28 de mayo de 2022

Pecados capitalesMayte Alcaraz

Camisa coral y cara de cemento armado

Sánchez ya tiene un álbum de dislates fotográficos que nada tiene que envidiar al de Jesús Gil en la piscina rodeado de 'mama chichos'

Si a Biden le impresionó aquel pelma que le abordó por un pasillo en la OTAN, a Putin le tiemblan las piernas desde que ha recibido la quintaesencia del ridículo en una foto. En ella se ve a un señor, con camisa color coral tejida probablemente a destajo por los desheredados de la tierra a los que dice defender, mirando a la cámara bajo seis o siete capas de maquillaje y una expresión que parece concluir: ya he arreglao yo lo de Ucrania.
El de la espontánea foto es Pedro Sánchez Castejón; el presidente del Gobierno de España que más hace de cuñado por segundo desde tiempos de la Transición. Ya tiene un álbum de dislates fotográficos que nada tiene que envidiar al de Jesús Gil en la piscina rodeado de mama chichos. A la de Top Gun en el Falcon y la comentada con el presidente americano, hay que sumar la penúltima de este pasado verano en La Mareta, en alpargatas, cuando Occidente abandonó Afganistán y él se quedó en la tumbona repanchingado y sus propagandistas le animaron a simular que seguía la crisis internacional.
Pero tenía que llegar el colmo del autobombo y la impudicia. Y la agencia Efe nos la sirvió este fin de semana, con risible instantánea del jefe del Ejecutivo, aclarando además que Sánchez estaba siguiendo «muy de cerca» la amenaza de Moscú a la soberanía de Ucrania. Es tal el desinterés o desprecio del presidente del Gobierno por nuestra imagen internacional y por la diplomacia de la cuarta economía del euro –la nuestra– que las usa como reclamo de marketing, al estilo de El Corte Inglés con sus «Ocho días de oro».
Vladimiro, que se curtió en la KGB, sabe ahora mismo que tiene los días contados con este Adenauer coralino que le advierte, con la cartera de presidente del Gobierno por delante, quién manda en la escena internacional. El nuevo «líder del mundo» ya tiene todos los avíos para dirigir los designios del planeta. Un Falcon, que ríete tú del Air Force One; unos socios internacionales de ejemplaridad democrática intachable, como Maduro y Ortega; un sentido de Estado cincelado a base de acuerdos con proetarras e independentistas; una visión estratégica internacional fusilada para su tesis doctoral; una Kamala Harris Montero que se curtió en la Escuela Diplomática del supermercado y un ministro de Consumo aliado de nuestros rivales en el comercio internacional. Qué puede salir mal en el este de Europa.
El reino de Sánchez (él cree que es suyo) no es de este mundo: ni de Castilla y León, donde teme que le den para el pelo, ni de los autónomos ni de las víctimas de ETA ni de los catalanes abandonados por su Gobierno. Su reino va más allá: la grotesca nimiedad de la sinsustancia. 
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