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Trump y María Corina Machado: de humillaciones, pragmatismo, sentido de Estado y visión de futuro

La líder de la oposición es una luchadora por naturaleza y de convicción democrática. Ha encajado los golpes bajos de Washington tras la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores y sigue encajando que la Administración Trump la trate, en apariencia, como si fuera de segunda, pero sabe ver y leer más allá

Act. 16 ene. 2026 - 11:13

La líder opositora venezolana, María Corina Machado, llega a un puesto de seguridad en la Casa Blanca

La líder opositora venezolana, María Corina Machado, cruza un puesto de seguridad en la Casa BlancaAFP

Entrar en la Casa Blanca, aunque sea por una puerta lateral, y almorzar con Donald Trump –y Marco Rubio– no es un detalle menor. Los «detalles» son los que permiten intuir si gestos como ese pueden traducirse en pequeñas victorias para el combate que libra María Corina Machado por la democracia en Venezuela.

A la líder indiscutible de la oposición, acompañada de Magalli Meda (exjefa de campaña y asilada un año en la embajada de Argentina en Caracas) la hicieron pasar por el torno de la garita y hasta mostrar su pasaporte. ¿Alguien dudaba de que era ella y no otra?

La secuencia la podía haber protagonizado un repartidor de Telepizza. ¿Hacía falta tanta desconsideración? ¿No es suficiente que te hayan roto, literalmente, la cara, te persigan, tengas que esconderte durante meses para esquivar el acoso de una dictadura que continúa deteniendo y torturando a la gente, te roben las elecciones y te estés jugando la vida pudiendo disfrutar de ella en un exilio dorado?

María Corina es una luchadora por naturaleza y de convicción democrática. Ha encajado los golpes bajos de Washington tras la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores y sigue encajando que la Administración Trump la trate, en apariencia, como si fuera de segunda y no la primera que, junto con Edmundo González Urrutia, debería ser la actual inquilina del Palacio de Miraflores.

Saber separar lo importante de la anécdota, aunque duela, es una virtud que poca gente tiene. Elegir el pragmatismo cuando todavía se resienten las vértebras y te siguen castigando el orgullo no debe ser fácil. Únicamente las personas que tienen sentido de Estado y entienden lo que es el patriotismo verdadero son capaces de conducirse como lo hizo en Washington María Corina Machado.

Entre todas las versiones de Donald Trump hay una que es permanente: la vanidad, el egocentrismo, el mito de Narciso... Ese rasgo de la personalidad del hombre que hoy es el más poderoso del mundo define en buena medida la mayoría de sus movimientos pasados y sin duda, lo hará en el futuro. La líder de Vente Venezuela lo ha comprendido rápido y eso explica la entrega de la medalla y la placa de agradecimiento hecha para él, sólo para él, de su galardón por la paz.

La película de Venezuela está en la primera fase de rodaje. Quedan muchas semanas, meses y quizás hasta un par de años, pero el final no está escrito. El guionista principal es un hombre de negocios que se rige por el principio atribuido y nunca escrito por Maquiavelo de, el fin justifica los medios. Es posible que en algunos casos haya que agradecerle (extracción de Maduro y Cilia Flores) y en otros censurarle sin contemplaciones (amago de invadir Groenlandia y la brutalidad de ICE), pero hoy por hoy Donald Trump tiene la sartén de Venezuela por el mango y el mango también.

¿Qué puede hacer María Corina? ¿Cómo debe conducirse la oposición que creyó que después de 26 años de dictadura, por fin, recuperaría la libertad y la democracia? Con sentido absolutamente realista, nada, no pueden hacer nada sin el respaldo de Estados Unidos.

Por eso, porque María Corina lo sabe, porque Delcy Rodríguez es lo mismo que Nicolás Maduro, pero quiere sobrevivir y porque las fases de la transición previstas pueden saltar por las aires y reformularse en cualquier momento, Machado se traga el sapo de Trump, apuesta por la seducción y asume que le toca esperar. Está convencida –y debe tener razón– que el príncipe de las elecciones para una nueva Venezuela llegará. Ella debe estar preparada para volver a conquistarlo y, para lograrlo, necesita la ayuda de Donald Trump, aunque, ese hombre, quizás, no le guste.

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