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CrónicaDaniela BrikMelilla

Frontera cerrada a cal y canto, incertidumbre y tensión en una Melilla en estado de alerta

Según los datos facilitados por las autoridades, alrededor de 130 personas consiguieron acceder finalmente a Melilla, de las cuales unas 84 serían menores de edad

El paso fronterizo de Beni-Enzar en Melilla se encuentra cerrado y centenares esperan cruzar al territorio marroquíDaniela Brik

La incertidumbre se ha apoderado de la ciudad autónoma de Melilla, con la frontera de Beni-Enzar clausurada, después de que más de un centenar de personas irrumpieran en territorio español durante la noche del jueves procedentes de Marruecos. Esta situación ha obligado a unas 2.000 personas a permanecer bloqueadas en el entorno de la divisoria, en una amplia línea de vehículos que aguardaban para cruzar a suelo marroquí como parte de la Operación Paso del Estrecho. Entretanto, la tensión parece aumentar conforme se acerca la noche y una mezcla de tensa calma reina en el ambiente.

Con la frontera clausurada, Melilla vive pendiente de lo que pueda ocurrir en las próximas horas. La ciudad autónoma, de apenas 87.067 habitantes repartidos en 12,3 kilómetros cuadrados y rodeada por una frontera terrestre de apenas 12 kilómetros con Marruecos, amaneció el viernes convertida en el escenario de la enésima crisis tras el asalto de más de un centenar de personas durante el intento de acceso masivo registrado el jueves.

A última hora de la tarde, una calma tan frágil como tensa dominaba el ambiente. El humo de algún neumático quemado que se elevaba desde el lado marroquí de la frontera era visible de tanto en tanto, mientras un dispositivo policial apenas ampliado permanecía desplegado en la divisoria, clausurada el jueves por la Delegación del Gobierno por motivos de seguridad.

Humo desde el lado marroquí de la divisoria del paso fronterizo de Beni-Enzar en Melilla (31 de julio 2026)Daniela Brik

Las consecuencias del cierre se perciben a pocos metros de la verja. Entre 1.500 y 2.000 personas permanecían bloqueadas en las inmediaciones como consecuencia de la interrupción de la Operación Paso del Estrecho. Familias enteras aguardaban dentro de sus vehículos; otras improvisaban refugios con hamacas, sillas plegables y lonas para protegerse del intenso calor y la humedad característica del verano melillense. Niños, personas mayores y viajeros exhaustos aguardaban noticias sobre una reapertura que nadie se atrevía a pronosticar.

Familias enteras esperan en Melilla para poder cruzar al territorio marroquí ante una frontera cerrada por las autoridades españolasDaniela Brik

«Nos ha llamado el consejero de Medio Ambiente, Daniel Ventura, para ver si podíamos colaborar en esta labor social de atender a todos estos usuarios que vienen en tránsito», explica a El Debate Manuel Tomás Gallardo Navarro, director de la empresa UTE COMURNA TECNIGRAL Melilla Calidad, cuyos informadores medioambientales se sumaron al dispositivo de emergencia.

Junto a un grupo de personas con chaleco y miembros del dispositivo de Protección Civil, daba directrices para atender a quienes vieron su viaje interrumpido por la coyuntura de seguridad.

Según relata, la prioridad ha sido atender las necesidades más básicas de los viajeros atrapados: «Hemos intentado que no les faltara agua, zumo, fruta, comida o cena. También hemos repartido hamacas y sillas y se ha habilitado un pabellón deportivo para que puedan pasar la noche, especialmente personas mayores, personas con discapacidad, mujeres y niños, si la situación continúa igual».

En paralelo al dispositivo asistencial, la vigilancia seguía siendo máxima en el entorno fronterizo. Otro vecino de la ciudad explicó a El Debate que durante buena parte del jueves se produjo un goteo constante de jóvenes que trataban de alcanzar Melilla desde un gran espolón marino que ejerce de demarcación entre España y Marruecos, algunos utilizando pequeñas embarcaciones neumáticas y otros directamente a nado.

Según su testimonio, varios fueron interceptados posteriormente por la Policía Nacional e introducidos en furgones, aunque no pudo confirmar cuál fue su destino.

La tensión también se dejó sentir entre los vecinos más próximos a la frontera. Irene López reside en el barrio del Real, a unos 800 metros del paso de Beni-Enzar. Todavía impresionada por lo vivido, relata cómo pudo escuchar disparos y detonaciones que hicieron que la normalidad desapareciera en cuestión de minutos.

«Estaba haciendo la compra y empezamos a escuchar sirenas. Vimos vehículos de la Policía Nacional y de la Guardia Civil circulando a toda velocidad hacia la frontera. Todos comenzamos a mirarnos porque pensamos que estaba ocurriendo algo parecido a lo de Ceuta», explicó.

Poco después, ya desde su vivienda, asegura haber visto una columna de humo procedente de la frontera. «Minutos más tarde escuchamos varias ráfagas de disparos y un bombazo. Estaba muy asustada», apostilló.

Mientras tanto, el intento de entrada también se produjo por la zona conocida como Barrio Chino.

La Delegación del Gobierno informó el viernes de que en el operativo participaron 357 agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, además de efectivos de la Policía Local y de los servicios de emergencia. Tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en frontera, el dispositivo en Melilla ya había sido reforzado con unidades especializadas, entre ellas efectivos de los GEAS y del NIR de la Guardia Civil.

Según los datos facilitados por las autoridades, alrededor de 130 personas consiguieron acceder finalmente a Melilla, de las cuales unas 84 serían menores de edad.

Fuentes consultadas por El Debate apuntan además a que uno de los centros de acogida para menores realizó durante la jornada una importante compra de ropa de cama con el objetivo de preparar plazas para los recién llegados.

Playas de La Hípica en Melilla donde el jueves se produjo el asalto por agua de decenas de personas procedentes del MarruecosDaniela Brik

En el resto de la ciudad, la actividad transcurría con aparente normalidad, aunque con menos movimiento del habitual en algunas zonas próximas al litoral. El entorno de la playa de La Hípica, junto al Centro Deportivo Sociocultural Militar La Hípica, propiedad del Ministerio de Defensa, aparecía mucho más despejado que en cualquier jornada estival.

A escasos metros se encuentra el Dique Sur, donde una verja se adentra en el mar marcando la frontera entre España y Marruecos, donde se emplaza una torreta de observación desde la que poco se pudo hacer para impedir el acceso desde el lado marroquí de la divisoria. Toda el área permanecía acordonada y los agentes impedían el acceso más allá del perímetro de seguridad.

Familias enteras esperan en Melilla para poder cruzar al territorio marroquí ante una frontera cerrada por las autoridades españolasDaniela Brik

La decisión de cerrar temporalmente el paso de Beni-Enzar fue adoptada el jueves por la Delegación del Gobierno tras el intento de entrada masiva registrado de forma simultánea a la crisis migratoria vivida en Ceuta. Durante toda la noche permanecieron desplegados Guardia Civil, Policía Nacional y otros cuerpos de seguridad, mientras la reapertura continúa condicionada a la evolución de la situación sobre el terreno.

Melilla vuelve a quedar aislada por tierra. Una ciudad europea de apenas 12,3 kilómetros cuadrados cuya única conexión terrestre con el exterior permanece nuevamente completamente cerrada, mientras la población melillense teme que se reproduzcan episodios difíciles de olvidar, como los saltos de 2022, 2018 o 2014. Pero ahora con el añadido del asalto masivo en Ceuta, que parece haber tenido un efecto llamada sobre Melilla o, incluso, responder a algún tipo de coordinación.

Calma chicha en una ciudad demasiado acostumbrada a la incertidumbre y la tensión, último baluarte europeo en África y uno de los pasos fronterizos más sensibles de Europa.