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Alice Weidel, de AfD, y Sarah Wagenknecht, de Alianza Sahra WagenknechtTaggeschau

¿Un pacto con la izquierda? AfD busca alternativas en Alemania para un futuro Gobierno

El primer experimento real de esta «cooperación táctica» ha girado en torno al nombramiento de jueces y fiscales en la región de Turingia

El pasado mes de febrero, durante las elecciones de Alemania, el partido Alternativa para Alemania (AfD), liderado por Alice Weidel, fue la segunda fuerza política más votada, tan solo por detrás de la unión de democristianos y socialcristianos liderada por Friedrich Merz, a la postre canciller. Pese a ser dos partidos del mismo lado político, la derecha, AfD no entró en el Gobierno. De hecho, cuando Merz quiso acercarse a las posturas de Weidel, votando lo mismo en un intento de reducir la inmigración, le costó una pequeña rebelión interna en su propio partido, liderada por Angela Merkel, y, muchos creen, también fue la causa de la humillación que sufrió cuando su investidura como canciller fue rechazada en la primera votación, la primera vez que ocurrió algo así en la historia de la República Federal de Alemania.

Sea como fuere, lo que está claro es que, desde las elecciones, AfD no para de subir en las encuestas. Según el último sondeo, ya acumulan un 24 % de los votos, tan solo tres puntos por detrás de la CDU/CSU (27 %) y casi el doble que los socialdemócratas (13 %). Y se espera que la tendencia favorable a la AfD aumente constantemente durante la legislatura de Merz. Sin embargo, siguen estando fuera de cualquier proyección de Gobierno por el cordón sanitario que el resto de fuerzas políticas han levantado contra ellos. Su única alternativa parecía ser la mayoría absoluta, un objetivo quizás alcanzable a medio o largo plazo, pero todavía impensable a estas alturas del partido. Así que están buscando atajos.

Ha trascendido a la prensa que, en los últimos días, la AfD, a través de Björn Höcke, ha mantenido conversaciones con el partido Alianza Sahra Wagenknecht, considerado de extrema izquierda. Concretamente, Höcke se reunió con Frank Augsten, portavoz regional de la formación izquierdista, en una conversación de dos horas. «Fue una conversación intensa y constructiva», aseguró Höcke tras el encuentro. No se habló de pactos formales, pero sí de mayorías parlamentarias, bloqueos judiciales y, sobre todo, de romper la barrera del aislamiento. Porque si algo comparten AfD y BSW, es precisamente eso, que han quedado aislados de los pactos.

Para Tino Chrupalla, presidente federal de AfD, las conversaciones con BSW «tienen sentido» y deberían expandirse al plano nacional. En una entrevista en WELT TV, fue directo: «Claro que hablaríamos con Wagenknecht. Esto va de cambiar mayorías. Es lo que quieren los ciudadanos». Si el resto de formaciones les rechazan y se niegan a pactar, puede ser que unir a estas dos formaciones aparentemente antagónicas sea la clave para entrar en el terreno de las alianzas parlamentarias.

Desde el otro lado, Wagenknecht no ha negado los contactos. Aunque insiste en que no hay negociaciones en marcha, tampoco esconde su disposición a hablar con AfD «si hay razones concretas». Para ella, excluir a un partido respaldado por uno de cada cinco votantes alemanes «es antidemocrático» y solo fortalece a sus bases. Lo dijo durante la última campaña, y lo repite ahora: no descarta votar junto a AfD si eso permite aprobar medidas concretas desde la oposición. «¿Por qué no impulsar cosas buenas para Alemania con mayorías cambiantes?», se pregunta Chrupalla.

Un cartel promocional de la AfD, con los candidatos Alice Weidel y Tino ChrupallaEFE

El primer experimento real de esta «cooperación táctica» ha girado en torno a un asunto técnico, pero políticamente cargado, que es el nombramiento de jueces y fiscales en la región de Turingia. El Comité de Elección de Jueces lleva meses bloqueado por la llamada ‘coalición Blackberry’ —CDU, socialdemócratas y BSW— que se unió precisamente para frenar a AfD. Pero ahora, Augsten abre la puerta a una solución conjunta con el partido de Höcke: «Nos reuniremos después del verano para explorar cómo desbloquear esta situación».

Las diferencias programáticas entre AfD y BSW siguen siendo notables, sobre todo en lo económico. Mientras que Wagenknecht defiende pensiones más altas, salario mínimo de 15 euros y un Estado del bienestar fortalecido, AfD apuesta por menos impuestos y un recorte drástico del gasto público. Sin embargo, en otros asuntos —como inmigración, el rechazo al impuesto del CO₂, la hostilidad hacia la Unión Europea y la OTAN, el rechazo al apoyo militar a Ucrania o el apoyo tácito a una Alemania más cercana a Rusia— la coincidencia es evidente. A veces los extremos se tocan.

Y es que ambos partidos representan, en buena medida, un voto de protesta, especialmente de las generaciones jóvenes, nutriéndose de las regiones orientales del país, las más aquejadas por las constantes subidas de precio y el desencanto económico. Todavía esas conversaciones no han llegado a nada concreto, y, a estas alturas, hay que echarle imaginación para pensar que este haya sido el primer paso de una futura coalición gobernante. Pero ambas formaciones creen que, mientras el resto les rechaza, entre ellos han encontrado una forma de entenderse. Aunque sea de esa manera.