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Causas y consecuencias de las malas relaciones entre Israel y España

Formalmente, ambos países establecieron relaciones en 1986. Las mismas se consolidaron gradualmente, pero durante el Gobierno de Pedro Sánchez, en un choque abierto, la relación se ha tensado hasta casi romper los lazos diplomáticos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente palestino Mahmud Abás

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el lider palestino Mahmud AbbásEFE

Entre 2015 y 2025, la relación entre Madrid y Jerusalén ha vivido una transformación profunda. Lo que durante años fue una cooperación discreta se ha convertido, bajo el Gobierno de Pedro Sánchez, en un choque abierto que ha tensado hasta casi romper los lazos diplomáticos.

En diálogo con El Debate, el experto en Medio Oriente Henrique Cymerman, un hombre más informado que muchos gobiernos, nos dijo: «Las relaciones entre Israel y España, un país que fue el último de la Unión Europea en reconocer al estado judío, han llegado a su momento más difícil. Es la mayor crisis y se debe a que el actual Gobierno español ha decidido tomar una posición que podría haber llevado a la ruptura de relaciones diplomáticas. Más de un ministro lo planteó, intentando boicotear a Israel, arrinconándolo, acusándolo de todo tipo de crímenes de una forma casi caricaturesca, permitiendo que gente muy próxima a Hamás desfilase con total libertad por las calles de Madrid».

Formalmente, ambos países establecieron relaciones en 1986. Las mismas se consolidaron gradualmente con acuerdos en ciencia, tecnología, agricultura y turismo. En los años anteriores a 2023, el comercio bilateral fue creciendo.

Según la Cámara de Comercio Hispano-Israelí, empresas españolas mostraban cada vez más interés por el mercado israelí, y había proyectos de infraestructuras conjuntos. Además, el turismo entre ambos países ha sido importante: según datos de Turespaña, los israelíes constituyen un mercado estratégico para el turismo español. Sin embargo, afirma Cymerman, ahora se creó «un ambiente tenso solo detenido por el alto el fuego. Y esto ocurrió justo en los días de la flotilla, donde había una presencia española masiva, una flotilla que fue más que nada un ejercicio de movilizar fuerzas para políticos mediocres de extrema izquierda, más que un apoyo real a la causa palestina. No es haciendo cruceros por el Mediterráneo que se ayuda. Hay que ayudar a los palestinos a construir instituciones honestas para que algún día tengan opción real de tener un Estado».

En el plano diplomático, España mantiene su embajada en Tel Aviv. Por su parte, la embajada israelí en Madrid ha sido clave para promover no solo lazos políticos, sino también culturales y científicos. El tema de la nacionalidad sefardí marcó un punto especial de conexión; en 2015 España aprobó la Ley de Nacionalidad para los sefardíes, que permitió a personas de origen judío-español obtener la ciudadanía española sin perder la original. Esa medida reforzó los lazos entre comunidades judías y España, mostrando una dimensión histórica y amistosa.

Crisis negativa para todos

A nivel militar y de seguridad, la relación fue más compleja. España importó tecnología militar de Israel durante años. No obstante, tras los trágicos hechos de 2023–2025, el vínculo militar se ha convertido en uno de los más polémicos y tensos. El detonante de la crisis se sitúa tras el inicio de la guerra en Gaza, especialmente después del 7 de octubre de 2023, cuando terroristas de Hamás ingresaron en Israel y masacraron 1.200 personas en un festival de música y en sus hogares.

El modo y los detalles de ese ataque fueron subidos a internet por los propios terroristas, que además secuestraron a 251 personas, incluyendo cuerpos de asesinados. La reacción israelí fue muy dura. Liquidó a la mitad de los miembros de Hamás -unos 20.000 cayeron- y desde el principio Sánchez adoptó una retórica brutalmente crítica. Denunció lo que definió como un «genocidio».

En septiembre de este año, anunció un paquete de nueve medidas que suponen un punto de inflexión en la política exterior española. Entre ellas figuran un embargo total de armas; la prohibición a barcos con combustible para Israel hacer escala en puertos españoles; el cierre del espacio aéreo a aviones que transporten material militar; la prohibición de entrada a personas que Madrid considera implicadas en crímenes en Gaza; la restricción en las importaciones de productos provenientes de asentamientos y limitaciones a los servicios consulares para españoles que vivan en ellos.

Estas acciones, según Sánchez, responden a «la coherencia con su defensa de la paz, los derechos humanos y la legalidad internacional». Desde la mirada de grupos proisraelíes, las medidas suponen un ataque sin precedentes a un aliado histórico y democrático, y han sido denunciadas por Israel como «una campaña hostil y antisemita».

Vale tener en cuenta que para el estado judío definir a un Gobierno como antisemita es la crítica más grave que puede realizar. La reacción israelí ha sido dura: el ministro de Exteriores, Gideon Saar, acusó al gobierno español de «antisemitismo institucionalizado» y de usar la agresión para «distraer de los escándalos de corrupción sanchista». Israel prohibió la entrada al país de dos ministras españolas, Yolanda Díaz y Sira Rego, como represalia. España convocó a su embajadora en Tel Aviv para consultas diplomáticas tras las acusaciones.

En el ámbito cultural, la crisis también ha saltado al terreno del entretenimiento: en mayo, Sánchez pidió explícitamente que Israel fuera excluido de Eurovisión, comparándola con la exclusión de Rusia tras invadir Ucrania. Sus palabras generaron eco y demostraron la politización creciente, incluso en ámbitos que solían ser neutrales. Además, RTVE solicitó -sin la menor prueba- una auditoría al sistema de tele-voto, tras que el público español otorgara a Israel sus 12 puntos (el máximo), lo que en Jerusalén se interpretó como una bofetada simbólica a la posición oficial. También se calificó la trasmisión de TVE como «flechada y vergonzosa».

Indignación selectiva del PSOE

Otro tema relevante es el antisemitismo. La asociación pluralista ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), con sede en Madrid, ha sido una voz firme contra las políticas oficiales. Califico al presidente de «miserable antisemita» y realizó denuncias judiciales, por ejemplo ante lo ocurrido durante la Vuelta Ciclista, donde hubo violentas protestas contra un equipo vinculado a Israel, alentadas por el propio Sánchez. ACOM ha sido clave para denunciar la deriva del Ejecutivo español hacia una retórica hostil y demonizadora contra Israel, mientras no dice nada sobre la opresión en dictaduras como Venezuela o Turquía.

En cuanto al turismo, aunque continúa, la escalada política ha puesto en tensión a los viajeros en ambos sentidos. No hay una prohibición, pero el ambiente diplomático afecta la confianza de los turistas, especialmente cuando la retórica oficial se vuelve más agresiva.

En el terreno diplomático más amplio, España también ha abogado ante la Unión Europea por una revisión del Acuerdo de Asociación UE-Israel, pidiendo que se suspendan aspectos comerciales. Además, el ministro de Asuntos Exteriores ha propuesto sanciones individuales a figuras israelíes, y llamó a aliados comunitarios a imponer embargos. Este discurso corre el riesgo de erosionar la credibilidad española como socio objetivo, y ha encontrado oposición en la mayoría de las naciones.

Además, la relación de Madrid con Washington pasa por momentos tensos, y es conocido el apoyo del presidente Trump a Israel. En lo económico, otro golpe fue la cancelación de contratos militares. En 2025, Madrid canceló un pedido de misiles antitanque (SPIKE LR2) que iba a fabricar la subsidiaria española de la empresa israelí Rafael, por un valor de 285 millones de euros. También se ha cancelado un importante contrato de 700 millones de euros relacionado con defensa. Estas decisiones muestran que el gobierno ha decidido distanciarse militar y tecnológicamente de Jerusalén, incluso a costa de dañar su propia seguridad nacional.

La corrupción pesa

Analistas señalan que la retórica beligerante de Sánchez tiene motivos internos. La ofensiva diplomática contra Israel coincide con la difusión pública de enormes escándalos de corrupción en el PSOE, lo que llevó a los analistas a definir su campaña como un «cortina de humo» para desviar la atención pública. Esto pone en duda la sinceridad de las denuncias sobre derechos humanos y el compromiso real con la paz.

Un tema adicional: el Gobierno español ha adoptado formalmente la definición de antisemitismo de la IHRA (Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto) y en enero de 2023 aprobó su primer Plan Nacional contra el Antisemitismo. Esto podría verse como una medida positiva, pero en el contexto de sus ataques a Israel, muchos lo interpretan como incongruente y oportunista.

Por si fuera poco, el impacto en eventos deportivos ha sido notable. Este año, Sánchez pidió que Jerusalén también sea excluida de competiciones internacionales, ignorando «olvidando» que la agresión la comenzó un grupo terrorista de ideología nazi-islámica, como está escrito en su propia Carta Fundamental. Esto ha hecho saltar alarmas sobre la politización del deporte y el doble rasero.

En resumen, entre 2015 y 2025 las relaciones bilaterales han pasado de una cooperación moderada a una confrontación abierta: España, bajo Pedro Sánchez, ha apostado por una retórica agresiva, diplomacia sancionadora y medidas concretas (embargo, cancelaciones militares, restricciones de entrada) para presionar a Israel. Estas acciones son vistas como una agresión injusta a un Estado democrático aliado, por un régimen español que mezcla extremismo con cálculo político interno, en lugar de diálogo.

Críticas del PP y VOX

El Partido Popular (PP), principal opositor y primero en las encuestas de voto, se ha desmarcado con matices del oficialismo. Isabel Diaz Ayuso ha expresado un apoyo explícito a Israel. Celebró que el equipo israelí continuara la Vuelta a España, y dijo que «si hubieran abandonado, habrían ganado Sánchez y Hamás». En un debate, afirmó: «El pañuelo palestino no es feminismo ni LGTBI», que son perseguidos por el islam, y criticó a la izquierda por «ponerse del lado de terroristas genocidas». Su defensa de Israel tiene raíces profundas y su admiración por este país no es nueva.

Cayetana Álvarez de Toledo ha dicho que quienes acusan a Israel de genocidio «tienen la sensibilidad de una piedra pómez» y que ese término no aplica. Acusó a Sánchez de «usar a los niños palestinos como escudos electorales... hay una manipulación política y mediática».

Vox ha defendido a Israel como «una democracia consolidada» y acusa al gobierno de actuar como «portavoz de Hamás». Considera que la narrativa de «genocidio en Gaza» es una construcción política de la izquierda: según Santiago Abascal hay una narrativa parcial promovida por la extrema izquierda. Su secretario general, Ignacio Garriga, señaló que «el conflicto no hubiese ocurrido si no fuera por el ataque de Hamás en 2023, una masacre clave para entender el origen de la guerra».

Dijo Henrique Cimerman en nuestro dialogo: «España tiene una responsabilidad histórica, la más importante después de Alemania, pues tuvo un pasado judío y musulmán brillante. No es condenando a un sólo lado que se contribuye a la paz».

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