Los 50 años de amistades peligrosas de China y Europa confirman la brecha entre los bloques
La idea original era una conmemoración por todo lo alto de dos días en Bruselas, pero quedó reducido a uno y en Pekín, donde se mantuvo en secreto lo que hablaron del «problema» Huawei
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente chino, Xi Jinping, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa
Para celebrar medio siglo de «amistad», China y la Unión Europea han tenido que hacer enormes esfuerzos. Quizás más los últimos que Pekín, que pasó de aceptar Bruselas como sede para los «festejos» a decir que Xi Jinping allí no iba. Resultado, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo, António Costa, hicieron las maletas y se fueron a China a celebrar esos 50 años de relaciones diplomáticas.
La idea original era una conmemoración por todo lo alto de dos días, la que ha sido se redujo a uno y con reproches implícitos severos. Los mensaje que pudieron suscribir de mutuo acuerdo fueron sobre el combate al cambio climático (China va por libre con las emisiones), la solución de dos estados para el conflicto palestino israelí, la «recuperación y reconciliación» de todos los sirios así como la libre circulación de ayuda humanitaria para la franja de Gaza . Con el resto, y sin conocer qué trascendió del problema Huawei, hubo que hacer encaje de bolillos cuando no malabares para que la fiesta no terminara peor de lo que empezó.
El régimen comunista que lidera Xi Jinping recibió a la delegación europea después de haber protestado airadamente por colar a dos bancos suyos en el décimo octavo paquete de sanciones a la Federación Rusa por invadir Ucrania. La decisión, salvo cambió de última hora, no tiene marcha atrás.
Von der Leyen y Costa le pidieron a Xi que, de verdad, intercediera con Vladimir Putin para que el jefe del Kremlin termine de una vez con una guerra intolerable que ha desatado por un capricho de su memoria histórica. Evitar que Rusia tenga a su alcance armamento fue una de las propuestas que pusieron los europeos sobre la mesa del líder que firmó, en vísperas de la invasión, un acuerdo de solidaridad y asistencia recíproca con Moscú con el objetivo de unir fuerzas para establecer una hegemonía compartida.
En un comunicado oficial, la UE destacó que «esta guerra de agresión no solo constituye una amenaza existencial para Ucrania, sino también para la seguridad mundial». En otro párrafo, insistió en que China no debe facilitar «ningún apoyo material que sustente la base militar-industrial rusa». En ese marco advirtió que «el suministro de tropas y armas por parte de Corea del Norte» en apoyo de la guerra de Rusia en Ucrania plantea «riesgos considerables para la seguridad en Europa y Asia Oriental».
Ambos bloques coincidieron respecto a Irán «en la importancia del Tratado de No Proliferación Nuclear como piedra angular del régimen global de no proliferación nuclear». Aunque la UE solicitó a China que ejerza su influencia para «evitar cualquier escalada del conflicto y el regreso a la mesa de negociaciones».
La incomodidad de China
La incomodidad de China, pese a los posados para la cámara, es difícil de disimular. La guerra en Ucrania, en cierto modo, le está siendo funcional a sus intereses. Esta semana el periódico South China Morning Post publicó una información en la que aseguraba que el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, le había reconocido a su homóloga europea, Kaja Kallas, que su país no tiene interés en que se termine el conflicto porque una vez que suceda dan por hecho que Donald Trump va a fijar su atención en el gigante asiático al que considera, como ha manifestado públicamente, su principal objetivo.
El Gobierno chino salió a desmentir esas palabras, pero fuentes de la UE confirmaron que la conversación se produjo en los términos que publicó el diario de Hong Kong.
La OTAN considera que China ha sido un «facilitador decisivo» para que Rusia se animara a invadir Ucrania, y como la UE, cree que una palabra suya, o algunas más, bastarían para que Putin reflexionara. La Alianza Atlántica observa a China como un «desafío sistémico en campos como el tecnológico, la política nuclear y la seguridad».
Miembros del Congreso de Estados Unidos, esta misma semana, advirtieron a la Casa Blanca de que evitara facilitar información de Inteligencia a España por temor a que llegue a manos de China.
En Washington ven al Gobierno de Pedro Sánchez como una posible correa de transmisión y censuran que haya entregado a Huawei la gestión de temas tan sensibles como las escuchas judiciales. También la UE llamó la atención al Gobierno y expresó su preocupación por el mismo motivo.
La Comisión Europea insistió este martes en que los países del bloque deben «restringir o excluir a Huawei de sus redes 5G» porque la compañía china «representa un riesgo mucho mayor» que otros proveedores.
En este contexto la celebración de los 50 años de relaciones diplomáticas pareciera que fue más un formalismo que una fiesta de amigos de verdad.