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El  teniente coronel Antonio Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los Diputados

El teniente coronel Antonio Tejero irrumpe, pistola en mano, en el Congreso de los DiputadosEFE

Antonio Tejero (1932-2025)

El golpista castizo

Nunca se arrepintió de su participación activa en la intentona de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981

El ex-teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero y su esposa, Carmen Díez, en la primera misa que ha oficiado su hijo Ramón Tejero
Nació en Alhaurín de la Torre el 30 de abril de 1932 y falleció en Alzira el 25 de febrero de 2026

Antonio Tejero Molina

Militar condenado

Teniente de la Guardia Civil en 1955 tras su paso por la Academia General Militar, su carrera, salvo por los arrestos, fue bastante plana hasta el 23 de febrero de 1981. Después, y una vez cumplidas las condenas, optó por la discreción.

El teniente coronel Antonio Tejero Molina siempre asumió, sin remilgos ni arrepentimientos, su participación en la intentona de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Estuvo en los preparativos del golpe, incluidos los logísticos -el alquiler de los autobuses que trasladaron a los 200 guardias civiles al Congreso de los Diputados estaba a nombre de su mujer, Carmen Díez Pereira-, y lideró el asalto a las 18.23 h, mientras los parlamentarios votaban la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno.

Fue en ese momento cuando los españoles descubrieron a un tipo tan determinado como rudo –«más bruto que un arado», comentaría años más tarde a quien esto escribe un compañero suyo de promoción en la Academia General Militar- que no dudó en dirigirse a los representantes de la soberanía nacional con expresiones como «¡Quieto todo el mundo!» o «¡Se sienten, coño!». Por no hablar de su agresión física al entonces vicepresidente Manuel Gutiérrez Mellado.

Lo sobrevenido en las horas siguientes ha sido profusamente narrado en libros, documentales e investigaciones académicas, aportando cada trabajo su lote de matices y puntualizaciones. Ninguno de ellos pone en cuestión las actuaciones de Tejero aquel día. Sin embargo, el interesado -que siempre se negó a escribir sus memorias- mantuvo cierto halo de ambigüedad sobre el objetivo final de la intentona: en sus escasas confidencias nunca aclaró si actuaba a favor de un «Gobierno de salvación nacional» presidido por el general Alfonso Armada o pretendía contribuir a un golpe militar de corte clásico.

Lo cierto es que cuando Armada, durante la interminable noche, le sometió la lista de sus hipotéticos ministros, frunció los ceños. Después, según pasaban las horas y el éxito de la ilegal empresa se alejaba, empezó a negociar su rendición: pretendió que se desarrollara con arreglo al honor militar. Así sucedió. Mas lo que se desprende de los documentos desclasificados estos días, justo cuando agonizaba, no le deja en muy buen lugar: 'tonto' o 'desgraciado' son los epítetos que pronunció reiteradamente su mujer durante la fatídica noche. Añadió: «Le han dejado tirado como una colilla».

En el juicio fue condenado a treinta años de reclusión por un delito de rebelión militar consumado, con agravante de reincidencia, con pena accesoria de pérdida de empleo (es decir, la expulsión de la Guardia Civil y la pérdida del grado) e inhabilitación durante el tiempo de la condena; cumplió condena inicialmente en la prisión militar del castillo de la Palma en Mugardos, y posteriormente en el castillo de San Fernando en Figueras, en Alcalá de Henares y en la prisión naval de Cartagena. Le fue concedido el tercer grado en 1993 y la libertad condicional en 1996, siendo el último de los implicados en la intentona en salir de la cárcel.

Esto último no importó mucho a Tejero: por sus convicciones y falta de arrepentimiento, obviamente, pero también porque antes de la intentona ya acumulaba un largo historial de arrestos por indisciplina. El más publicitado fue a consecuencia de su implicación en la Operación Galaxia, el primer proyecto golpista bien tramado tras la muerte de Francisco Franco. Otro, fruto de un arrebato de honor, se debió a su negativa a enterrar, casi a escondidas, a un guardia civil asesinado por la banda terrorista ETA.

Tejero, cuya carrera anterior a 1981 transcurrió en diversos puntos de la geografía española, se centró, tras agotar su condena, en la pintura, dividiendo su existencia entre Madrid y la costa malagueña. De vida pública, casi nada, salvo su presencia en un funeral en memoria de Carmen Franco Polo y en la inhumación de los restos de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio, después de la exhumación del Valle de los Caídos. Tejero se lleva muchos secretos a su propia tumba.

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