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Donald Trump, en el lodazal del golfo Pérsico

A estas alturas, quizá sea preciso recordar a los lectores que esta guerra no se libra por el estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto antes de empezar las hostilidades, sino por dos objetivos cada vez más olvidados: el castigo al régimen criminal de Teherán y el cese definitivo de su programa nuclear

Una mujer iraní camina junto a una valla propagandista antiestadounidense en la plaza Enghelab de Teherán

Una mujer iraní camina junto a una valla propagandista antiestadounidense en la plaza Enghelab de TeheránEFE

No hace mucho tiempo, uno de mis hijos contestó a un correo en el que su madre proponía quien sabe cuál actividad familiar con esta exuberante demostración de entusiasmo: «Si tuviera tiempo, todavía me seguirían faltando las ganas». A tal palo, tal astilla. Yo siento exactamente lo mismo cuando noto que ha llegado el momento de volver a escribir sobre la guerra de Irán. ¿Habrá algo que añadir a lo que ya se ha dicho sobre una contienda que, por desgracia para todos, navega en círculos desde hace meses?

Pues, lamentablemente, sí. Las heridas que no se curan pueden gangrenarse, y esto parece estar ocurriendo alrededor del golfo Pérsico. Estos últimos días hemos recibido, una tras otra, cinco malas noticias procedentes de allí.

Ataque al oleoducto saudí

La primera de ellas ha sido el ataque de las milicias chiíes de Irak proxies de Irán– que consiguió paralizar el vital oleoducto que lleva petróleo saudí al mar Rojo puenteando el estrecho de Ormuz.

Apenas se habían cumplido dos semanas desde que Scott Bessent, el secretario del Tesoro de los EE.UU. –una especie de Óscar Puente local, menos grosero pero igual de servil que el nuestro– había cambiado su discurso sobre la codiciada vía marítima. El hombre, de profesión economista, había vaticinado en varias ocasiones la rápida conquista del estrecho por su infalible líder. Pero, como la realidad manda, aquello ya no le interesa. Si no podía ser suyo –como se decía en las antiguas novelas románticas que hoy nos parecen tóxicas– Ormuz no sería de nadie.

En realidad, Bessent no dijo exactamente eso, pero sí aseguró al mundo que el estrecho que Trump no puede conquistar sin derramar demasiada sangre estadounidense iba a convertirse en irrelevante gracias a la construcción de nuevos oleoductos. Se le olvidó decir –ya he dicho que es economista, no militar– que estas infraestructuras, vulnerables, extensas e inmóviles, son todavía más difíciles de proteger que los propios buques.

Avances hutíes en el mar Rojo

La segunda mala noticia viene del mar Rojo. Los hutíes –también proxies de Irán– han avanzado 130 kilómetros a lo largo de la costa del Yemen hasta llegar al estrecho de Bab el-Mandeb. Han ocupado, además, la isla de Perim, en medio de una vía marítima que es aún más crítica para nuestra economía que la de Ormuz.

El liderazgo hutí ha anunciado que, desde la privilegiada posición recién conquistada, solo atacarán barcos saudíes. Y habrá quien les crea. Sin embargo el reconocido Instituto de Estudios para la Guerra advierte, con la típica circunspección anglosajona y como si se tratara de un comentario original, que «las declaraciones públicas de los hutíes no necesariamente reflejan sus intenciones reales». ¡Pues vaya disgusto! No interprete el lector que tengo la menor simpatía por los energúmenos que controlan la mitad del Yemen a sangre y fuego, pero esa acusación de falsedad vale exactamente igual para Trump, Putin y, varios puestos más abajo en la cadena alimenticia, Mohamed VI y el presidente Sánchez

Si Rabat nos va ganando en la contienda híbrida que le enfrenta a España no es porque tenga a Trump detrás, sino porque nosotros tenemos a Sánchez al frente

Un punto de especial interés para los españoles es que, a pesar de las desesperadas peticiones de apoyo, un Trump escaldado ha decidido quedarse al margen de las hostilidades entre los hutíes y la monarquía Saudí, que es quien sostiene al Gobierno del Yemen frente a los rebeldes. ¿Supone esto una sorpresa para alguien? En absoluto. Haríamos bien en recordar que los países del Golfo son solo peones de la estrategia global de los EE.UU., no verdaderos aliados… y que lo mismo le ocurre a Marruecos. Si Rabat nos va ganando en la contienda híbrida que le enfrenta a España no es porque tenga a Trump detrás, sino porque nosotros tenemos a Sánchez al frente.

Cumbre de los BRICS

El tercer disgusto de la jornada nos los dan los BRICS en Nueva Delhi. No es que nadie esperara otra cosa, pero los resultados de la cumbre de una organización que no es militar, sino sobre todo económica, no inspiran la menor confianza en las medidas que, a cuentagotas, vamos conociendo del día D económico contra Irán anunciado por Trump. Al final, parece que todo se reducirá a más de lo mismo, aunque con un punto a favor de Washington –el bloqueo marítimo de los puertos iraníes– que hará daño a la República Islámica… si el voluble presidente es capaz de mantenerlo el tiempo suficiente, aguantando el tirón de Ormuz.

¿Podrá Trump prolongar el bloqueo más allá de las elecciones de noviembre? Él ya se pone la venda antes de la herida anunciando que la guerra acabará justo después, pero dudo que, a estas alturas, haya muchos votantes, partidarios o contrarios, que crean sus palabras.

Destrucción de la base de la Quinta Flota

La cuarta mala noticia es ya bastante antigua pero, viniendo de Irán, no nos la habíamos creído. Ahora ha sido Hung Cao, secretario de la Navy en funciones después del despido de su predecesor –otro más, en medio de la guerra– el que confirma que los iraníes causaron graves daños a la base de la Quinta Flota y del Mando Central de la US Navy. Las palabras de Cao no tienen fácil traducción sin recurrir al lenguaje obsceno que de niño me enseñaron a evitar: «They blew the hell out of Bahrain». Sin embargo, le aseguro al lector que no domine el inglés que son suficientemente expresivas.

¿Ha sido una sorpresa la destrucción de las instalaciones estadounidenses en Baréin? Solo a medias. La defensa contra misiles balísticos y nubes de drones es de por sí difícil y siempre deja margen para el error. Las guerras se ganan atacando, no defendiendo… y eso sirve también para las guerras, híbridas o convencionales, libradas en lugares que nos quedan mucho más cerca como Ceuta o Melilla.

Reunión de los países del Golfo sobre Ormuz

La última sorpresa se ha quedado a medias. ¿Recuerda el lector que Trump amenazó con el bombardeo de Omán si negociaba con Irán el régimen del estrecho de Ormuz? Pues, como lo hizo y no ocurrió nada, ahora parece que van a reunirse con los iraníes todos los países del Golfo menos Baréin. Afortunadamente el encuentro se ha aplazado, porque es difícil que de él salga nada bueno. A estas alturas, quizá sea preciso recordar a los lectores que esta guerra no se libra por el estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto antes de empezar las hostilidades, sino por dos objetivos cada vez más olvidados: el castigo al régimen criminal de Teherán y el cese definitivo de su programa nuclear.

Y a todo esto ¿qué hace Donald Trump? Genio y figura, el hombre acaba de echar la culpa a Zelenski por la subida del precio del Diesel en las gasolineras de los EE.UU. y le ha exigido que, en lugar de las refinerías rusas, bombardee cualquier otra cosa que encuentre por ahí. ¿Le ha pedido al Kremlin que acepte la tregua en los ataques a la energía ofrecida por Kiev? ¡Claro que no! Entonces… ¿otra vez acude el magnate al rescate de Vladimir Putin? Eso escribí hace unos días a raíz de la visita de Witkoff y Kushner a Moscú y Kiev y mucho me temo que, por más que hubiera preferido equivocarme, tenía razón. Bien que lo siento.

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