04 de diciembre de 2021

Ramón Pérez-Maura
HorizonteRamón Pérez-Maura

El Colin Powell que yo conocí

Enunció la Doctrina Powell: la guerra debería ser el último recurso, con objetivos claros, fuerte apoyo de la opinión pública y una acción determinante. Eso fue lo que él hizo durante la Primera Guerra del Golfo en 1991

La muerte de Colin Powell representa la pérdida de uno de los militares y políticos más excepcionales de la historia de los Estados Unidos. Un hijo de inmigrantes jamaicanos que nació el 5 de abril de 1937 en el Harlem neoyorquino y creció, a partir de los 6 años, en el Bronx. Cuando se convirtió en oficial del Ejército de los Estados Unidos todavía estaba vigente la segregación y ni con su rango militar era admitido en algunos restaurantes.
Tuve el privilegio de entrevistar tres veces al general Powell mientras era secretario de Estado. Una en Múnich, otra en Madrid y la tercera en Londres. Siempre hablaba con seguridad y tenía una gran capacidad para seducir a sus interlocutores. Una voz grave y una mirada penetrante. Fue tan popular en su país que dos presidentes distintos le otorgaron la Medalla Presidencial de la Libertad.
Él llegó a sostener una teoría de la confrontación bélica que sería conocida como la Doctrina Powell: la guerra debería ser el último recurso, con objetivos claros, fuerte apoyo de la opinión pública y una acción determinante. Eso fue lo que él hizo durante la Primera Guerra del Golfo en 1991 cuando era jefe del Estado mayor del Ejército y tuvo que dirigir las operaciones Escudo del Desierto y Tormenta del Desierto. Pero esa misma Doctrina Powell le llevó a oponerse a la intervención de Estados Unidos en Bosnia-Herzegovina cuando se pretendía parar la «limpieza étnica» de los serbios contra los musulmanes: «Tan pronto como me dicen que es una acción limitada quiere decir que no les importa si consiguen un objetivo o no. Tan pronto como me dicen que es “quirúrgico” salgo corriendo hacia el bunker», declaró al New York Times en 1992. La Doctrina Powell pasó a formar parte de la Estrategia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos ese mismo año.
Colin Powell con el autor

Colin Powell con el autor

Su carrera militar empezó en Vietnam, donde sirvió dos veces y fue herido otras dos. En su segundo destino allí sobrevivió a un accidente de helicóptero y fue condecorado por volver una y otra vez a recoger víctimas atrapadas en el helicóptero en llamas.
Su acercamiento al mundo de la política siempre fue en el ámbito republicano. Algo muy inusual en un ciudadano negro. Durante la Presidencia de Ronald Reagan fue ayudante militar del secretario de Defensa Caspar Weinberger entre 1983 y 1986 y le rozó el escándalo Irán-Contra, pero nunca fue procesado por él. Después sería Consejero de Seguridad Nacional durante el último de los ocho años de mandato del Ronald Reagan, el más grande. Y en 1989, con sólo 52 años, fue nombrado jefe del Estado Mayor Conjunto, durante la Presidencia Bush padre. Powell es el ser más joven en ocupar esa posición hasta el día de hoy.
Sería el primer ciudadano negro en convertirse en secretario de Estado de los Estados Unidos durante el primer mandato de George W. Bush. A él le correspondió dirigir la ofensiva diplomática tras el 11-S y promover una respuesta rápida contra Al Qaeda. Tuvo un muy estrecho entendimiento con Ana Palacio, que era su contraparte en el Gobierno de España y cuando pasaba por Madrid, Palacio le ofrecía cenas en su domicilio. Powell defendió en Naciones Unidas la amenaza de las armas químicas de Irak que después no se encontraron. Era indiscutible que esas armas existieron porque habían sido empleadas contra miles de kurdos iraquíes tras la guerra Irak-Irán. Y tampoco tenía sentido que si ya no existían Sadam impidiese las inspecciones. Pero lo cierto es que no se encontraron.
Tras la Presidencia Bush, Powell, un republicano centrista, apoyó la candidatura del demócrata Barak Obama y en las últimas elecciones la de Joe Biden porque Donald Trump era la antítesis de lo que Powell entendía que debía ser un servidor público.
La Covid se ha llevado a un gran soldado que ganó todas las batallas que libró, pero no la que antes o después perdemos todos: la de la supervivencia.

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