Marine Le Pen y François Bayrou
Las razones que llevan a Marine Le Pen a mantener un Gobierno francés que podría tumbar en cualquier momento
Marine Le Pen se llevó un duro revés en la segunda vuelta de las elecciones legislativas celebradas en Francia hace poco más de un año, cuando su partido político, la Agrupación Nacional (RN) quedó en tercer lugar y perdió la oportunidad de gobernar. Sin embargo, mayor fue la derrota de Emmanuel Macron, pues la Asamblea Nacional quedó dividida en tres grupos (macronistas, Agrupación Nacional y la izquierda) sin posibilidad de mayorías claras. El partido de Le Pen no gobernaría, pero tendría las llaves del país y la opción de censurar a los primeros ministros escogidos por el presidente.
Así ocurrió el pasado mes de septiembre. Michel Barnier, entonces primer ministro, sin mayoría en la Asamblea, sacó adelante mediante «decretazo» el Presupuesto de la Seguridad Social, lo que promovió una moción de censura del Nuevo Frente Popular, la coalición de izquierdas, que, al ser apoyada por la Agrupación Nacional, tumbó al mandatario. Sin embargo, su sucesor, el centrista François Bayrou, pese a que sigue sin mayorías para sacar adelante sus políticas, ha sobrevivido hasta a ocho mociones de censura en un plazo de seis meses. ¿Por qué Marine Le Pen le está salvando?
La respuesta más simple es que Marine Le Pen está esperando su momento y buscando su estrategia. Aunque la líder de la Agrupación Nacional ha sido una de las voces más críticas con la reforma de las pensiones —impulsada por Macron, aprobada mediante decretazo y defendida por Bayrou—, su partido decidió no apoyar la última moción de censura promovida por los socialistas —hace apenas un par de semanas—, tras el fracaso del llamado «cónclave» entre sindicatos y patronales. Para Le Pen y los suyos, esa censura no tenía recorrido práctico, pues no se debatía una nueva ley, ni se atacaba un decreto, sino la ausencia de resultados tras un proceso de diálogo.
Los portavoces del partido argumentan que una caída del Gobierno en este momento no beneficiaría ni a la formación ni al país. Sébastien Chenu, vicepresidente de la Agrupación Nacional, lo resumía así: «Censurar hoy no derogaría la reforma de las pensiones; sería un golpe en vano». En su entorno consideran más efectivo esperar al otoño, cuando Bayrou deberá presentar el presupuesto para 2026. Será entonces, aseguran, cuando se abra una ventana real para forzar su salida si el contenido de las cuentas va contra los principios del partido. «Vamos a tener muchas oportunidades para censurar el presupuesto. Podemos esperar unas semanas», explicaba un diputado del grupo.
Además del contenido, el RN también juega con los plazos. Si el primer ministro cae, Macron podría nombrar a uno nuevo o convocar elecciones anticipadas. En caso de celebrarse nuevos comicios, y a pesar de que la formación sigue subiendo en las encuestas, estas no vendrían en el mejor momento para ellos. Aunque el candidato de la Agrupación para primer ministro sería Jordan Bardella —pues el objetivo de Le Pen es el Elíseo en las presidenciales—, a nadie se le escapa que ella está ahora mismo inhabilitada por malversación —el año que viene se pronunciará el Tribunal de Apelación— y, por tanto, la imagen del partido se podría ver resentida. Por si fuera poco, en los últimos días se ha conocido que el Parlamento Europeo investiga nuevas irregularidades financieras, y la Policía francesa registró la sede del partido buscando pruebas.
Bayrou tras finalizar una intervención en la Asamblea Nacional
En el caso de Barnier, el RN no veía riesgo en provocar un relevo, incluso lo consideró útil para marcar distancias con Macron y castigar el uso abusivo del decreto. En cambio, ahora una nueva caída podría traer consecuencias más inciertas.
Esto se refiere principalmente a la estrategia de fondo que Le Pen lleva años desplegando, que es proyectar una imagen de madurez política e institucional. La Agrupación Nacional ya no quiere ser percibida como una fuerza de protesta irreflexiva, sino que busca posicionarse como un partido de gobierno, capaz de marcar ritmos y sostener la estabilidad cuando conviene. Desde esa lógica, precipitar una crisis en pleno verano, sin una alternativa clara ni un debate político potente en juego, sería un paso en falso.
Eso no significa que Le Pen haya renunciado a su oposición frontal a la reforma de las pensiones. Su partido sigue proponiendo volver a los 62 años como edad legal de jubilación, e incluso a los 60 para quienes comenzaron a trabajar temprano. También ha respaldado propuestas de la izquierda que intentaban derogar la reforma aprobada por decreto. Pero lo ha hecho con un criterio selectivo, escogiendo bien las batallas y evitando las que puedan tener más coste que beneficio político.
De hecho, todo indica que el tema de las pensiones volverá con fuerza. La Agrupación Nacional ya prepara su programa presidencial con la promesa de revertir la reforma de Macron. Saben que su electorado —con un perfil mayoritariamente popular y envejecido— es particularmente sensible a esta cuestión. Según encuestas recientes, más del 60 % de los votantes del partido estarían a favor de una moción de censura si esta tuviera como objetivo tumbar la reforma. Pero sus dirigentes prefieren esperar a tener el control total del tablero.
François Bayrou, por ahora, se mantiene en el cargo gracias a ese cálculo. Su Gobierno sigue sin mayoría, con niveles récord de impopularidad y dividido internamente. Pero el RN no tiene prisa. Como explican fuentes del partido, Bayrou caerá. Tan solo queda saber cuándo y en qué circunstancias.