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Ciro Murayama, economista mexicano

Ciro Murayama, economista mexicano

Entrevista director en España del Centro de Estudios Mexicanos de la UNAM

Ciro Murayama: «Trump ha pateado el tablero y México no tiene estrategia para responder»

La imposición del arancel del 25% a las exportaciones mexicanas, aplazada otra vez hasta abril, pone en jaque la estructura económica del país, su relación con EE.UU. y su futuro en el comercio global

La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de imponer –ahora partir del 2 de abril– un arancel del 25 % a las exportaciones mexicanas, golpea de lleno a la segunda economía de América Latina –después de Brasil– y su principal socio comercial. Con una economía profundamente integrada e interdependiente de EE.UU., y sin una estrategia clara para diversificar sus mercados, México se ha convertido en las barbas del vecino de Trump y enfrenta un desafío que puede redefinir su propio modelo de desarrollo.

El T-MEC (tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá) que reemplazó en 2020 al TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte en vigor desde 1994) y que regulaba hasta ahora el comercio entre los tres países, incluidas reglas claras sobre aranceles, parece quedar en papel mojado.

México se aferró a un clavo ardiendo y ese clavo se desprendió del muro

Para analizar las consecuencias de la medida y qué esperar del Ejecutivo de Claudia Sheinbaum, quien este domingo se pronunciará en la histórica Plaza del Zócalo, El Debate ha entrevistado a Ciro Murayama. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y director en España del Centro de Estudios Mexicanos de esa universidad mexicana de referencia, pronostica que «el golpe fundamental se lo llevará la industria». El «drama» radica en que «México se aferró a un clavo ardiendo y ese clavo se desprendió del muro». El experto alude a que la relación establecida bajo el consenso de Washington se ha desvanecido, lo que obliga a México a encontrar nuevos marcos comerciales y revisar su escasa inversión interna.

¿Qué impacto tendría en la economía de México el 25 % de aranceles a sus importaciones?

–México apostó todo al comercio exterior como motor de crecimiento, pero lo hizo sin fortalecer su mercado interno ni diversificar sus socios. El 83 % de sus exportaciones van a Estados Unidos, lo que representa el 32 % del PIB. Un arancel de esta magnitud afecta directamente la estructura económica del país.

El golpe fundamental es en la industria. El sector más afectado es el manufacturero, especialmente maquinaria, equipos electrónicos y automóviles (37 % y 28 %). Les siguen los instrumentos ópticos y médicos (5,4 %); productos vegetales y alimentarios (4,4 %) que incluye frutas, hortalizas, aguacates y frutos rojos; bebidas (4 %), incluidas alcohólicas como cerveza y tequila; y minería (3,6 %).

Ford, General Motors y otras empresas fabrican piezas en México y ensamblan en EE.UU.

No es solo un problema para México: el comercio entre ambos países es intrafirma, es decir, Ford, General Motors y otras empresas fabrican piezas en México y ensamblan en EE.UU. La medida de Trump encarece su propia producción y afecta la competitividad estadounidense.

-¿Cómo se verá afectado el modelo exportador mexicano?

–México apostó por la globalización y el comercio exterior como eje de su desarrollo. Aunque las exportaciones crecieron 142 % desde inicios de siglo a una tasa anual del 4,1 %, el crecimiento del PIB ha sido de apenas 1,6 % anual y per cápita, del 0,8 %.

Este modelo ha generado una economía con fuerte presencia en los mercados internacionales, pero con crecimiento limitado y altos niveles de pobreza y desigualdad. De los 130 millones de habitantes en México, casi 50 millones viven en pobreza. A diferencia de los países asiáticos que también se integraron a la globalización, México abrió su economía pero descuidó su política industrial.

El éxito exportador ha beneficiado a un grupo reducido de empresas altamente productivas, mientras que la mayoría de la economía opera en la informalidad y con baja productividad. La inversión pública es del 2,5 % del PIB, lo que restringe el desarrollo de infraestructuras claves para nuevas industrias. La recaudación fiscal, del 16 % del PIB, es la más baja de la OCDE, limitando la capacidad del Estado para invertir en educación, salud y energía.

–¿La decisión de Trump abre también una crisis del T-MEC?

–Absolutamente. Lo que ha hecho Trump es patear el tablero del T-MEC, un acuerdo que, en teoría, debía garantizar estabilidad comercial en América del Norte. Es un acuerdo con obligaciones recíprocas y derechos compartidos. Si EE.UU. impone aranceles arbitrarios a su principal socio, está destruyendo la confianza en el acuerdo. ¿De qué sirve tener un tratado si puede ser violado unilateralmente por una decisión política?

–Esta medida también parece ser no solo un mensaje para sus vecinos, sino un adelanto de cómo Trump manejará el comercio exterior con toda la región. ¿Cómo podría impactar esto a otros países?

–Lo que México debería estar haciendo es acudir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y activar todos los instrumentos previstos en la legislación internacional para defender sus intereses con la ley en la mano. Cuando tú te enfrentas a un abusón y te deshaces de la ley, acabas jugando en su terreno.

Es mejor tener una mesa de tres, que estar en un cuarto a solas con TrumpSobre el Tratado el T-MEC con Canadá y EE.UU.

Y eso no lo hemos visto por parte del gobierno mexicano y creo que tampoco desde Canadá. Es decir, debería de aspirarse a que, al menos jurídicamente, Trump sea derrotado por esta imposición unilateral e ilegal de aranceles. Deberíamos de tener un diálogo muy cercano con Canadá. México y Canadá están siendo víctimas de un mismo agresor y cada uno está reaccionando de manera descoordinada. Es mejor tener una mesa de tres, que estar en un cuarto a solas con Trump.

Sería fundamental una cumbre México-Canadá, reunirse con los países latinoamericanos y tender puentes con Europa.

México debería fortalecer su relación con Europa, Asia y América del Sur

–¿Cómo cree que debería reaccionar México ante este escenario?

–México necesita, sí o sí, diversificar su comercio. No se trata de sustituir a EE.UU., porque eso es imposible a corto plazo, pero sí de fortalecer su relación con Europa, Asia y América del Sur. China, por ejemplo, se ha convertido en un socio comercial clave para muchos países latinoamericanos. ¿Dónde está la estrategia mexicana para insertarse en nuevas cadenas de valor globales?

–¿Hay margen para que España o la Unión Europea se conviertan en socios estratégicos de México?

–Debería haberlo. España es el segundo mayor inversor en México después de EE.UU., y la Unión Europea tiene un acuerdo comercial con el país. Sin embargo, la relación ha estado en segundo plano porque México ha vivido bajo la sombra del mercado estadounidense.

La crisis actual es una oportunidad para que México se acerque a Europa con una agenda comercial más ambiciosa. Pero esto requiere una visión de largo plazo, una estrategia industrial y, sobre todo, seguridad jurídica para atraer inversión.

–¿Qué mensaje envía al resto del mundo el caso mexicano?

–México no puede depender de la volatilidad de Trump. Como una de las 10 naciones más pobladas y segunda economía de Latinoamérica, necesita estrategias propias y diversificar su comercio. Aunque EE.UU. seguirá siendo su principal socio, no puede prescindir de un horizonte estratégico. No podemos darnos el lujo de no tener agenda, de no ejercer la diplomacia y de creer que con mítines callejeros enfrentaremos la peor amenaza política y económica del último siglo.

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