Fernando Basail Larrañaga
Fernando Basail Larrañaga (1943-2026)
De gran influencia en la hípica española
Fue dos veces campeón de España militar de saltos y primer entrenador de la Infanta Elena
Coronel de Caballería que sirvió en la Guardia Real, en el plano de la hípica fue jinete de competición, entrenador y directivo.
El coronel de Caballería Fernando Basail Larrañaga destacó en varias facetas de la hípica española contemporánea, en paralelo, y a veces en simbiosis, con su carrera en el Ejército de Tierra. Como jinete, tal y como informa la página web Ocio Ecuestre, «se proclamó campeón nacional en 1980 con Munibe y repitió el título en 1985 junto a Lys de Marais. A estos triunfos sumó la medalla de plata en 1979 y la medalla de bronce en 1983, consolidándose como uno de los jinetes militares más destacados de su época».
Añade la misma publicación que «también representó a España en los Campeonatos del Mundo Militares celebrados en Roma en 1982 y Mafra en 1984, además de formar parte del equipo de la Yeguada Militar que conquistó la medalla de oro en el Campeonato de España de Yeguadas de 1978». A principios de la década de los 90, el coronel Basail Larrañaga seguía compitiendo.
Su segunda faceta fue la de gestor hípico y profesor. Impartió la docencia en la Escuela de Equitación Militar, sirvió como oficial en la Guardia Real y desempeñó el cargo de Jefe de la Unidad Técnica en la Cría Caballar, dependiendo de su autoridad departamentos estratégicos como el de Depósitos de Sementales, las Yeguadas y el Centro de Entrenamiento. Precisamente, fue el primer responsable de la formación hípica de Su Alteza Real la Infanta Doña Elena y entrenó al equipo español juvenil.
La trayectoria del coronel Basail Larrañaga, que igualmente colaboraba con análisis en Ecuestre, se completó con su papel como primer presidente –hasta 2012– de Ancades, acrónimo de Asociación Nacional de Criadores del Caballo Español, entidad cuyo objetivo es «impulsar la cría del Caballo de Deporte Español para así poder contar con nuestros propios caballos para integrarlos en los equipos nacionales, algo que ocurre en todos los países que son importantes hípicamente y que sus resultados se reflejan en la alta competición».