Abdirahman Mohamed Abdullahi, presidente de Somalilandia
Israel pone la pica en el Cuerno de África frente a la influencia de Irán y Turquía
El reconocimiento de Somalilandia responde a una lógica estratégica más amplia, vinculada a la búsqueda de socios estables en un entorno regional altamente volátil
Israel ha decidido mover ficha en uno de los tableros más sensibles del mapa global. El reciente reconocimiento de Somalilandia como Estado independiente no es un mero gesto simbólico o una anomalía diplomática aislada, sino que se trata de una jugada calculada.
Para el Estado judío, esta alianza supone la entrada directa en un espacio clave del Cuerno de África, en momentos de reconfiguración de equilibrios regionales y creciente rivalidad con Irán y Turquía por la influencia política, militar y de inteligencia en el Mar Rojo y el Golfo de Adén.
Así lo explicó a El Debate el profesor Uzi Rabi, director del Centro Moshe Dayan para estudios de Oriente Medio y África, al analizar una decisión que trasciende el caso somalí y apunta a un tablero geopolítico mucho más amplio.
Situada en el extremo noroeste de Somalia y limítrofe con Yibuti, Somalilandia declaró su independencia en 1991. Comprende un territorio del tamaño de Uruguay (176.000 km²) con algo más de 6 millones de habitantes, ha desarrollado instituciones propias y mantenido una relativa estabilidad, en contraste con Somalia, marcada por la insurgencia islamista y una prolongada fragmentación política. Hasta la fecha, no había sido reconocido como Estado independiente hasta que el 26 de diciembre lo hizo Israel.
Su localización frente a las costas de Yemen, en la entrada al Mar Rojo y a las puertas del estrecho de Bab el Mandeb —una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, clave para el comercio internacional y el tránsito energético—, convierte a la región en un enclave de alto valor estratégico.
Israel trata de vincularse con cualquier Estado, en particular musulmán, que muestre una voluntad clara de presentarse como un país secular, en la línea de AzerbaiyánDirector del Centro Moshe Dayan para estudios de Oriente Medio y África
«Israel está tratando de vincularse con cualquier Estado, en particular musulmán, que muestre una voluntad clara de presentarse como un país secular, en la línea de Azerbaiyán», valoró Rabi, quien es también investigador destacado del Centro para Estudios Iraníes de la Universidad de Tel Aviv.
Para este experto, el reconocimiento de Somalilandia responde a una lógica estratégica más amplia, vinculada a la búsqueda de socios estables en un entorno regional altamente volátil.
«Aquí, en el Cuerno de África, tenemos un caso de estudio muy estratégico», consideró Rabi, al anotar que Somalilandia intenta defenderse tanto de la presión de Somalia como de la amenaza de las milicias salafistas somalíes de Al Shabab. Y añade que en un contexto donde «básicamente todo el mundo está apoyando a Somalia, y no a Somalilandia», Israel opta por establecer vínculos con lo que define como «una especie de isla de estabilidad en una región muy tormentosa y convulsa».
Una geografía muy atractiva para Israel
La geografía es un elemento central en esta ecuación. «Está muy cerca del estrecho de Bab el-Mandeb, muy cerca del Golfo de Adén», subraya el académico. Al observar el mapa, Somalilandia se sitúa en paralelo al sur de Yemen, donde operan milicias anti-hutíes respaldadas por los Emiratos Árabes Unidos, en una dinámica que refleja, según Rabi, «una cooperación muy particular de estados que quieren asegurarse una posición estratégica» en el Cuerno de África.
Esta dinámica, puntualiza, entra en fricción con Arabia Saudí, pero responde fundamentalmente a la política emiratí que, según recuerda Rabi, no ha censurado abiertamente el reconocimiento de Somalilandia, aunque la Liga Árabe en su conjunto sí lo haya hecho. En este escenario, Israel actúa, en su opinión, «junto con una especie de señal fuerte de Estados Unidos», aunque el movimiento diplomático resulte controvertido en el marco de la ONU.
El reconocimiento tiene, además, implicaciones directas en materia de seguridad e inteligencia. «Somalilandia tiene que ver con un esfuerzo anti-iraní en esta región», donde Teherán tiene a uno de sus brazos armados más activos contra Israel gracias a los hutíes en Yemen, sostiene Rabi. A ello suma una dimensión adicional: «Yo diría también anti-turco, dado el nivel de inversión y la profunda implicación de Turquía en Somalia».
Ankara mantiene en Somalia su principal base militar en el extranjero y una embajada en Mogadiscio, desde donde ha entrenado a miles de soldados somalíes desde 2017, consolidándose como un socio clave y extendiendo su influencia en la región frente a los hutíes y otros actores.
Para el académico, la maniobra israelí no puede leerse de forma aislada, sino como parte de «todo un complejo» de rivalidades regionales: «Estamos en una región que se ve afectada por este tema de Somalilandia», advierte.
Aunque Estados Unidos no pueda respaldar públicamente el reconocimiento, Rabi considera que este paso permite a Israel posicionarse frente a otros actores presentes en la zona. «Esto debería entenderse dentro de una táctica general», afirma, aludiendo a la presencia de China y Rusia en Yibuti, así como a la proyección de Turquía e Irán en África Oriental.
«Es parte de una estrategia que, de una forma u otra, está conectada con los Acuerdos de Abraham», añade Uzi al referirse a los pactos de normalización forjados por la primera Administración Trump entre Israel y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán. Su objetivo fue fomentar la cooperación económica, diplomática y de seguridad en la región, y lograron resquebrajar la unanimidad árabe.
El analista sugirió, además, que la cuestión de Somalilandia amplía el radio de acción geopolítico de Israel más allá de Oriente Medio, hacia el eje del Mar Rojo y el Cuerno de África.
¿Somalilandia y desplazados de Gaza?
El debate en torno al reconocimiento se ha visto acompañado por especulaciones sobre un posible traslado de palestinos desplazados de Gaza a Somalilandia, una hipótesis que Rabi no descarta completamente, pero relativiza. «No puedo descartar esa posibilidad, pero sinceramente no creo que sea la causa principal. La dimensión más imperativa aquí es puramente estratégica», insiste.
En el plano regional, la reacción ha sido dispar. Emiratos Árabes Unidos ha optado por el silencio, mientras que la Liga Árabe ha condenado el reconocimiento. Arabia Saudí también lo ha rechazado, aunque, según Rabi, lo hace principalmente por razones de posicionamiento político.
«Esto es solo un discurso público», sostiene. «No veo nada nuevo que vaya a implementarse contra Israel en la Liga Árabe o en la ONU». A su juicio, se trata de «una de muchas denuncias que se escuchan una y otra vez contra Israel», sin consecuencias prácticas de fondo.
Esta lectura coincide parcialmente con la del analista Aziz Alghashian, experto en relaciones saudí-israelíes y director de investigación del instituto Observer Research Foundation de Dubái. En un mensaje publicado en X, Alghashian subrayó que el rechazo saudí al reconocimiento de Somalilandia «vuelve a recordar la divergencia entre Arabia Saudí e Israel», frente a quienes sostienen que no existe distancia entre ambos países. En otro mensaje, recordó que Riad «rechaza el reconocimiento mutuo entre Somalilandia e Israel y respalda la integridad territorial de la federación somalí».
Para Rabi, sin embargo, el cálculo israelí es claro. «Israel no tiene nada que perder», argumentó, y vincula esta actitud a una lección extraída tras los ataques de Hamás el 7 de octubre de 2023.
En su análisis, el Cuerno de África se ha convertido en uno de los nuevos escenarios donde Israel busca anticiparse a sus adversarios y reforzar su posición estratégica.
«No puedes estar siempre respondiendo. Tienes que iniciar acciones», concluyó.