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José Requena

José Requena, consultor y facilitador venezolanoCortesía del entrevistado, José Requena

Entrevista José Requena, mediador venezolano

«Si el régimen de Delcy no se consolida podría haber señalamientos sobre Zapatero y los hermanos Rodríguez»

El consultor y facilitador del diálogo venezolano analiza con cautela las perspectivas que se abren en el país tras la salida de Nicolás Maduro

Venezuela vive una mezcla de miedo, incertidumbre, fragilidad y reconfiguración del poder. Una semana después de la extracción de Nicolás Maduro, que ha dirigido con mano de hierro los designios del país desde 2013, llevando al paroxismo la herencia chavista, los pronósticos políticos y geopolíticos pueden resultar precipitados. El Debate ha hablado con el analista José Requena, consultor y facilitador del diálogo venezolano, quien analiza con cautela las perspectivas que se abren en el país.

Licenciado en Relaciones Internacionales y procedente de la política opositora –fue dirigente del partido Un Nuevo Tiempo–, impulsó espacios de conversación entre actores del chavismo y la oposición. Ha participado en iniciativas vinculadas a la ONU y la OIT y actualmente dirige una consultora con sede en Caracas. La Administración Trump ha apostado por una vieja conocida del régimen en los primeros momentos transicionales: «El tutelaje en este momento es sobre Delcy Rodríguez», pero se pregunta, «¿quién te dice que no va a ser sobre María Corina Machado si es electa presidenta?».

Desde Caracas este experto analiza en esta entrevista el clima social, el impacto del golpe de timón en las relaciones externas de Venezuela, los riesgos de una transición «atropellada si no se construyen consensos básicos» y el papel clave de la sociedad civil.

Tras el bombardeo estadounidense y la salida forzada de Nicolás Maduro, ¿cómo se está viviendo el día a día en Caracas?

–El clima de tensión continúa. Se decretó lo que llaman 'conmoción exterior' y eso, en la práctica, se ha traducido en un fuerte patrullaje de los organismos de seguridad, tanto oficiales como no oficiales. Hay presencia constante de estos grupos en las calles, incluso con armas largas, de manera muy visible. Eso genera miedo, angustia, incertidumbre y una sensación de control social mucho más activo. Y, por supuesto, no se puede expresar libremente la opinión sobre lo que está pasando.

¿Hay sensación de vacío de poder en Venezuela tras la salida de Maduro?

–Curiosamente, yo creo que no. El cambio inmediato en la encargaduría presidencial, con Delcy Rodríguez asumiendo inmediatamente después, despejó bastante rápido la idea de un vacío de poder.

Además, el oficialismo fue muy hábil en despejar la duda sobre si se trataba de una falta absoluta o una falta temporal. Crearon la figura de la 'ausencia forzosa' de Nicolás Maduro, que no existe en la Constitución, precisamente para evitar que se activara el escenario de elecciones en 30 días.

Desde dentro del país, ¿cómo se percibe el liderazgo de Delcy Rodríguez? ¿Continuidad del chavismo, figura de transición o imposición externa?

–Si uno aterriza los hechos tal como han venido ocurriendo, diría que la tercera opción. No cabe duda de que hay un tutelaje. Más allá de que el discurso interno del chavismo siga siendo antiimperialista y de reclamo por el regreso de Cilia Flores y Nicolás Maduro, los hechos muestran una clara resonancia con lo que han venido diciendo las autoridades estadounidenses, en el sentido de que las autoridades interinas de Venezuela harán lo que ellos indiquen.

Creo que eso va a representar un problema para el chavismo en el corto y mediano plazo, porque legitimar a Delcy Rodríguez fuera de esta circunstancia excepcional va a ser muy complicado.

Donald Trump ha afirmado que EE.UU. tomará el control del petróleo venezolano. ¿Cómo se percibe esto en la calle y entre las élites políticas y económicas?

–En algunos sectores hay una visión más pragmática, vinculada a la necesidad urgente de recuperar la economía venezolana. No solo el sector petrolero está devastado, sino todos los indicadores económicos.

Cerramos el año con una hiperinflación cercana al 400 o 500 %. En ese contexto, la idea de una recuperación económica rápida puede estar siendo vista con buenos ojos por algunos sectores económicos.

En la calle, en cambio, los impactos no se van a sentir de inmediato. El salario mínimo está prácticamente en 0,5 dólares. Mientras no haya anuncios concretos sobre aumentos salariales en el sector público y sobre las pensiones, el efecto en la economía cotidiana va a ser muy lento. Los indicadores inmediatos han sido otros: subida de precios y aumento de la tasa paralela del dólar. Eso es lo que la gente está percibiendo ahora mismo.

¿Quién manda hoy realmente en Venezuela? ¿El nuevo Ejecutivo, las Fuerzas Armadas o actores externos?

–El chavismo tiene un patrón claro cuando se producen crisis de este tipo: se repliega muy bien en las primeras horas y días, y deja que los acontecimientos decanten.

No creo que en este momento exista un acuerdo formal entre los actores que quedaron –la Fuerza Armada, Diosdado Cabello y los hermanos Rodríguez– sobre cómo se va a repartir el poder. Ahora mismo imperan las decisiones que está imponiendo Estados Unidos y hay mucho miedo dentro de las filas del chavismo. De hecho, Diosdado Cabello lo reconoció públicamente cuando dijo que sentía temor.

La sensación dominante es la de control de daños, de gestión del miedo y la incertidumbre.

¿Maduro subestimó los ultimátums de Estados Unidos?

–La sensación dentro del país era que existía un despliegue absoluto y un control total de las Fuerzas Armadas, en fusión con los órganos policiales y paramilitares, y que ese bloque infalible iba a impedir cualquier incursión estadounidense.

Yo creería que el punto de quiebre fue la llamada que recibió Maduro, en la que –según lo que se conoce– se le ofreció el exilio y él se negó. Para mí, ese es el verdadero indicador. El 28 de diciembre, durante la salutación de fin de año a las Fuerzas Armadas, Maduro dijo que no era un hombre de privilegios ni de dinero. Eso daba cuenta de que la conversación existió.

En medio de su incredulidad y del poder que había manejado durante años, creo que nunca imaginó un escenario de extracción.

Desde un análisis geoestratégico, Venezuela mantenía lazos estrechos con Irán, China, Rusia y Cuba. Tras la intervención estadounidense, ¿qué margen real tienen hoy estos países para proteger sus intereses?

–La madrugada del 3 de enero inaugura, de facto, una nueva aplicación de la doctrina Monroe y lo que podríamos llamar el corolario Trump. Si esta operación marca una línea de acción, es probable que veamos tensiones en torno a la salida de Irán, Rusia y China de Venezuela.

El caso de Irán parece distinto, más estratégico que económico. ¿Qué lectura hace de esta relación en estos momentos?

–No sabría decir con precisión cuál es hoy el rol de Irán en medio de todo esto, considerando además la conflictividad que vive actualmente y su enfrentamiento con Israel. Lo que sí denuncian las autoridades estadounidenses es la presencia de figuras de Hezbolá en Venezuela. Y si eso va más allá del discurso, es decir, que hay elementos de prueba y testigos que aporten información fiable, imagino que es parte de lo que va a salir en el juicio contra Maduro.

¿Cree que se puede esperar algo similar del vínculo de Zapatero con Venezuela?

–Quizás no tanto en el juicio, pero sí podrían aparecer señalamientos políticos sobre la cercanía de los Rodríguez con José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo si el régimen de Delcy Rodríguez no se consolida.

¿Cuáles son los principales riesgos a corto plazo en el país?

–El riesgo de fragilización está presente, sobre todo si no hay una estrategia clara de state building (construcción de estado). Los colectivos patrullando armados, con poder de fuego autónomo y sin un mando claramente visible, son un factor de riesgo.

Las decisiones que tome Delcy Rodríguez serán clave si mantiene al alto mando militar, si introduce cambios, si gestiona su relación con Diosdado Cabello.

¿Existe margen para consensos políticos?

–Podría haber consensos en torno a la agenda económica, especialmente la petrolera. Pero eso tendría que desembocar en un proceso de legitimación: un diálogo nacional amplio o una elección con un cronograma consensuado.

Como ciudadano, ¿cree que este cambio de rumbo beneficiará a la población venezolana?

–Si no se construyen consensos básicos de convivencia, esta será una transición atropellada. No veo todavía indicadores claros de transformación del conflicto. Me preocupa que podamos pasar de un autoritarismo a otro más grave.

¿Qué perspectivas de futuro ve para Venezuela?

–Desde una perspectiva de derechos humanos y ciudadanía, lo ocurrido el 3 de enero es lo suficientemente grave como para no pasarlo por alto. Se ha visto afectada la institucionalidad del país en términos de soberanía, Fuerzas Armadas y control territorial. Si esta es la amenaza que se cierne sobre la región con la nueva doctrina Monroe, como sociedad venezolana estamos obligados a construir capacidades rápidamente para revertir una situación así. Hay que observar este proceso con cautela y sentido crítico. Hoy el tutelaje es sobre Delcy Rodríguez, pero ¿quién te dice que no va a ser sobre María Corina Machado si ella, por ejemplo, es electa presidenta?.

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