuado. De hecho, su mujer, Yulia Navalnaya, fue incluida en la lista negra después de que los tribunales rusos la declararan en busca y captura acusada de participar en una organización terrorista.

El tribunal de San Petersburgo llegó incluso a designar como «terrorista» el nombre, apellido e imagen de Navalni. Sin embargo, a pesar de la obsesión del Kremlin y, sobre todo, del presidente ruso, Vladimir Putin, por borrar cualquier rastro del que fue su mayor opositor y amenaza, nada podrá evitar que, este domingo, cientos de seguidores de Navalni visiten el cementerio Borisovskoye, en Moscú, donde se encuentra su tumba, que ya luce repleta de rosas rojas. Su viuda anunció, el pasado mes de diciembre, un concurso para diseñar, precisamente con motivo del primer aniversario de la muerte de Navalni, un monumento que se instalaría en su tumba.

Hasta este inocente gesto ha sido visto por el régimen como un ataque y, a finales del pasado año, Moscú bloqueó el acceso al sitio web donde se podían ver las propuestas para elegir el monolito funerario. Este viernes, con motivo de la 61ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), Navalnaya advirtió de que «no tiene sentido negociar» con Putin. A tan solo dos días de que se cumpliera el aniversario de la muerte de su marido, Yulia participó en una mesa de debate junto a la líder de la oposición bielorrusa en el exilio Svetlana Tijanóvskaya, y, como no podía ser de otra manera, se pronunció sobre las supuestas conversaciones de paz que el presidente de Estados, Donald Trump, quiere iniciar con su homólogo ruso para poner fin a la guerra en Ucrania que este mes de febrero entra en su tercer año.

«[Putin] Traicionará. Cambiará las reglas en el último momento y los obligará a jugar su juego», aseveró la viuda de Navalni. «Sólo hay dos resultados posibles para cualquier acuerdo con Putin. Si permanece en el poder, encontrará una manera de romper el acuerdo. Si pierde el poder, el acuerdo perderá sentido», explicó. Fue exactamente hace un año, en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2024, cuando Navalnaya recibió la terrible noticia de la muerte de su marido. En un emocionante discurso, ovacionado por todos los presentes, prometió que Putin y su entorno serían llevados ante la justicia «pronto». «Vladimir Putin pagará por lo que hizo», prorrumpió la viuda de Navalni, con lágrimas en los ojos.

Las extrañas condiciones en las que murió Navalni nunca se han llegado a esclarecer. La familia culpa directamente al mandatario ruso, que ya intentó acabar con la vida del opositor en 2020, envenenándolo con el agente nervioso novichok en un ataque organizado por el FSB, los servicios secretos rusos herederos del KGB soviético. El disidente consiguió salvar su vida al ser tratado en un hospital en Alemania. Una vez recuperado, Navalni decidió volver a Rusia, a pesar de que era consciente de que era una condena a muerte. Nada más pisar suelo ruso, el opositor fue detenido y, tres años más tarde, acabaría muriendo en una remota cárcel de Siberia, conocida como el «Lobo Polar» por sus duras condiciones, en pleno Ártico, donde cumplía una condena de 30 años.

La versión oficial del Kremlin defiende que su muerte fue causada por una arritmia. Sin embargo, la familia, que fue privada durante semanas de ver el cuerpo, tachó las explicaciones del régimen ruso de un «intento bastante patético de ocultar que lo sucedido es un asesinato». Un año después, el recuerdo de Navalni sigue vive, aunque, dentro del Kremlin, nadie ha pagado ni rendido cuentas por su muerte. Putin, por su parte, volvió a ganar en unas elecciones hechas a su medida y ahora parece que, gracias a Trump, sale de su ostracismo internacional para negociar una salida digna a la invasión rusa de Ucrania.

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