07 de julio de 2022

Jordi Bonet, en una imagen de 2002

Jordi Bonet, en una imagen de 2002

Jordi Bonet (1925-2022)

El continuador de la belleza como resplandor de la verdad

Jordi Bonet, director emérito de las obras de construcción de la Sagrada Familia, ha fallecido a los 97 años: un maestro en la ordenación de la luz que trabajó (y vivió) «pendiente de la Providencia»

Jordi Bonet
Nació el 12 de mayo de 1925 en Barcelona y murió el 20 de junio de 2022 en la misma ciudad

Jordi Bonet i Armengol

«Ha sido un hombre bueno y generoso, un activo del país, un entusiasta de la arquitectura, la cultura, el esquí, y un patriota que ha llevado Cataluña y Gaudí por todo el mundo», ha escrito su nieta Mireia

El 7 de noviembre de 2010, durante la consagración de la Basílica de la Sagrada Familia por Benedicto XVI, Jordi Bonet levantaba la vista a lo alto de la obra que le había ocupado las manos los últimos 25 años y el corazón desde que tenía uso de razón. En actitud contemplativa, agradecida y también en oración –porque no hay forma de llevar a cabo una obra como la de la basílica barcelonesa sin entrar en relación con el Misterio que hace las cosas–, el arquitecto parecía dar gracias y ofrecerlo todo, también las discusiones, debates y peleas, no siempre profesionales o técnicas, a las que tuvo que hacer frente para sacar adelante su trabajo.
A los 97 años, y después de consagrarse a un altísimo honor como es continuar el trabajo de Antoni Gaudí, ha muerto Jordi Bonet i Armengol, arquitecto y ciudadano, maestro y genio. Y ha muerto como vivió: confiado y esperanzado. En una entrevista en TVE junto al Patronato de la Junta Constructora de la Sagrada Familia, Bonet expresó: "La construcció de la Basílica és providencial”, una muestra más de que vivía más pendiente de los planes de Otro.
Desde su juventud estuvo implicado en la construcción de la Basílica. Algunos de los recuerdos que compartía se remontaban a su etapa de estudiante, cuando iba a recuperar fragmentos de maquetas de yesos en los vestigios destruidos del recinto de la Sagrada Familia. También tenía el privilegio de guardar en su memoria conversaciones de su padre con el mismo Gaudí. En 1985 asumió la dirección de las obras del Templo, siguiendo la estela de los sucesores de Gaudí: Sugrañes, Quintana, Puig Boada, Bonet Garí i Cardoner. Se trató de un periodo de dificultad económica, algo que nunca supuso un problema ni un miedo para quien vivía sabiendo que construía una obra de otro mundo.
Pero Jordi Bonet era más que el orgulloso sucesor de Gaudí. Miembro de pleno derecho de la generación del 25, era un excelente arquitecto, pero también era un excelente divulgador cultural; un hombre que influyó en las artes de la segunda mitad del siglo pasado en el país. Su actividad y sus compromisos no trascendían sin embargo su personalidad, plagada de valores como la comunión y el esfuerzo: era un incansable buscador de «la belleza como resplandor de la verdad», una frase de Gaudí que él siempre hizo suya.
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