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Shehbaz Sharif primer ministro Pakistán

El nuevo primer ministro de Pakistán, Shehbaz SharifAFP

Pakistán se reposiciona, pese al fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán

Aunque entre ambos países no prosperaran los acuerdos, el hecho mismo de que se produjeran después de cinco semanas de guerra fue significativo, especialmente para el país rival de la India

Una fuente autorizada de Pakistán señaló en la tarde del 14 de abril a varias agencias que su país seguía «trabajando» para que vuelva a albergar una nueva tanda de negociaciones entre Estados Unidos e Irán. «Se están realizando esfuerzos para que ambas partes vuelvan a la mesa de negociaciones. Por supuesto, queremos que regresen a Islamabad, pero aún no se ha determinado el lugar», añadió la citada fuente bajo anonimato.

Un planteamiento perfectamente entendible para Pakistán, pues las negociaciones de los últimos días han supuesto, en cierta manera, un hito en su diplomacia, bastante marginada en los últimos tiempos. Al desempeñar un papel decisivo como intermediario entre Teherán y Washington, la cúpula militar y civil pakistaní contribuyó a lograr un alto el fuego en una guerra que estaba a punto de entrar en su fase más peligrosa. Este papel puso de manifiesto la importancia geopolítica de Pakistán. Sus esfuerzos diplomáticos para evitar un conflicto prolongado y de mayor envergadura consolidaron al país como una potencia intermedia capaz de influir en aspectos de la geopolítica planetaria.

Confirmó una nueva realidad en los asuntos internacionales: el mundo ha entrado en una era de multipolaridad en la que las potencias intermedias no solo ejercen una influencia creciente, sino que también pueden desempeñar un papel clave en la guerra y la paz. El acuerdo de alto el fuego se alcanzó cuando las dos partes en conflicto buscaron una salida y cedieron en sus posiciones maximalistas. Irán había declarado previamente que no aceptaría un alto el fuego temporal e insistió en una solución integral para poner fin a la guerra de forma definitiva. Asimismo, afirmó que no abriría el estrecho de Ormuz a cambio de un alto el fuego. Sin embargo, posteriormente accedió a una tregua de dos semanas y a la apertura de la estratégica vía marítima al tráfico durante la vigencia del alto el fuego.

Por su parte, Donald Trump, quien previamente había rechazado las demandas de Irán de 10 puntos, las aceptó más tarde como una «base viable para la negociación». El papel de Pakistán en la elaboración del plan de paz en dos fases fue crucial para persuadir a ambas partes a sentarse a la mesa de negociaciones, pese a las dificultades surgidas a las pocas horas del anuncio del alto el fuego. Empezando por los ataques israelíes en territorio libanés. Otro contratiempo se produjo cuando Trump y su vicepresidente J. D. Vance, presente en Islamabad, afirmaron que el Líbano no estaba incluido en el alto el fuego, contradiciendo la afirmación del primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, de que sí lo estaba.

Mas estas dificultades no fueron óbice para que la diplomacia de Islamabad se desanimase. El motivo principal era su necesidad de superar un aislamiento de larga duración, agravado por el conflicto de 4 días que le enfrentó, una vez más, a la India en mayo del pasado año. Pakistán no lo perdió, pero tampoco lo ganó, manteniendo Nueva Delhi su superioridad estratégica en Cachemira, aunque no de forma tan nítida como en ocasiones precedentes.

Desde Islamabad, entonces, se supo rescatar la vieja relación con Estados Unidos, nunca rota del todo, aunque sí algo desgastada. La «ventana abierta» fue la buena relación personal entre Trump y el jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Pakistán desde 2022, el mariscal Asim Munir. Lo que sirvió en 2025, también ha servido en 2026: tras el juego cínico exhibido en 2020 y 2021 durante la crisis afgana, Pakistán ha querido ofrecer garantías de que puede volver a ser útil en la escena internacional. Asimismo ha sabido aprovecharse de la pasividad que ha caracterizado a la India en la guerra de Irán, en la que apenas se ha visto a Narendra Modi.

Eso sí, este éxito paquistaní se ha producido a cuenta de mantener un difícil equilibrio entre Irán, por un lado, y sus aliados del Consejo de Cooperación del Golfo, especialmente Arabia Saudí. Menos mal que desde Pakistán se ha sabido conservar el apoyo de su aliado estratégico de siempre, China.

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