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Pasajeros agrupados en el aeropuerto de Lisboa tras el apagón

Pasajeros agrupados en el aeropuerto de Lisboa tras el apagónEFE

El día después del gran apagón en España y Portugal: dos países, dos maneras de gestionar la crisis

Mientras Lisboa reaccionó con rapidez, claridad y serenidad, el Gobierno de Sánchez optó por el silencio, la confusión y la improvisación

El lunes 28 de abril de 2025 será recordado en la Península Ibérica como el día en que todo se apagó. Durante horas, millones de ciudadanos en España y Portugal vivieron sin luz, sin trenes, sin acceso digital y, durante un buen rato, también sin explicaciones. Un fallo en la red eléctrica —originado, según las autoridades portuguesas, en el sistema español— sumió a ambos países en el desconcierto.

Mientras los ciudadanos se adaptaban como podían —algunos caminando kilómetros hasta casa, otros improvisando cenas a la luz de las velas o buscando refugio en bares y terrazas que aún ofrecían algo de normalidad—, la mirada se dirigía hacia los gobiernos.

La diferencia de respuestas entre Madrid y Lisboa no tardó en marcar la narrativa de la jornada. En Portugal, el primer ministro Luís Montenegro apareció ante los medios pocas horas después del apagón para explicar lo que se sabía, lo que no y lo que se haría a continuación. En España, Pedro Sánchez permanecía en silencio. No compareció hasta seis horas después del corte general. Y cuando lo hizo, no fue precisamente para dar certezas.

En las calles de Lisboa y Madrid se vivieron escenas similares: autobuses abarrotados, supermercados asaltados por ciudadanos previsores, hospitales funcionando con generadores de emergencia y familias tratando de reencontrarse sin la ayuda de móviles ni internet. Fue el mismo apagón, con una respuesta distinta.

Portugal, firmeza y pedagogía

En Lisboa, el primer ministro en funciones, Luís Montenegro, compareció públicamente pocas horas después del incidente para dar explicaciones claras y reconocer que el fallo no se había originado en la red portuguesa. Informó con naturalidad, sin alarmismo, y mostró la disposición de su Gobierno a colaborar con España y con las instituciones europeas para esclarecer lo sucedido.

Al día siguiente, Montenegro convocó un Consejo de Ministros extraordinario, pidió una auditoría independiente a la Unión Europea y anunció la creación de una comisión técnica nacional para evaluar la gestión de la crisis. En sus propias palabras, «la recuperación ha sido más rápida incluso en Portugal que en España», y aunque el país luso estaba importando energía del sistema español en ese momento, aseguró que Portugal tiene capacidad suficiente para sostenerse energéticamente si fuera necesario.

Exteriores del Movistar Arena donde un centenar de pasajeros pasaron la noche de este lunes

Exteriores del Movistar Arena donde un centenar de pasajeros pasaron la noche de este lunesEFE

Montenegro, además, advirtió de los riesgos de la desinformación en momentos de crisis y apeló a la confianza ciudadana en las instituciones. «No tiene sentido tener una prisa desmesurada por encontrar respuestas, porque así se abre la puerta a la manipulación», afirmó con contundencia.

España, retraso y confusión

Mientras tanto, en España, la reacción institucional fue tardía y confusa. Pedro Sánchez esperó casi seis horas para comparecer ante los medios y lo hizo sin aportar demasiada claridad. No descartó ninguna hipótesis —ni siquiera la de un ciberataque o un sabotaje— y anunció una investigación «independiente», aunque liderada por un ministerio de su propio gabinete.

A pesar de que Red Eléctrica Española descartó públicamente un ciberataque y apuntó a un incidente de origen solar como causa probable, el presidente del Gobierno insistió en que «no se descarta nada» y puso el foco en los operadores privados, prometiendo «exigir responsabilidades».

Mientras Montenegro hablaba de pedagogía y calma, Sánchez hablaba de operadores privados, sabotajes y conspiraciones energéticas. En ningún momento asumió responsabilidad política ni reconoció fallos en el sistema nacional, a pesar de que ya en marzo algunos informes habían alertado del riesgo de una sobrecarga en la red.

Portugal, sin aspavientos, ha sabido transmitir confianza y transparencia. España, entre silencios y discursos contradictorios, ha alimentado la incertidumbre. A la misma hora que los portugueses recuperaban la electricidad con normalidad y agradecían la claridad institucional, los españoles seguían preguntándose qué había pasado realmente. Y en política, a veces, la luz no basta. Hace falta también lucidez.

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