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Los candidatos Trzaskowski y Nawrocki durante un debate presidencialEFE

La incertidumbre se apodera de Polonia en vísperas de la elección presidencial

Las últimas encuestas de opinión publicadas en Polonia en vísperas de la segunda vuelta de la elección presidencial coinciden en mostrar un empate técnico —en torno al 47% de los votos— entre el liberal Rafal Trzaskowski y el conservador Karol Nawrocki. Tal vez al primero, que también es alcalde de Varsovia y candidato derrotado en la anterior elección presidencial, se le pueda otorgar una mínima ventaja, calculada en décimas.

«Los comicios se van a dirimir al filo de la navaja», repiten una y otra vez los dos bandos para movilizar a sus votantes en un clima de extrema tensión. El país afronta, más allá del juego político clásico, un dilema civilizatorio; el mismo que ha estructurado su vida política durante las dos últimas décadas, pero en un escenario interno y externo más agudizado que hace cinco años: elegir a Trzaskowski, figura del partido liberal del primer ministro Donald Tusk, u optar por el candidato soberanista Karol Nawrocki, respaldado por el partido conservador Ley y Justicia (PiS) implicará, en esta ocasión, mucho más que una mera opción electoral.

En una sociedad en la que cada bando se informa a través de sus propios canales mediáticos, esta campaña, que ha destacado por su brutalidad, confirma que el duopolio, alimentado por una polarización exacerbada, no está a punto de desaparecer. A ello se añade el perfil de los contendientes, que, como pocas veces, encarnan dos visiones del país irreconciliables en la práctica: más Europa frente a un euroescepticismo de tipo soft —Polonia no puede permitirse un Brexit—, apoyo incondicional a Ucrania frente a algunas actitudes más dubitativas —sin adoptar, en ningún caso, la narrativa moscovita— o liberalización del aborto y del matrimonio homosexual frente a la preservación de los valores tradicionales.

Mas la campaña también se ha caracterizado por las cuestiones personales. Desde hace varios días, las revelaciones en torno a Nawrocki se acumulan. A principios de mayo, la prensa destapó la polémica compra, a un precio supuestamente preferente, de una antigua vivienda protegida a una persona mayor en situación precaria. Más recientemente, unos testimonios le acusaron de recibir ingresos del proxenetismo mientras trabajaba como guardia de seguridad en un hotel de Sopot, una lujosa localidad balnearia del Báltico.

La imagen del candidato está empañada, y sus últimos pasos en falso acrecientan las dudas. En pleno debate entre los dos candidatos, Nawrocki se metió un sobre de nicotina en la boca, revelando su adicción, lo que fue muy comentado en televisión y redes sociales. También se vio obligado a admitir que participó en reyertas estudiantiles. Unos episodios que casan mal con su imagen de historiador riguroso.

Manifestantes a favor de Trzaskowski durante un acto de campañaEFE

Trzaskowski, por su parte, sigue arrastrando y padeciendo una imagen elitista y de político profesional. Frente a una cara nueva, Nawrocki, sin experiencia de poder, el alcalde de Varsovia no esperaba verse desafiado de esta manera. Típico liberal de centro izquierda, antiguo estudiante de la Universidad de Oxford, domina cinco idiomas y tiene un distinguido historial político. Antiguo eurodiputado y diputado nacional, ocupó cargos ministeriales en los Gobiernos liberales de la década de 2010. Alcalde de Varsovia desde 2018, sus detractores le acusan de ser la quintaesencia del urbanita: cómodo en salones, alejado de la realidad del ciudadano de a pie. «Es un producto de laboratorio político que choca con un hombre real, de carne y hueso», arremetió Nawrocki durante un mítin celebrado en Lodz de finales de abril.

Con todo, el árbitro de esta segunda vuelta será el populista de derechas Slawomir Mentzen y los 14.81 % de votos que logró en la primera vuelta. Para ayudar a sus partidarios a decidirse, Mentzen organizó, en el más puro estilo populista, un diálogo con cada uno de los dos finalistas, retransmitido por streaming y que recibió varios millones de visitas. Nawrocki se apresuró a aceptar todas las exigencias: negativa a una los impuestos, flexibilización del acceso a las armas, oposición a la entrada de Ucrania en la OTAN y rechazo de cualquier cesión de competencias a la UE, entre otros asuntos. Trzaskowski, algo incómodo, aceptó ciertos desacuerdos al tiempo que subrayaba su capacidad de diálogo. ¿Bastará esto para ganarse a una parte significativa de esos votantes? Es improbable. Mentzen anunció que no veía «ninguna razón para votar a Trzaskowski». Esta noche se conocerá la respuesta definitiva.