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Liliana Segri, senadora italiana víctima del holocausto

Liliana Segri, senadora italiana víctima del holocaustoRR SS

La Justicia italiana investiga 86 cuentas de redes por difamar a la senadora Liliana Segri

De 94 años y superviviente del campo de concentración de Auschwitz, es víctimas de ataques de grupos que la acusan de nazi

La justicia italiana investiga 86 cuentas relacionadas con los ataques en redes sociales contra la senadora vitalicia Liliana Segre, tras su participación en los actos del Día de la Liberación, el 25 de abril, además de imputar a 16 personas por los ataques.

Los insultos contra Segre, de 94 años y superviviente del campo de concentración de Auschwitz, llegaron después de su participación en la ceremonia del 25 de abril en Pesaro (centro de Italia), en la que se conmemoró la fiesta de la Liberación, con ataques en redes sociales como «La más nazi de todas», «Vieja, el pueblo italiano no te quiere» y «Una mantenida por quienes trabajan, un parásito».

En una resolución publicada este lunes por medios locales, que reproduce Efe, el juez de instrucción de Milán, Alberto Carboni, ordenó a la Fiscalía identificar a los autores de los mensajes ofensivos, seguir los procedimientos iniciados a solicitud de la senadora vitalicia italiana y mantener las investigaciones sobre las 86 cuentas implicadas.

Además, el magistrado dispuso la imputación de 9 personas adicionales que no habían sido investigadas previamente, así como la de 7 de las 17 personas para las que la Fiscalía había solicitado el archivo de la causa.

Carboni subrayó en su resolución que acusar a una sobreviviente de los campos de exterminio de «nazismo» es una difamación y una «afrenta a la verdad objetiva», calificando estas acusaciones como «la más infamante de las ofensas» para la reputación de Segre, quien ha dedicado su vida a atestiguar los horrores del régimen nazi y a preservar la memoria del Holocausto.

También subrayó que «la web no puede ser una zona franca», y aclaró que «la pantalla de un ordenador no es una barrera que garantice el anonimato», ni el teclado debe ser considerado un «arma contra la cual no haya defensas».

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