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Andrés Montero
AnálisisAndrés MonteroEl Debate en América

Boric y la agonía de su Gobierno

Bajo el eslogan de que ellos gobernarán «hasta el último día», el ultraizquierdista pretende dejar como parte de su legado, leyes o propuestas que no tienen mayoría en la opinión pública y que son contrarias a las propuestas del recién elegido presidente

El presidente de Chile, Gabriel Boric, en el palacio de Gobierno en Santiago

El presidente de Chile, Gabriel Boric, en el palacio de Gobierno en SantiagoAFP

En una semana, Gabriel Boric, dejará de ser presidente de Chile. Una seguidilla de errores, forzados y no forzados, acompañan el fin del Gobierno de ultraizquierda chileno. En los últimos 90 días de su Gobierno, Boric ha intentado forzar acuerdos, imponer leyes y dejar bien colocados a sus compañeros de ideología.

La propuesta de Bachelet como candidata a la ONU, diversas nominaciones clave en el aparato estatal, un acuerdo –hoy en discusión– sobre un cable submarino Chile-China, una ofensiva de Boric contra Trump, la presión por aprobar negociación colectiva multinivel o ramal y la aprobación de aborto libre, son algunas de las razones que han llevado a un quiebre en la relación de Boric con el presidente electo José Antonio Kast.

Bajo el eslogan de que ellos gobernarán «hasta el último día», Boric pretende dejar como parte de su legado, leyes o propuestas que no tienen mayoría en la opinión pública y que son contrarias a las propuestas del recién elegido presidente. A todo lo anterior, se suma un brutal deterioro de la situación fiscal, cuyos indicadores de deuda pública son mucho peores de lo que afirma el Gobierno saliente. A días de que lleguen los invitados a la toma de posesión de José Antonio Kast, el ambiente se ha enrarecido profundamente. Boric promueve «a última hora» imponer su ideología en proyectos y resoluciones mal evaluadas y peor implementadas.

Los conflictos internacionales complican aún más las cosas en Chile, aunque la distancia geográfica de los sitios de conflicto, le otorgan al país andino un beneficio. A lo anterior, se suma un alto precio del cobre, que continúa siendo clave para la economía chilena. El debut de José Antonio Kast, y su equipo de Gobierno, tendrá el carácter de emergencia, como consecuencia de una pésima gestión de Boric en materias trascendentes: seguridad, salud, educación, crecimiento económico y relaciones internacionales.

El partido comunista –activo y poderoso en Chile– ya prepara su estrategia para combatir desde el día uno, al Gobierno de derecha de José Antonio Kast. Lo positivo, guarda relación con el compromiso del Ejecutivo entrante por destrabar una infinidad de proyectos en desarrollo atrapados en la burocracia del Estado.

La reducción del número de empleados en el Estado es un compromiso del nuevo Gobierno. Miles de burócratas, sin las capacidades y sin ganas de trabajar, dificultan el rol del Estado y complican la intención de los privados por crecer y desarrollar sus negocios. Chile tiene una tremenda oportunidad, la cual una gran mayoría de chilenos espera que el desarrollo económico se haga realidad y que Chile recupere valores y formas de hacer las cosas con apego al sentido común.

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