Con o sin cambio de régimen, Israel y EE.UU. quieren debilitar a Irán y redibujar Oriente Medio
La cooperación militar sin precedentes entre ambos países, junto con la presión iraní sobre países árabes y la creciente necesidad de reforzar sistemas defensivos, está empujando a la región hacia nuevas fórmulas de seguridad
Los iraníes fieles al régimen ondean banderas nacionales en la Plaza Enghelab en Teherán
La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán está revelando dinámicas que van más allá del campo de batalla. Refleja una cooperación militar sin precedentes, sin la que no se entendería la capacidad ofensiva de atacar blancos acordados, abrir corredores aéreos, repostajes en pleno vuelo, operaciones simultáneas o la activación de defensas antiaéreas.
Esta coordinación responde a que, declaraciones de sus respectivos dirigentes al margen, ambos aliados comparten un objetivo claro: debilitar a Teherán tanto como sea posible, independientemente de si cae o no el régimen. Entretanto, los ataques iraníes a países del Golfo que no participan en la guerra y ejercitan un comedimiento extremo exponen la fragilidad del equilibrio regional.
Para varios expertos, este conflicto funciona ya como un auténtico laboratorio geopolítico en el que se ensayan y ponen a prueba nuevas formas de cooperación militar, alianzas, la capacidad de contención de los países árabes y una campaña destinada, sobre todo, a debilitar las capacidades militares del régimen iraní a largo plazo.
Una coalición inédita
Mientras que para Israel se trata de la mayor campaña aérea de su historia, la coordinación con Washington marca otro precedente. Es la primera vez que el Estado judío combate como parte de una coalición.
Yaacov Amidror, exjefe del Consejo de Seguridad Nacional de Israel y actual investigador del Jerusalem Institute for Strategy and Security, valoró en una sesión informativa organizada por la EJA, que esta coordinación entre ambos aliados marca un punto de inflexión.
«Es la primera vez en nuestra historia que Israel forma parte de una coalición», recuerda Amidror, al resaltar las siete reuniones mantenidas entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el último año.
La integración operativa incluye intercambio constante de Inteligencia, planificación conjunta y el uso combinado de capacidades militares. «La manera en que estamos combinando nuestras capacidades, compartiendo Inteligencia y planificando las próximas 48 o 72 horas es extraordinaria», acotó Amidror.
El conflicto está sirviendo de banco de pruebas para una cooperación más estrecha entre Washington y Jerusalén, con posibles consecuencias regionales a futuro.
«Esto está ayudando, de forma discreta, a fortalecer nuestra cooperación con los países árabes conectados con CENTCOM (Mando Central de Estados Unidos)», subraya en analista, una de las voces de mayor peso en Israel.
Sobre el terreno, el teniente coronel Nadav Shoshani, portavoz del Ejército israelí, subraya que la ofensiva aérea ha alcanzado una escala sin precedentes: «Los primeros días de esta operación constituyeron la mayor campaña aérea de la historia de Israel».
El objetivo inicial fue neutralizar las defensas aéreas iraníes para garantizar libertad operativa: «Hemos eliminado más del 80 % de sus defensas aéreas, lo que nos ha dado libertad de acción aérea sobre amplias partes de Irán».
Lugar de un ataque aéreo israelí contra un edificio en el barrio Aisha Bakkar de Beirut
Desde entonces, los ataques se han dirigido contra infraestructuras militares y capacidades ofensivas del régimen iraní, mientras que en paralelo Israel opera en el sur del Líbano para neutralizar los ataques de la milicia chií financiada por Irán.
«Hezbolá se unió a la guerra un día y medio después de que comenzara la operación y ha estado disparando de forma constante contra civiles israelíes», añadió Shoshani, quien aseguró que en las operaciones militares en el país vecino hasta la fecha «fueron eliminados 300 terroristas» de esa organización islamista.
La contención del Golfo frente a los ataques iraníes
El conflicto también está revelando una paradoja estratégica: Irán ha atacado a países que no forman parte de la guerra, algunos de los cuales son aliados, como Qatar o Turquía.
Hussain Abdul-Hussain, investigador del centro estadounidense Foundation for Defense of Democracies (FDD), señala que los Estados del Golfo han quedado atrapados en un conflicto que no es el suyo y han aprendido de la peor manera que necesitan mejores defensas e interceptores. Pese a los ataques, la mayoría optó por una estrategia de contención para evitar una escalada directa y «evidenciar la agresividad iraní».
«Kuwait ha sido uno de los mayores receptores de misiles balísticos y drones iraníes. Bahréin, con un 77 % de chiíes en su población, el segundo más atacado», señala. Incluso Qatar, considerado durante años uno de los socios más cercanos de Irán en la región, se ha visto afectado por esta dinámica.
«Una de las conclusiones en el Golfo es que Irán actúa como un actor irracional que no distingue entre amigos, enemigos o países neutrales», apostilla el analista para quien esa percepción está generando un cambio profundo en la forma en que estos Estados evalúan su seguridad.
«Muchos pensaban que las amenazas iraníes no eran realmente serias. Esta guerra ha demostrado lo contrario», abunda.
Una de las conclusiones en el Golfo es que Irán actúa como un actor irracional que no distingue entre amigos, enemigos o países neutralesInvestigador del centro estadounidense Foundation for Defense of Democracies
El caso de Arabia Saudí ilustra la complejidad del momento. Riad ha mantenido una postura particularmente prudente pese a ser blanco de ataques continuados, aparentemente, analiza el experto, debido a que antes del conflicto había estrechado lazos con Teherán. Mientras, actores armados como los hutíes en Yemen –aliados tradicionales de Irán– han reducido su actividad militar.
«Parece que los hutíes están calculando que, si el régimen iraní cae y ellos no participan en la guerra, podrían consolidar su control sobre Yemen».
Para los países del Golfo, la principal lección podría ser reforzar significativamente sus defensas y, posiblemente, buscar nuevas alianzas militares.
Debilitar al régimen iraní, más allá del cambio de régimen
Aunque al inicio del conflicto se habló de la posibilidad de un cambio de régimen en Teherán, el objetivo real de la campaña es más pragmático, sostiene Amidror al considerar que la estrategia consiste en debilitar al máximo las capacidades militares iraníes.
«Lo que estadounidenses e israelíes están haciendo en la práctica es debilitar al régimen tanto como sea posible en todos los ámbitos identificables: nuclear, misiles, producción militar, Marina, capacidad de la Policía y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria para reprimir a la población, así como en su sistema de mando y control», concluye.
El objetivo sería retrasar durante años la reconstrucción de estas capacidades estratégicas, ya que un cambio de régimen no puede garantizarse sin una oposición organizada dentro de Irán.
En el plano interno, la percepción de la guerra dentro del país es compleja. Para Thamar Eilam Gindin, especialista en Irán de la Universidad de Haifa, una parte de la población ve el conflicto como una oportunidad para debilitar al régimen. La especialista recuerda que «Irán e Israel tienen un enemigo común: la República Islámica», y advierte de que no se debería desdeñar la figura del hijo del sah Reza Pahlaví, quien, pese a estar en el exilio, logró sacar a miles a las calles en las protestas de enero, conscientes, la mayoría, de que sus vidas corrían peligro.
Pese a que la reacción inicial entre muchos iraníes fue incluso de celebración –«el primer día de la guerra vimos gente bailando y cantando en las calles»–, advierte que esta tendencia puede cambiar rápidamente por los daños a infraestructuras civiles clave.
Un nuevo equilibrio regional en formación
La cooperación militar sin precedentes entre Israel y Estados Unidos, junto con la presión iraní sobre países árabes y la creciente necesidad de reforzar sistemas defensivos, está empujando a Oriente Medio hacia nuevas fórmulas de seguridad.
Este conflicto es un laboratorio geopolítico de resultado incierto, pero ya deja algo claro: la arquitectura de seguridad que surja tras la contienda no se parecerá a la anterior, y Estados Unidos mantiene la ventaja de contar con el complejo de seguridad más poderoso del mundo.