Trump muestra en el Despacho Oval una fotografía de cómo quedará el salón de baile de la Casa Blanca
La fascinación de Trump por el oro y los cambios a su imagen y semejanza de la Casa Blanca
No es oro todo lo que reluce en la Casa Blanca, pero casi. El regreso de Donald Trump al complejo gubernamental más famoso del mundo ha venido acompañado de una estética un tanto barroca. Los dorados han inundado los salones de reuniones, despachos y pasillos emblemáticos de la sede del Ejecutivo y los exteriores encajan remodelaciones que, en algunos casos, recuerdan más a un balneario que al principal espacio de poder del mundo.
Hay cambios que llaman más la atención por ser un ajuste de cuentas que por el tono de la pintura, diseño o formatos incorporados. Es el caso del pasillo del ala oeste donde estaban colgados por orden cronológica los cuadros de los expresidentes de Estados Unidos. Donald Trump ha suprimido el de Joe Biden y colocado en su lugar la pluma mecánica con la que firman los presidentes (también Trump) cuando la torre de documentos es demasiado alta.
El gesto responde a las acusaciones contra el demócrata de estar gaga durante su legislatura y no ser capaz ni de firmar manualmente.
Para gustos no hay nada escrito y el de Trump es fácilmente identificable. Suele incorporar una obsesión por el dorado infinitamente superior a la que se apreció en su primer mandato. Quizás esto de los brillos, siempre dorados, sea una fijación de Melania o quizás la idea sea del presidente de Estados Unidos ya que no pocas de las modificaciones parecen una réplica de la decoración de Mar a-Lago, donde el republicano tiene su residencia privada y el formidable club de golf.
Mesas y sombrillas con telas de rayas, como las de la piscina de Mar-a- Lago
El espacio exterior de la rosaleda responde a esta apreciación. Los Trump han asfaltado la plataforma, aunque han dejado los rosetones. Para disfrutar de este espacio al aire libre han colocado mesas y sombrillas con telas de rayas, como las de la piscina de Mar-a- Lago.
El despacho Oval
El despacho Oval ha pasado de ser esa oficina sobria de paredes límpidas y apenas dos o tres cuadros, a un mural de pinturas con marcos de madera rizados en oro que dejan poco espacio para ver las paredes. Sobre la chimenea una fila de copas y artículos de decoración dorados ocupan el espacio de la histórica hiedra. La marquetería metalizada en oro se cuela con detalles en las paredes y hasta en el friso de la puerta.
El recargamiento y los destellos parecen ser la seña de identidad de esta nueva moda que deslumbra, o asombra, a Zelenksi, Macron o al mismísimo Javier Milei.
Un reflejo similar se aprecia en la sala de juntas del Gabinete. Sólo ver la puerta de entrada obliga, casi, a enfundarse unas gafas de sol. Molduras chillonas por todas partes y otra tanda de adornos en las paredes.
El ala este y el salón de baile
Pero el plato fuerte o el banquete dorado es el que se verá cuando se termine de construir el formidable salón de baile después de haber derribado el Ala Este de la Casa Blanca. Con capacidad para 900 personas, paredes y techos con molduras dorada deslumbrarán a las visitas y bailarines. Allí donde estaban las dependencias de la primera dama hoy hay cascotes.
La fotografía con la que el presidente de Estados Unidos quiso mostrar a los periodistas cómo será el resultado final les dejo de una pieza. Hasta las mesas se vestirán con vajilla y cubertería dorada. Eso sin contar que el nuevo edificio, posiblemente, llame mucho más la atención que el antiguo y... todos sabrán que fue obra de Trump.
... Por el arco del triunfo
El futuro parecería que es para Trump el objetivo de su legado. La vocación de permanencia en el poder le resulta imposible por la Constitución y por la edad, pero dejar una obra material a la vista del mundo es una meta a la que sin duda va a llegar.
La última ocurrencia del presidente de Estados Unidos es la construcción de un arco del triunfo junto al río Potomac desde el Monumento de Lincoln, en el centro de la capital estadounidense.
La idea es dejar esta Puerta de Alcalá a la americana o arco del triunfo de París, para conmemorar el 250 aniversario de la independencia el próximo año. Trump dijo que ya disponía de tres maquetas. Difícil será pensar que al menos una de ellas no verá la luz en 2027. El tiempo dirá.