30 de enero de 2023

La calle sigue siendo ese territorio urbano donde tantas vidas se cruzan, donde nuestra propia vida es cruzada por tantas circunstancias. La calle es olvido, recuerdo, vida y muerte, amor, infancia… Nuestra existencia, en realidad, siempre está vinculada a alguna calle. Por eso, denominarlas como hacemos por esta geografía, con nombres y no con números, es algo que les otorga todavía más personalidad a esos metros cuadrados territoriales que actúan de cordón umbilical con el pueblo donde nacimos o con la ciudad donde crecemos. Traigo esta reflexión hasta aquí para aplaudir la carta ejemplar que el acalde de Camporredondo, provincia de Valladolid, don Javier Izquierdo, ha escrito al Senado en respuesta a una demanda que la Cámara Alta le hacía por mantener en el callejero el nombre de Calvo Sotelo. Está tan bien explicado en esa carta que no me voy a detener en la argumentación. Tan solo un dato: tanto José Calvo Sotelo, asesinado por un socialista días antes de la Guerra Civil, como Leopoldo Calvo Sotelo, presidente del Gobierno democrático de España entre 1981 y 1982, pueden dar nombre a cualquier calle de un municipio español, ya que ninguno está afectado por la insidiosa y antidemocrática Ley de Memoria Histórica. Por eso propongo a todos los alcaldes que todavía puedan, que le dediquen una calle a cualquiera de los dos Calvo Sotelo. Ambos tienen méritos más que suficientes para ello. Leopoldo, además, nos metió en la OTAN, sin lo que nunca hubiéramos entrado en la UE; bajo su Presidencia se juzgó a los participantes del 23F y puso en marcha la LOAPA, ley de armonización del proceso autonómico, que nos hubiese ahorrado muchos de los disgustos que hoy padecemos. Y aún más, su gestión es la que permitió que en España pudiese gobernar un partido socialista. Parecerá algo normal, sobre todo ahora que nos gobierna una coalición social-comunista, pero entonces no era tan sencillo. En definitiva, mi propuesta en el día de hoy es que le dediquen una calle a Calvo Sotelo para poner en valor la dignidad y la decencia de este país llamado España.
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