Meloni quiere blindar la energía en Italia
Meloni lanza su apuesta nuclear para blindar Italia y evitar apagones como el de España
Italia se mueve con rapidez mientras España lidia con las consecuencias del apagón masivo de hace unas semanas. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha dado un paso decisivo para reforzar la seguridad energética de su país y convertirlo en un polo de atracción para la inversión industrial con la creación de Nuclitalia, una nueva compañía energética orientada al desarrollo de reactores nucleares de nueva generación. El proyecto se constituye con la participación de Enel (matriz de Endesa), junto a las tecnológicas Ansaldo y Leonardo, y supone un viraje estratégico para un país que durante años había mantenido una postura ambigua respecto a la energía nuclear.
El lanzamiento de Nuclitalia se enmarca en una estrategia energética de doble vía. Por un lado, avanzar en la autonomía tecnológica y, al mismo tiempo, reforzar las interconexiones eléctricas con sus vecinos del sur de Europa. Solo 48 horas antes del anuncio nuclear, Meloni selló con el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, un acuerdo clave para construir un cable submarino entre Italia y Grecia con capacidad de 1.000 megavatios. La infraestructura supondrá una inversión de 1.900 millones de euros y busca posicionar a ambos países como hubs eléctricos en el Mediterráneo. «Nuestra situación geográfica es una ventaja extraordinaria», defendió Meloni, subrayando el valor geopolítico de las rutas energéticas en un mundo marcado por tensiones y bloqueos.
El apagón masivo del pasado 28 de abril en España y Portugal —el más grave en lo que va de siglo según la agencia europea ACER— ha servido de detonante para acelerar estos movimientos. Aunque España cuenta con uno de los precios de energía renovable más bajos de Europa, su escasa interconexión eléctrica con el resto del continente dejó en evidencia la fragilidad de su sistema. Solo la limitada conexión con Francia —y la ayuda de su parque nuclear— permitió reestablecer el suministro en cuestión de horas.
Mientras Italia ya cuenta con más de 30 interconexiones activas, España apenas alcanza un grado de conexión del 2 % con la red europea, muy por debajo del objetivo mínimo del 10 % fijado por Bruselas para este año. La promesa de una nueva interconexión submarina con Francia, firmada en 2015 bajo el Gobierno de Mariano Rajoy, ha sido pospuesta repetidamente y ahora no se espera hasta 2028, según reconocen las autoridades galas. Y el hidroducto entre Barcelona y Marsella, anunciado en 2023, aún está en fase de estudio de viabilidad técnica.
El contraste entre ambos modelos no puede ser más evidente. España es aún una isla energética, como ha admitido el propio Pedro Sánchez en sede parlamentaria. Italia, por su parte, actúa con una visión regional e integradora, apoyándose no solo en interconexiones sino también en una apuesta tecnológica de largo plazo, como es la reintroducción de energía nuclear en su mix. El propio Mitsotakis vinculó recientemente las interconexiones al riesgo de apagones como el español durante su intervención en el congreso del Partido Popular Europeo en Valencia, e instó a la UE a financiar este tipo de infraestructuras como parte de la estrategia energética común.
La primera ministr de Italia, Giorgia Meloni
En Bruselas, se reconoce la urgencia de avanzar en este terreno. La vicepresidenta tercera del Gobierno español, Sara Aagesen, ha pedido apoyo comunitario para relanzar las dos interconexiones pendientes con Francia, pero sus palabras no distan mucho de las que pronunció su antecesora, Teresa Ribera, en 2022.
El nuevo liderazgo energético del sur de Europa parece disputarse ahora entre Roma y Atenas, no entre Madrid y París. Meloni ha encontrado en la combinación de seguridad de red, cooperación regional e innovación nuclear una palanca de poder geoeconómico. Y aunque las inversiones llevarán tiempo en materializarse, el mensaje es claro: Italia se prepara para un futuro energético robusto, interconectado y menos dependiente, mientras España lucha por salir de su aislamiento estructural.