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Alvin Hellerstein, juez que juzgara a Nicolás Maduro

Alvin Hellerstein, el juez que decidirá el futuro de Nicolás MaduroRR SS

Alvin K. Hellerstein, el juez de 92 años que juzga a Maduro, podría pasar el testigo a otro magistrado

Se alzan las voces, hasta en The New York Times, que piden que renuncie en favor de un colega con capacidad para afrontar un juicio histórico que promete ser largo y complicado

Nicolás Maduro y Cilia Flores llegaron con magulladuras al Tribunal Federal de Manhattan. El juez Alvin K. Hellerstein pidió que se identificaran y el sucesor de Hugo Chávez reclamó que se le reconociera su condición de jefe de Estado secuestrado.

El magistrado, de 92 años, le miró de frente mientras el venezolano amagaba con despacharse con un discurso eterno, y le pidió que se limitara a enunciar su nombre completo. «Responda solo a esa pregunta», le dijo como recogieron los periodistas presentes en la sala.

El primer roce entre este veterano jurista y el dictador bolivariano acababa de producirse. La próxima audiencia está prevista para el 17 de marzo y las dudas sobre si Hellerstein está capacitado para afrontar un juicio de semejante envergadura recorren los pasillos desde la Casa Blanca al Palacio de Miraflores.

Las vistas serán largas, complejas, con mucha documentación y testigos [es posible que más de uno protegido] y el juicio oral difícilmente podrá celebrarse este año. Con suerte, dados los tiempos de la justicia, podría ser en 2027, aunque no son pocos los que fían el primer juicio a un dictador del siglo XXI más lejos todavía.

En ese escenario, y teniendo en cuenta la edad del magistrado, algunas voces se alzan y le piden que se excuse. Jeffrey Toobin, columnista en The New York Times, lo hace sin tapujos: «El juez de 92 años que lleva el caso de Maduro debe dar un paso al lado», titula su último artículo.

En caso de hacerlo, la responsabilidad para aclarar y sentenciar a Maduro recaería en alguno de los 30 jueces elegibles del distrito sur de Nueva York. Pero el magistrado no parece dar señales de querer sacudirse de encima un juicio que llega como epílogo de una película que tendrá sin duda su correlato en Hollywood.

Por el contrario, dada su trayectoria, parecería estar pensando que no hay mejor despedida de la judicatura que jalonar su carrera con un caso que estará en los libros (o tablets) de textos universitarios en las Américas y Europa.

La prensa se hizo eco de sus cabezadas durante juicios importantes como el de Charlie Javice, presidente de una startup que estafó a J.P. Morgan 175 millones de dólares. Sus «siestas» sirvieron de excusa a la defensa para pedir la anulación del proceso judicial.

No sucedió lo mismo cuando tuvo que hacer frente a una de las múltiples acusaciones que pesaron sobre el productor Harvey Wenstein. Con menos años estaba en plena forma y no hubo quejas de su proceder, calificado históricamente de ajustado a las circunstancias y al debido proceso.

Los abogados de Maduro tienen experiencia en litigar en casos complicados. Son los mismos que se ocuparon de la defensa de Julian Assange y lograron su excarcelación. El desafío de tratar de convencer al magistrado de que su cliente es inocente no es menor y, según The New York Times, están reflexionando qué estrategia seguir frente al venerable juez.

Alvin K. Hellerstein, neoyorquino y judío ortodoxo en su modo de vida, pero no en su vestuario ni aspecto, es consciente de que el proceso judicial podría durar años. Sabe que si no cede ahora su lugar voluntariamente, la salud o la enfermedad podrían decidir por él. En ese caso, su sucesor tendría que partir de cero y todo se retrasaría aún más.

Desde que el expresidente Bill Clinton le nombrase en 1998 en el Distrito Sur de Manhattan, su carrera ha estado jalonada de reconocimientos hasta que cruzó la barrera de los 90 años. Quizás, ahora, sea un buen momento para dar un paso al lado y no estropear una reputación sin mácula.

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