Trump le impone un tutor a Marco Rubio para gestionar la crisis de Venezuela
El presidente de Estados Unidos fuerza a Marco Rubio a compartir con Chris Wright la transición que, de momento, Delcy Rodríguez y el resto de la cúpula del régimen bolivariano están dispuestos a hacer
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, junto al presidente Donald Trump
Estados Unidos ha tomado las riendas de Venezuela con la esperanza de que ese Gobierno de transición que lidera Delcy Rodríguez no se desboque y las multinacionales estadounidenses del petróleo acepten invertir en un terreno sembrado de bombas de relojería, dentro y fuera del régimen.
Donald Trump, con su nula contención habitual, dejó bien claro que Washington, a partir de ahora, «is in charge». El tiempo previsto, según el día y el momento de sus declaraciones, es de «años», pero a Trump se le olvida, o prefiere no recordar, que su reelección es imposible al estar prohibida por la Constitución.
Este mes de noviembre a los americanos les corresponde renovar las Cámaras en las elecciones Legislativas. Eso significa que no son pocas las posibilidades de que el jefe de la Casa Blanca pierda las mayorías en la Cámara de Representantes y en el Senado y, además, se convierta en lo que se conoce en el argot como «pato cojo». Dicho de otro modo, que el poder concreto sólido y arrollador que ejerce desde el 20 de enero del pasado año comience a disolverse entre sus manos como la fina arena blanca de las playas venezolanas.
La industria del petróleo lo sabe y el resto de los inversores a los que el presidente de Estados Unidos quiere seducir para que hagan sus apuesta en una jugada, hoy por hoy, de máximo riesgo, también son consciente de la que se avecina.
En este momento Trump es «super Trump», pero en diciembre puede empezar su decadencia y en un par de años estará, con certeza, fuera de la Casa Blanca y volviendo a hacer el paseíllo por los tribunales.
Las causas judiciales pendientes, que se suspendieron tras su victoria en las urnas, volverán a activarse y el próximo presidente puede ser un demócrata o un republicano. Quizás, incluso, podría ser Marco Rubio su sucesor y, aunque hoy sea la voz de su jefe, tiene otro sentido de Estado y de ejercer la política internacional.
El régimen bolivariano también es consciente de que habrá un escenario en un par de años diferente y podría insubordinarse ante otra Administración estadounidense. De producirse cambios que los bolivarianos pudieran desafiar, las inversiones que ahora pide Trump volverían a perder lo inimaginable
Aun así, el plan en tres fases para Venezuela que anunció a grandes rasgos Marco Rubio sigue en marcha, pero con algunas novedades directamente vinculadas al oro negro, las tierras raras y todo lo que tiene que ver con el sector energético.
Tutor o compañero
El secretario de Estado, de origen cubano y cerebro detrás del objetivo de liquidar las dictaduras del hemisferio, se ha encontrado de la noche a la mañana con una sorpresa impuesta por Trump: Chris Wright.
Chris Wright, secretario de Energía de EE. UU.
El hombre que habló y habla con Delcy Rodríguez para ser precisos, el encargado de darle las órdenes en forma de instrucciones diplomáticas tendrá que compartir su gestión con el actual secretario de Energía. Colaborador y una de las pocas personas de las que Trump se fía, Wrigth tiene una misión clave para los intereses del magnate republicano.
Hombre de negociones antes que político, Donald Trump se lo ha impuesto a Marco Rubio para que delegue o comparta con él un proyecto de desmantelamiento de las estructuras de PDVSA y del resto de las empresas y órganos del sector energético. Se trata de refundar todo.
Chris Wright se ocupará de controlar la política energética de esa nueva Venezuela que sigue siendo la misma, pero no tanto (ayer anunciaron la liberación de presos políticos) y llevará la batuta de las negociaciones sobre los hidrocarburos.
Marco Rubio tendrá que compartir esa parcela de poder y ceder ese terreno a un hombre con el que tendrá que administrar el proceso de transición anunciado si todo sigue el curso previsto por Washington.
Wright conoce bien a las potencias extranjeras, es decir, a los enemigos de Estados Unidos que se han apoderado de los tesoros venezolanos: China, Irán y Rusia poco a poco se habían hecho con el control de buena parte de lo que necesita y quiere Estados Unidos.
La guerra de los minerales
El gigante asiático había tomado el control de minerales estratégicos como el cobalto, tántalo y tierras raras en las minas del arco del Orinoco. Estos minerales son necesarios para la industria armamentística que Trump quiere desarrollar a marchas forzadas. De hecho, anunció que el presupuesto en Defensa para 2027 lo aumentará un 50 %. Irán por su parte, tenía establecidas y operativas fábricas de drones militares con capacidad ofensiva para llegar a la Florida desde el Caribe y lo que le faltaba a Trump es tener en Mar-a-Lago la visita de uno de estos aviones no tripulados con un regalo letal con la firma de Teherán.
Putin que tantas vueltas le ha dado a Trump, lleva tiempo desplegando asesores militares, sistemas de radares y entrenamiento de Inteligencia al Ejército venezolano. Pero visto lo visto con la operación Resolución absoluta, tampoco han servido de mucho, aunque los muertos conocidos eran cubanos y venezolanos.
Un «paper» que circula entre expertos internacionales explica el vínculo entre las riquezas de la tierra venezolana, que conoce al detalle Chris Wright y la industria de armamento de la que Marco Rubio sabe otro tanto. «El Pentágono cruzó su línea roja al comprender que los misiles que podrían amenazar su territorio se fabricaban con minerales extraídos bajo control chino en Venezuela, con protección de la Inteligencia rusa», observa.
Más adelante recuerda que la zona, «es una plataforma hostil integrada a menos de 2.000 kilómetros del Comando Sur. Por eso –advierte– los ataques no se dirigieron a pozos ni refinerías. Atacaron bases, telecomunicaciones, radares y el corazón del régimen. No querían controlar los recursos. Querían desmantelar las amenazas. La verdadera guerra es por los minerales».