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Encuentro entre el primer ministro canadiense, Mark Carney, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, el año pasado en Roma

Encuentro entre el primer ministro canadiense, Mark Carney, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der LeyenDPA vía Europa Press

El día en que, como ahora empieza a hablarse en Canadá, Marruecos pidió entrar en la Unión Europea

En 1987, Hassan II pidió formalmente su ingreso en la Comunidad Económica Europea

El primer ministro canadiense, Mark Carney, fue preguntado el pasado jueves directamente por la posibilidad de pedir la adhesión a la Unión Europea. A simple vista, puede parecer una idea fuera de lugar, pero lo cierto es que en abril ya se realizó una encuesta entre los ciudadanos canadienses y el 57 % de los encuestados se mostraron favorablemente al ingreso en el club europeo.

Es decir, se trata de una idea que hondea en la atmósfera canadiense, sobre todo, impulsada por el acercamiento que, especialmente en los últimos meses se está impulsando tanto desde el gabinete de Carney como desde los despachos de Bruselas. Sin ir más lejos, este martes el primer ministro canadiense llegará a Estrasburgo (Francia) para asistir el miércoles al discurso del Estado de la Unión, el discurso comunitario más importante del año, que dará la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen. Y el jueves será el propio Carney quien se dirija a los eurodiputados.

La aproximación entre las dos entidades se ha acelerado desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió imponer unos aranceles del 50 % a muchos de los productos que compran de Canadá y Carney comenzó a buscar nuevos socios. De hecho, el pasado mes de junio, Canadá entró en el grupo de los países prioritarios a la hora de adquirir armamento por parte de la Unión Europea dentro del programa SAFE de rearme europeo.

Aunque la distancia que separa a Canadá de Europa es grande y atravesada por todo un océano, el Atlántico, la idea, según algunos expertos, no es descabellada. Al fin y al cabo, dicen, Turquía hace décadas que pretende ingresar en la Unión Europea cuando solo una pequeña porción de su ciudad más importante, Estambul, pertenece al continente.

Al fin y al cabo, el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea tan solo establece que para pedir la adhesión a la UE basta con «ser un Estado europeo y respetar los valores comunes de los Estados miembros de la UE y comprometerse a promoverlos», sin especificar un ámbito geográfico. Al fin y al cabo, se dice que Canadá es el país más «europeo» de Norteamérica.

Aunque Islandia rechazó el pasado día 29 de agosto, eso sí, por un estrecho margen , retomar las negociaciones para ingresar en la UE, no son pocos los países que aspiran a ello. Este mismo lunes, sin ir más lejos, la declaración firmada por Escocia, Gales e Irlanda del Norte para pedir la autodeterminación del Reino Unido alegaba el Brexit como una de las motivaciones. «El Brexit ha dañado nuestras economías y limitado las oportunidades para nuestra gente. Creemos que el futuro de nuestras naciones pertenece a la Unión Europea. Queremos trabajar juntos para reconstruir y fortalecer esas relaciones europeas», explicaba el documento.

Pero no es tan fácil ingresar en la Unión Europea. De hecho, contra la posibilidad de Canadá existe otro antecedente: el día en que Marruecos solicitó oficialmente su ingreso en la Unión Europea, entonces la Comunidad Económica Europea. Fue hace casi 40 años, el 20 de julio de 1987 cuando el rey alauita Hassan II remitió una carta a Bruselas solicitando formalmente su ingreso en el club comunitario.

Incluso entonces España ya se mostró favorable a reforzar la vinculación entre la CEE y Marruecos. El entonces ministro de Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez, afirmó que «España favorece la mayor vinculación posible de Rabat a la Comunidad, dentro de lo permitido por el marco jurídico».

Pero no le duró mucho la ilusión a Marruecos, entonces no se le tenía al país alauita la condescendencia que está demostrando la Unión Europea respecto a Marruecos a raíz de la entrada masiva en Ceuta, el pasado 30 de julio, de cerca de 80.000 inmigrantes procedentes de ese país.

El entonces presidente del Consejo de Ministros de la CE, equiparable al presidente del Consejo Europeo de hoy, el danés Uffe Ellemann-Jensen fue tajante al afirmar que «Marruecos no cumple con todos los requisitos necesarios, no forma parte del continente europeo».

Sin embargo, aquella solicitud de Marruecos le valió al país alauita para convertirse en «socio preferente» de la Unión Europea y a ésta en el principal comprador de productos marroquíes.

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