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La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline LeavittGetty Images via AFP

El juego de la silla: el último choque entre la Casa Blanca y los periodistas acreditados en la sala de prensa

El Gobierno amenaza con redistribuir los asientos y ceder los puestos claves a `influencers´, comentarista, ´youtubers´ y estrellas de redes sociales

Las relaciones entre la prensa y la Casa Blanca van de mal en peor. Los agravios de la Administración de Donald Trump a periodistas han dejado de ser algo excepcional. A este escenario se suma la prohibición del Gobierno de acreditar a la agencia Ap por no referirse al Golfo de México como Golfo de América, o la batería de descalificaciones que recibió el director de la revista The Atlantic por difundir el chat de Signal, donde le habían incluido, y donde se decidió bombardear Yemén. Los casos o roces entre lo que un día fue el cuarto poder y el Gobierno de la primera potencia del mundo se suceden.

El último ha estallado en el corazón de la Casa blanca. The New York Times publica que en el salón James S.Brady, donde se celebran las ruedas de prensa, hay una auténtica revolución después de que el Gobierno comunicara que tiene intención de redistribuir los asientos asignados. Hasta ahora esa decisión era responsabilidad de la Asociación de Corresponsales que cubren en exclusividad Presidencia. La directiva de esta organización envió una carta a la Secretaria de medios, Karoline Leavitt, donde expresó airadas protestas por una decisión que aún no se ha hecho efectiva.

Las presiones

Entre los argumentos que da para quejarse de lo que considera «una intromisión» añade que lo que pretende el Gobierno es «ejercer presión sobre los periodistas sobre coberturas con las que no están de acuerdo.» Dicho esto, añade: «La Casa Blanca debería abandonar este esfuerzo equivocado y mostrarle al pueblo estadounidense que no tiene miedo de explicar sus políticas y responder preguntas de unos medios de comunicación independientes y libres del control del Gobierno.»

Los periodistas insisten es que el telón de fondo apunta a su intento de cercenar la libertad de expresión y destaca que los puestos reflejan la influencia del medio y del periodista. En ese sentido, apuntan que «para que la audiencia obtenga la información que necesita para comprender y tomar decisiones sobre la oficina más poderoso del mundo, necesita noticias producidas por periodistas experimentados y profesionales que hagan preguntas difíciles y produzcan una cobertura justa.»

El Gobierno quiere acreditar a influencers, podcaster, comentaristas y estrellas de redes sociales

La observación de la asociación, formada por decenas de agencias, periódicos globales, menores y plataformas emergentes, sale al paso de la idea del Gobierno de acreditar a influencers, podcasters, comentaristas y estrellas de redes sociales. Steven Cheung, director de comunicación de la Casa Blanca, respondió a la carte con una palabra dirigida al director de la asociación: «Estúpido» y Karoline Leavitt, más moderada, descalificó la misiva al considerarla «fundamentalmente poco seria».

En su descargo Leavitt dijo: «Creemos que es fundamentalmente injusto que un grupo de periodistas elitistas de Washington D.C. elija quién cubre al presidente de Estados Unidos». A renglón seguido, añadió: «Los medios de comunicación han cambiado mucho en las décadas de cobertura periodística aquí en la Casa Blanca y es hora de que la cobertura cambie con ellos».

49 asientos fijos

The New York Times recuerda que en la sala de prensa, construida sobre una antigua piscina, hay asignados 49 asientos fijos mientras el resto de los acreditados se mantienen de pie durante las intervenciones o siguen éstas por pantallas. En total hay acreditados 900 periodistas en la Casa Blanca. Todos ellos forman parte de la asociación mencionada que a su vez se ocupa de organizar la cena anual a la que asiste el presidente y donde encaja las humoradas de algún artista invitado.

Trump aguantó el chaparrón en su primera legislatura, pero salvo cambio de decisión de última hora, no tiene previsto asistir a la de este año del 26 de abril. Tampoco Leavitt acudirá. Y, finalmente, fallará la actuación de Amber Ruffin, a la estrella invitada que no tuvo mejor ocurrencia que calificar a Trump y a su Administración de «una especie de banda de asesinos.»

The New York Times también apunta que el gobierno estaría estudiando organizar por su cuenta, en esa misma fecha, una cena de gala con los medios que considera afines y los emergentes.

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