El Mundial más hispano de la historia
El segundo Mundial en suelo estadounidense evidencia la revolución iberoamericana que vive el país cuando celebra los 250 años de la independencia de las trece colonias
Aficionados de España durante el partido entre España y Austria en el estadio SoFi en Los Ángeles (Estados Unidos)
La Copa del Mundo de fútbol se ha disputado en Uruguay, la primera, en 1930, más tarde en Chile, en 1962, en México, en 1970 y 1986, en Argentina, en 1978, y en España, en 1982. También se celebró dos veces en Brasil, en 1950 y 2014. A lo largo de su historia, ocho de los veintidós mundiales anteriores tuvieron por sede un país hispano. Nueve contando al gigante del continente.
La de 2026 la comparten México, organizador por tercera vez; Canadá, de estreno; y los Estados Unidos, anfitriones de nuevo, treinta y dos años después de USA 94. Tres décadas de contrastes que retratan la transformación acelerada del país, visible en esta cita que tiene en su centro temporal el 4 de julio, efeméride de los 250 años de su independencia. Entre un torneo y otro, el imperio se ha vuelto, en la práctica, una nación hispana.
Un torneo en español
Sobre el césped, de las 48 selecciones, once son de raíz ibérica –ocho hispanohablantes, más Brasil, Portugal y la debutante Cabo Verde–. En las gradas, tras los anfitriones, han sido los colombianos los que más entradas han solicitado, con ecuatorianos, argentinos, brasileños y panameños también entre los más demandantes. El Colombia-Portugal de la fase de grupos fue, no en vano, el encuentro cuyas entradas se vendieron más rápido en la historia del torneo. Si en 1994 los mexicanos hacían de cada partido de su selección un encuentro de local, ahora el clamor es de toda Iberoamérica.
En la pantalla, si en 1994 el español era el socio menor de la retransmisión, con Univision muy por detrás de la ABC, en 2026 Telemundo emite los 104 partidos en español, acapara cerca de la mitad de la audiencia mundialista del país. En ciudades como Los Ángeles, Miami o Houston –tres de los mayores mercados–, su señal supera ya a la de la Fox en inglés.
Son precisamente las audiencias televisivas, más que el colorido en la gradas, un reflejo evidente del cambio demográfico que experimentan los Estados Unidos en las últimas décadas. En 1994, la población hispana rondaba los 27 millones, uno de cada diez estadounidenses; hoy roza los 65, casi uno de cada cinco. Representa el segundo grupo del país, el primero en California, Texas y Nuevo México. Más de 42 millones lo hablan en casa.
La hispanidad estadounidense se ha duplicado de un Mundial a otro. Los hispanos han sumado, según el censo, más de la mitad del crecimiento de la población en lo que va de siglo –cerca del 70 % en el último recuento– y cuatro de cada cinco son ya ciudadanos. Nacen, no cruzan.
Primero España, después Gran Bretaña
El carácter hispano de los Estados Unidos no es, en cambio, una novedad. La independencia que ahora cumple 250 años no fue empresa sólo anglosajona o, como ha contado tantas veces Hollywood, francesa. Se financió también con dinero español. Es razonable pensar que sin Bernardo de Gálvez o Diego de Gardoqui el desenlace habría sido diferente.
La mayor parte del actual territorio de los Estados Unidos fue español, y lo fue primero. San Agustín fue levantada en 1565, medio siglo antes que Plymouth. Los Ángeles, donde la selección anfitriona abrió su Mundial, la fundó España en 1781; y San Francisco, igualmente sede, en 1776, el mismo año en que las trece colonias se independizaban de Gran Bretaña en Filadelfia.
La mayor parte del actual territorio de los Estados Unidos fue español
Tampoco el uso del español, creciente cada día, es una novedad. El oeste y el sur, de Florida a California, fueron españoles –buena parte, después, mexicanos– antes que estadounidenses; California, Arizona o Nuevo México formalizaron su entrada en la Unión en nuestro idioma. La primera constitución californiana, la de 1849, se redactó en las dos lenguas.
El Instituto Cervantes calcula que, hacia 2060, los Estados Unidos serán el segundo país hispanohablante del mundo tras México, por delante de Colombia, España o, con casi uno de cada tres ciudadanos de origen hispano. Un 28,6 %, según la Oficina del Censo.
El fútbol contra la leyenda negra
Mientras buena parte de la clase política e intelectual española discute si la Hispanidad merece orgullo o disculpa, su imparable fuerza cultural se expande en los Estados Unidos. Lo que en España se trata como historia, al norte del otro lado del Atlántico hace años que se imagina como porvenir.
Los Estados Unidos celebran los 250 años de una independencia en un tiempo en el que el país, más que volverse hispano, vuelve a reconocerse parte de una cosmovisión propia, fundacional. La Copa del Mundo de fútbol de 2026 pone fecha al punto de inflexión de una nación que, mientras conmemora su pasado, celebra, en español, su futuro.