Fundado en 1910

Begoña Santos, presidenta del Queen Sofía Spanish Institute (QSSI)Cortesía

Entrevista Begoña Santos, presidenta del Queen Sofía Spanish Institute

«Queremos que españoles como el gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez, formen parte de la conciencia colectiva de EE.UU.»

La presidenta y CEO del Queen Sofía Spanish Institute repasa el trabajo de la institución para recuperar la memoria del papel de España en la independencia estadounidense

Begoña Santos preside desde 2024 el Queen Sofía Spanish Institute (QSSI), la institución neoyorquina sin ánimo de lucro fundada en 1954 por un grupo de estadounidenses aficionados a la cultura española, con el objetivo de estrechar los lazos entre Estados Unidos y el mundo hispanohablante. Bajo su dirección, el QSSI ha impulsado la iniciativa America&Spain250, lanzada el 4 de julio de 2023 para dar a conocer la contribución española a la Revolución Americana de cara al 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos, celebrado en 2026.

Durante la entrevista con El Debate aborda el origen del instituto, el trabajo de recuperación histórica en torno a figuras como el malagueño Bernardo de Gálvez, Luis de Unzaga o Francisco de Saavedra, y los objetivos de futuro de una iniciativa que busca, en sus palabras, integrar la herencia española «en la conciencia colectiva» de los estadounidenses.

Setenta años tendiendo puentes

El Queen Sofía Spanish Institute nació en 1954 en Nueva York, fundado por un grupo de estadounidenses aficionados a España y al mundo hispanohablante, «con el objetivo de estimular en Estados Unidos el interés por la cultura, la música, el arte, la literatura, la lengua, la gastronomía y la forma de vida de España», explica Santos. La fecha no es casualidad: el instituto se creó un año después de la firma del Pacto de Madrid, el acuerdo de 1953 que marcó el acercamiento entre España y Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. «Aquel pacto trajo los primeros acuerdos de amistad y cooperación, y al año siguiente se creó el instituto, entonces con el nombre de Spanish Institute, como plataforma para fomentar el interés por todo lo español y como lugar de encuentro donde los españoles de la época pudieran acudir y conocer la sociedad estadounidense». En 2003, la Reina Sofía aceptó que la institución llevara su nombre, en reconocimiento a su apoyo constante a la misión del instituto, del que hoy es presidenta de honor.

San Agustín, antes que los peregrinos del Mayflower

Preguntada por la importancia real de España en la independencia de Estados Unidos y por el legado español en el país, Santos recuerda un dato que, según ella, sigue siendo poco conocido: «La primera lengua europea que se habló en Estados Unidos fue el español, y el primer asentamiento fue San Agustín, en Florida». La presencia española, insiste, es anterior a la sajona: «La penetración cultural e histórica es enormemente profunda y muy diversa, desde el antiguo virreinato de Nueva España hasta la llegada de Ponce de León a Florida».

Sin embargo, matiza, la contribución concreta de la contribución española a la Revolución Americana sigue siendo poco conocida «por una serie de razones historiográficas», un asunto sobre el que remite al trabajo del historiador Richard Kagan. Cuando el QSSI lanzó su iniciativa America&Spain250 en julio de 2023 y empezó a compartir programación sobre la Constitución de España y la Revolución Americana, se encontraron una y otra vez con la misma reacción del público: «¿Por qué no sabíamos esto?».

El «borrado» de España y el porqué de Francia

Santos distingue con claridad las dos grandes áreas de la contribución española: por un lado, la campaña militar de Bernardo de Gálvez, entonces gobernador de Luisiana, en el Golfo de México, el Misisipi y el Caribe; por otro, el trabajo diplomático y logístico de Diego de Gardoqui y Juan de Miralles en el noreste, con el envío de armas, bayonetas, mosquetes y pólvora a través de comerciantes españoles: «Todo esto cayó un poco en el olvido en el momento en que se escribieron las primeras historias de Estados Unidos. Un país joven, que aún no tenía su historia escrita, y que no incluyó a España». La narrativa fundacional, señala, se construyó desde la perspectiva de la costa este —sobre todo Massachusetts y Virginia, de donde procedía la mayoría de los padres fundadores—, «donde lo hispano no tiene presencia y donde no hay recuerdo de lo hispano».

¿Por qué Francia sí ocupa un lugar central en esa memoria y España no? Santos, que insiste en que no es historiadora, ofrece dos explicaciones basadas en su experiencia al frente del instituto. La primera tiene que ver con Lafayette, el joven aristócrata francés que se integró en el ejército continental y que, medio siglo después, en 1824, realizó una gira triunfal por Estados Unidos que Santos describe como «la gira de estrella del rock de Lafayette»: desfiles, banquetes, objetos con su efigie, una hospitalidad que reactivó por completo su recuerdo en la memoria colectiva estadounidense. Su equivalente español, Bernardo de Gálvez, tuvo un destino muy distinto: regresó a España, fue virrey de Nueva España y murió con apenas 40 años, sin ocasión de protagonizar un regreso similar.

La segunda diferencia es más estructural: «Francia sí luchó hombro con hombro con el ejército continental. España nunca luchó de ese modo: las batallas del Misisipi las libraron el ejército y la armada españoles, no junto a las tropas continentales. España declaró la guerra a Gran Bretaña, pero nunca fue aliada formal de los colonos, como sí lo fue Francia». Aun así, recuerda Santos, los padres fundadores comprendieron pronto que la armada francesa, en solitario, no podía enfrentarse a la británica, y que era necesaria la unión de las dos armadas dentro del Pacto de Familia de la Casa de Borbón, que reinaba en ambos países. Desde el principio, los enviados del Congreso Continental en Francia mantuvieron contacto con el embajador español en París para lograr la entrada de España en el conflicto.

Los «olvidados»: Unzaga, Miralles, Gardoqui y Saavedra

Junto a Gálvez, Santos menciona a otras figuras que considera decisivas y aún poco conocidas. Una de ellas es Luis de Unzaga, cuñado de Gálvez y su antecesor como gobernador de Luisiana, del que se dice que mantuvo correspondencia con Thomas Jefferson y al que se atribuye, sin certeza total, el uso pionero del término «Estados Unidos». Otra es Francisco de Saavedra, «un extraordinario servidor público» cuyo papel en la negociación naval en el Caribe —vigilando las posiciones francesas para permitir el paso de la armada francesa hacia Chesapeake y Yorktown— sigue siendo prácticamente desconocido fuera de círculos académicos.

Cambiar el aula sin cambiar el currículo

Santos se muestra cauta a la hora de hablar de una reforma del currículo educativo estadounidense: «Eso es muy complicado. Nosotros, lógicamente, no tenemos esa capacidad». Lo que sí ha cambiado, tras sus 37 años residiendo en Estados Unidos, es el enfoque con el que se cuenta la Revolución Americana: «Cuando yo llegué, se contaba como un hecho aislado, sin conexión con nada. Nunca aparecía insertada en la guerra mundial que realmente fue: la guerra entre Francia, Reino Unido, España y Portugal, con batallas en la India, en Gibraltar, en Menorca, en el Caribe, con un intento de invasión a Gran Bretaña y un ataque frustrado a Jamaica. Ya no es el caso: hoy se quiere dar ese contexto, para que los estudiantes piensen de forma global y desarrollen pensamiento crítico».

Uno de los logros más concretos de su gestión ha sido la colaboración con el Gilder Lehrman Institute of American History, una organización con una red de distribución que llega a más de 37.000 escuelas en Estados Unidos y algunas fuera del país: «Insistí en que la aportación de España a la historia y cultura de Estados Unidos no aparecía de forma sistemática en su plataforma». El resultado, firmado junto con la Real Academia de la Historia de España, es una sección específica dentro de la plataforma —con mapas, biografías traducidas, líneas de tiempo, fuentes primarias traducidas al inglés y unidades didácticas completas para los grados 7 a 12— dedicada, por ahora, a la influencia española en la Revolución Americana: «Cuando llegamos al acuerdo nos pidieron cubrir la historia de España desde 1492 hasta hoy. Les dijimos que eso era muchísimo más difícil: empezamos por la Revolución, aprovechando el aniversario».

El objetivo: la conciencia colectiva de cara a 2076

Preguntada por lo que le gustaría que supiera un estudiante estadounidense sobre España que hoy desconoce, Santos responde sin dudar: quiere que se mire a los hispanos de Estados Unidos como descendientes directos de quienes hicieron posible la independencia, y que nombres como los de los españoles Gálvez, Miralles, Gardoqui o Saavedra «pasen a ser parte de la conciencia colectiva de los Estados Unidos» para cuando el país cumpla 300 años de independencia, en 2076.

Sobre qué cambiaría en los planes de estudio si tuviera vía libre, insiste en la necesidad de integrar esa presencia hispana en la narrativa general —recuerda que los planes de estudio varían según el estado: Luisiana o California, por ejemplo, ya incluyen contenido sobre Gálvez—.