Mélenchon suaviza su discurso para contrarrestar a la Agrupación Nacional
El líder de extrema izquierda apuesta por el mestizaje -frente al islamoizquierdismo- en materia social, mientras emprende un acercamiento hacia los pequeños empresarios
Jean-Luc Mélenchon, líder de la coalición de extrema izquierda 'NUPES'
Se acabó el tiempo en que Jean-Luc Mélenchon recomendaba a sus militantes «no perder el tiempo en zonas que no sean los barrios populares». De cara a la elección presidencial de 2027 el líder de la formación de extrema izquierda, La Francia Insumisa (LFI) ha decido suavizar su discurso.
Su candidatura, aún no formalizada, ya no es ningún secreto y será la cuarta consecutiva desde 2012 con el objetivo inequívoco de tapar el camino del Palacio del Elíseo al candidato de la Agrupación Nacional (AN), sea quien sea, Marine Le Pen o Jordan Bardella. Se trata de una estrategia conjuntada en dos pilares.
El primero consiste en reivindicar la «Francia del mestizaje» frente a la «identidad nacional», piedra angular del discurso no solo de Le Pen y Bardella, sino también del presidente de «Reconquête», Éric Zemmour, así como de diversos mandamases del centro derecha como el antiguo ministro del Interior Bruno Retailleau o el actual portavoz parlamentario, Laurent Wauquiez.
No se trata, según Mélenchon, de abandonar a sus votantes habituales de los barrios populares ni a los millones de franceses musulmanes -el ya famoso islamoizquierdismo- que llevan años confiando en él; sin embargo, el avezado político de extrema izquierda siente la necesidad de ensanchar cualitativamente su base electoral.
Para ello ha llegado a la conclusión -el tiempo dirá si acierta- de que Francia es un país cada vez más mestizo. La estrategia está en fase de rodaje desde, por lo menos, hace año y medio: el 6 de junio de 2024, durante el mítin de final de campaña de las elecciones europeas, Mélenchon aseveró que «esta nueva Francia somos nosotros, los diversos, los mestizos, que rechazamos rotundamente el veneno que les permite permanecer en el poder: la división del pueblo a través del racismo».
Es decir, y en contra de lo que proclaman determinados activistas de la negritud identitaria, como Rokhaya Diallo, ya no se trata de enfrentar a una Francia con otra. Más bien de aceptar el país tal y como es.
«Hay dos visiones opuestas, la de la derecha y la de la extrema derecha, que llevan directamente al enfrentamiento; en contraposición, nosotros ofrecemos una visión optimista y positiva de la historia, afirmando que hay una salida pacífica», precisa en las páginas de «Le Monde» el eurodiputado «insumiso» Younus Omarjee. Una argumentación que no solo apunta a los barrios populares: también a las clases medias. Conviene, asimismo, aclarar que el nuevo discurso no reniega de sempiternas obsesiones de la extrema izquierda gala, como el «hecho anticolonial».
El segundo pilar del giro emprendido por Mélenchon tiene que ver con la economía. Al igual que con su nuevo discurso antropológico, matiza su posicionamiento económico sin renunciar a lo sostenido durante años.
Ahora ya no se trata de apostar por un anticapitalismo primario. Se trata de enfrentar a dos capitalismos: el de «arriba» contra el de «abajo».
El primero está encarnado por las grandes multinacionales francesas, empezando por Bernard Arnault, bestia negra desde siempre de la extrema izquierda y segundo hombre más rico del mundo en su calidad de dueño del conglomerado de lujo Lvmh. Mientras que el segundo sería el de las pequeñas y medianas empresas.
De ahí los gestos en dirección de ese mundo. Por ejemplo, invitando a sus dirigentes a dialogar en tono cortés. En el fondo, Mélenchon les ofrece integrarse en un nuevo pacto que dotaría al país «de grandes objetivos productivos (ecológicos, digitales, espaciales, marítimos, sanitarios, de transición industrial)», tal y como manifestó recientemente en un encuentro organizado por el semanario económico Challenges.
Veremos en qué acaba. Pero hace unos días, en su canal de Youtube, habló sin tapujos: «Jordan Bardella nos viene de maravilla. Es un auténtico tipo de derechas. Cualquier medida social le horroriza. Tiene votos en el Parlamento Europeo que nos permitirán vigilarlo durante toda la campaña». ¿Pensarán lo mismo los pequeños y medianos empresarios el día de las elecciones?