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El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, durante una reunión con el secretario del Ejército estadounidense, Daniel Driscoll, en Kiev

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, con el secretario del Ejército estadounidense, Daniel Driscoll, en KievAFP

Zelenski esquiva el últimatum de Trump al que se le atragantan los plazos para acabar con la guerra en Ucrania

El presidente de Estados Unidos dio al ucraniano hasta este jueves, Día de Acción de Gracias, para aceptar su acuerdo de paz de 28 puntos, sin embargo este martes reconoció que ya no había «una fecha límite»

Este jueves, Día de Acción de Gracias, una de las celebraciones más importantes en cualquier hogar estadounidense, fue la fecha límite que el presidente de ese país, Donald Trump, decidió imponer a su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski, para aceptar el acuerdo de paz de 28 puntos presentado por Washington prácticamente al dictado de Moscú. Una semana después, Zelenski ha logrado esquivar el ultimátum y ganar tiempo para renegociar un acuerdo más favorable a los intereses ucranianos. El propio mandatario estadounidense ha dado marcha atrás en sus plazos y, este martes, a bordo del Air Force One camino de su mansión en Florida para pasar la jornada festiva, confesó a los periodistas que «no tengo una fecha límite».

«Mi fecha límite será cuando se termine la guerra», explicó Trump, quien además insistió en que poner fin a esta guerra está siendo mucho más complicado de lo que pensaba porque existe «mucho odio» entre ambas partes. Horas antes, durante la tradicional ceremonia de indulto del pavo en la Casa Blanca por el Día de Acción de Gracias, el republicano aseguró que estaban «muy cerca» de lograr un acuerdo. Al terminar su discurso, recurrió a su red social Truth Social para informar de que había ordenado a su enviado especial, Steve Witkoff, viajar a Rusia para reunirse con el autócrata ruso, Vladimir Putin, con el objetivo de dar un impulso a las negociaciones.

En esa misma publicación, descartó un encuentro con Zelenski este jueves –como había dejado caer el ucraniano– y aclaró que se reunirá con él y Putin «SOLO cuando el acuerdo para poner fin a la guerra esté FINALIZADO o en sus etapas finales». El Kremlin, por su parte, confirmó este jueves que Witkoff tiene previsto llegar a Moscú la próxima semana, mientras que el secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll –quien recientemente se ha convertido en un actor clave en las conversaciones–, estará en Kiev para hablar con la parte ucraniana.

Driscoll fue el encargado de presentar a Zelenski, la semana pasada, el polémico plan de 28 puntos que contemplaba la mayoría de las exigencias maximalistas de Putin para poner fin a su invasión del país vecino. Entre estos requisitos destacan varias líneas rojas que el presidente ucraniano se ha negado a traspasar desde un primer momento, como la cesión de territorios o la renuncia a la entrada de su país en la OTAN. Incluso la oposición ucraniana ha pedido a Zelenski que se plante ante las presiones de Washington.

En la última semana, la actividad diplomática tanto de Ucrania como de Europa –con quien Estados Unidos tampoco ha contado para elaborar el acuerdo de paz– ha sido frenética. El Viejo Continente presentó una contrapropuesta el pasado lunes que desde Moscú calificaron de «poco constructiva». Esta nueva hoja de ruta contempla destinar los activos rusos congelados en Europa, unos 185.000 millones, para la reconstrucción del país invadido; además, se elimina cualquier referencia a la entrega de la región del Donbás o al reconocimiento de la soberanía rusa sobre la península de Crimea.

En cuanto al apartado de la OTAN, se elimina cualquier veto y, en cambio, se estipula que «la adhesión de Ucrania a la OTAN depende del consenso de sus miembros, que no existe». Así, Kiev ha logrado en estos últimos días reducir la propuesta original de Washington de 28 puntos a 19, dejando fuera los más polémicos, que se negociarían una vez entrara en vigor un hipotético alto el fuego y se congelara el conflicto en la línea de frente actual.

«Putin ofrece este acuerdo sabiendo que es inaceptable para que Ucrania quede como la que no quiere negociar y en una mala situación con respecto a Estados Unidos», explicaron la semana pasada un grupo de periodistas ucranianos invitado a Madrid por la Fundación Civismo y la Fundación Konrad Adenauer. Estos profesionales, que llevan mucho tiempo informando sobre la invasión, el conflicto en el Donbás –que se remonta a 2014– y las verdaderas intenciones del inquilino del Kremlin, advierten de que esta no es una guerra territorial, sino que se trata de una «guerra de aniquilación del pueblo ucraniano».

De hecho, el plan original planteaba, además de limitar el número de efectivos de las Fuerzas Armadas ucranianas a un máximo de 600.000, imponer una protección especial para la lengua rusa y la Iglesia Ortodoxa Rusa en el país invadido. A la polémica de que el acuerdo inicial de Estados Unidos se inclinaba demasiado hacia los intereses del Kremlin se suma la filtración de una conversación telefónica entre Witkoff y el principal asesor en Política Exterior de Putin, Yuri Ushakov, el pasado 14 de octubre. Según publica Bloomberg, el enviado especial de Trump asesoró a Ushakov sobre cómo halagar al mandatario estadounidense para inclinar la balanza hacia Rusia.

Los consejos de Witkoff surtieron efecto, ya que Trump decidió, tras una llamada con Putin, no suministrar misiles Tomahawk a Zelenski. Asimismo, de la conversación entre los asesores ruso y estadounidense, según señala el medio anteriormente citado, habría salido la propuesta de paz para Ucrania. Ahora, el republicano, y a pesar de la prisa que mostró la semana pasada para cerrar ya un trato, vuelve al punto de partida con Moscú negándose a aceptar el nuevo marco y con Kiev rechazando el original de 28 puntos.

«En cierto modo, es como un tiovivo», escribe en un artículo de The New York Times Max Bergmann, director del programa Europa, Rusia y Eurasia del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS). «Con cada iniciativa, te subes al tiovivo, hay una gran actividad, parece que vas a algún sitio y, al final, se detiene y te bajas en el mismo lugar en el que estabas; es decir, la guerra sigue», resume Bergmann.

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